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FESTIVAL DE CANNES

Michel Hazanavicius borda el retrato de Godard en «Le redoutable»

La segunda de Netflix, «The Meyerrowitz stories», es un festín interpretativo entre Sandler, Stiller y Hoffman

Ben Stiller, Dustin Hoffman y Adam Sandler, ayer en Cannes
Ben Stiller, Dustin Hoffman y Adam Sandler, ayer en Cannes - Afp
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Estamos, sin duda, en la edición de los mil detalles del Festival de Cannes, en la que ninguna película comienza a su hora; en la que, como acaba de ocurrir, una mochila amenazante y solitaria hizo desalojar casi todo el Palais del Cine y retrasar más de una hora la proyección de «Le redoutable», de Michel Hazanavicius, sobre los perfiles más romos de Jean-Luc Godard; en la que se vuelve a proyectar una película de Netfilx en competencia por la Palma de Oro, «The Meyerowitz stories», de Noah Baumbach… Una edición para la que hay que tener una paciencia especial, pues «la gran obra» no acaba de llegar y la sensación de incomodidad (larguísimas esperas, intensas medidas de seguridad, militares vestidos de camuflaje y armados como para una peli de Schwarzenneger…) no acaba de irse.

A pesar de la capacidad de Netflix para absorber todas las miradas de esta rara edición, la película de Noah Baumbach tuvo que cederle el primer plano a la de Michel Hazanavicius, a mi modo de ver la más lograda de las vistas hasta ahora. Hazanavicius proyecta todo su talento sobre la figura de un Jean-Luc Godard visto por su ex mujer (la autobiografía escrita por Anne Wiazemsky, «Un año ajetreado») y ciñéndose al tiempo que vivieron juntos, desde que rodaron «La Chinoise» y toda la época maoísta y sesentayochista de Godard. El actor Louis Garrel encarna con enorme gracia todas las contradicciones artísticas, ideológicas y amorosas del director suizo, y ofrece su perfil más frágil (le rompen las gafas continuamente) pero también su más arisco, sectario y plasta, y deja de él esa perfecta impresión de «gilipollua» que se ganó a pulso.

Hazanavicius se divierte a costa del estilo de Godard, usa y mezcla elementos visuales y diversos materiales para dar una impresión godardiana, con mucha frase, mucho cartel, imagen como de archivo, momentos gloriosos (¡qué bueno cuando Bertolucci lo manda a hacer gárgaras!)…, y transmite el sabor de boca de la época con gran sentido del humor con burbujas, pero también la amargura de algo (el romance, la ilusión) y alguien (ellos, la pareja) que ves como pierde color y frescor. Tan alegre, pues, como triste.

No es fácil que esta película enamore a Godard (al fin y al cabo es la impresión a toro pasado de una mujer desenamorada), pero tiene muchos puntitos de colores como para que el jurado se fije. La de Noah Baumbach, «The Meyerowitz stories», ya sabemos que cuenta con ese incierto impedimento para ganar el premio por ser película que se estrenara en televisión, y no en sala, pero tiene unos diálogos lucidísimos y unas interpretaciones llenas de eso que los americanos llaman «timing» de Adam Sandler, Ben Stiller, Dustin Hoffman, Emma Thompson… Es una historia familiar y policromada alrededor de un viejo artista, un escultor, y sus hijos «esculpidos» en sus diversos matrimonios y sus agotadoras relaciones.

Filmada con gusto en forma de estampas que nos permiten conocer el paño y los bordados, con buenos momentos de humor y tensiones. La impresión es que tampoco le hará desdecirse a Pedro Almodóvar de su intención confesada a destiempo de no premiar películas que aún no había visto.

Fuera de la competición, en Un Certain Regard, pudo verse algo insólito: una actriz española, Emma Suárez, en una película titulada «Las hijas de Abril», del mexicano Michel Franco, una desconcertante historia entre madre e hijas que tiene la virtud de arrancarle al «angel face» de Emma Suárez un perfil desconcertante: maldad. Como siempre, la actriz está magnífica y consigue levantar un personaje insostenible y complejísimo a partir de que, madre amorosa, va a cuidar de su jovencísima hija embarazada y luego del bebé que asistirá alucinado, como el espectador, al caótico rumbo de los acontecimientos.