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Fences (****): El actor ennoblece el texto, y viceversa

Magníficos diálogos, poderosa historia familiar, matrimonial, de relación mareante, lúcida y polémica entre padre e hijos, y magníficamente empastada en un entorno social, racial, pasional

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El más grande teatro contiene la más grande escritura y para trasportarlo al barril del cine nunca es un desacierto el no dejarse ni una gota de su líquido literario. Denzel Washington vierte al completo la obra del dramaturgo August Wilson en esta intensísima película que también protagoniza, tal y como ya hizo en la escena de Broadway.

Magníficos diálogos, poderosa historia familiar, matrimonial, de relación mareante, lúcida y polémica entre padre e hijos, y magníficamente empastada en un entorno social, racial, pasional…, y todo ello grapado con las mejores interpretaciones del año(s) por un enorme Washington y por una Viola Davis llena de carne, corazón y huesos.

La puesta en escena huele a tablas, sí, pero el conflicto es tan humano, tan corriente y tan intenso que se agradece enormemente que la cámara de Denzel Washington (eficaz en su discreción y atenta al primer plano) no le discuta el papel protagonista a la gran literatura ni a la poderosa trama.

Afroamericanos con garra y complejidad de clase y de raza, atrapados en su hogar (barrio, sociedad) y pendientes de la construcción de una (otra) valla separadora y segura, una especie de «leit motiv» (como el béisbol) de causa pendiente de ese hombre honrado, estricto y con unos principios educacionales y vitales basados en la fuerza, la lucha y la responsabilidad, todo lo cual choca (o viene a chocar) con los dilemas cotidianos, como la manutención, la edad, la fidelidad, la integridad laboral y personal…, un tipo complejo, contradictorio, comprensible y que borda desde su primera escena como basurero (sólo la elegancia interpretativa de Washington es capaz de ajustar con tanta minuciosidad su físico al personaje) que ha de ir reciclando como puede la cochambre existencial.

Hay momentos de brutal tensión dramática, y escenas en las que la interpretación de ellos, de ella, Viola Davis, glorifican la profesión de actor. Como función es insuperable y húmeda, y tal vez es cierto que entra más por los oídos que por los ojos, pero aloja dentro varias ideas sobre el oficio de ser padre (también hijo) tan centradas como extremas.

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