La acusada, en primer plano
La acusada, en primer plano - DE SAN BERNADO

Juicio a la auxiliar acusada de dos asesinatos: «Alguien de la habitación 528 va a morir»

Ese fue el anuncio de la acusada a la enfermera de su turno el día que falleció la última paciente el 2 de agosto de 2017 sin que tuviera ningún síntoma

MADRIDActualizado:

El testimonio de la auxiliar de clínica, Beatriz López Doncel, de 39 años, que justificó su actuación y proclamó su inocencia la víspera fue puesto ayer en entredicho. Lo hicieron el Grupo V de Homicidios encargado de investigar las «extrañas muertes» que se habían producido en el Hospital Príncipe de Asturias (Alcalá de Henares) y el personal sanitario que declaró en el juicio. La procesada está acusada por el Ministerio Fiscal de dos asesinatos cometidos el 29 de julio de 2015 y el 2 de agosto de 2017 al insuflar aire en las venas de las fallecidas, María Luisa Moragón de 92 años y Consuelo Doblado de 86, a punto de recibir el alta. «Tuvimos claro que la autora de la muerte de Consuelo era la última persona que la vio con vida y, a tenor de las imágenes de las cámaras, era López», manifestó el inspector jefe de la Policía.

Este precisó que su nombre salió a relucir c omo principal sospechosa en febrero de 2017 al comunicarle el juez que estaba de baja desde noviembre de 2015. Justo entonces se instaló el sistema de videovigilancia en el pasillo de la Unidad de Medicina Interna en la que trabajaba para ayudar a las pesquisas. Además, la procesada era la única de todo el personal que estaba presente en los tres casos que trataban de esclarecer, indicó.

Además del de Moragón que dio pie a las investigaciones, al ser comunicado al juzgado la supuesta etiología homicida del fallecimiento, indagaban también el caso de Ana Josefa López, de 79 años, que logró sobrevivir en diciembre de 2013 y el de otra mujer cuya familia no quiso que se le practicara la autopsia en julio de 2015. La investigación, tras haber estado en punto muerto, aceleró y concluyó tres meses después de que se diera de alta la auxiliar con el óbito de Consuelo. « No hay duda. Ella fue la autora, ya que cuando se inyecta aire en las venas la muerte es inminente», aseveró el responsable de visionar las imágenes. Un compañero presente en la autopsia reveló:«Las burbujas de aire se veían a simple vista en el corazón, el cerebro y en las venas», zanjó.

Su versión, en entredicho

La enfermera que atendió a Consuelo los últimos minutos de vida, dijo que al comenzar el turno, López le espetó: « Hay una mosca en la habitación 528, una expresión desafortunada que indica que alguien va el morir», sin que hubiera un motivo aparente. Negó que la anciana estuviera agitada, febril, que roncara o hiciera ruido, como sostuvo la acusada. «Me miraba. Solo me miraba y yo sabía que estaba muy grave», indicó con la voz entrecortada. También desmintió que la acusada llamara a los médicos y que al retirarle el apósito de la vía no sangrara. «Sí lo hizo», aseveró, tajante. Otras compañeras precisaron que nunca se les asigna a los pacientes por sorteo y que tienen siempre los mismos.

El doctor José Alberto Arranz, tras atender a Moragón, manifestó que nada hacia prever su fatal desenlace, lo mismo que con Doblado. « Pincharon a la primera en el brazo y salió aire, igual que en la yugular. El TAC determinó que la causa de la muerte de ambas fue la entrada masiva de aire vía intravenosa. No hay una explicación médica para eso».

El facultativo expresó su sorpresa al ver que la imputada en el caso de 2015 c ogió el respirador y empezó a maniobrar con el aparato, una labor que le corresponde a una enfermera. Y que antes de saber el origen del aire, López contestó que podía deberse a las maniobras de reanimación. La víspera dijo que no sabía que era una embolia gaseosa masiva ni que inyectar aire en las venas causaba la muerte.

«Las víctimas emporaban cuando no había nadie en la habitación. Y sus compañeras estaban demenciadas por lo que no podían defenderlas ni hablar», testificaron sus compañeros

Sobre sus desavenencias con López, que algunas acusaciones apuntan como móvil por los deseos de perjudicarle de la encausada, dijo no tener constancia de ello. «Al contrario, hubo una época en la que se quedó más delgada y yo le preguntaba», replicó.

Cuando fue detenida, la auxiliar se comportó como si no le diera importancia al asunto. «No sabía la que se le venía encima», aseguró el agente que se encargó de ella.

El fiscal pide 40 años de prisión por los dos asesinatos y dos acusaciones, entre ellas la popular del Defensor del Paciente, la prisión permanente revisable por la vunerabilidad de las víctimas.

«Siempre estaban solas en la habitación cuando entraban en parada. Y sus compañeras estaban demenciadas o con alzheimer», precisaron los sanitarios que declararon, aludiendo a que ni las víctimas ni las otras pacientes podían defenderse o hablar.