Primer plano de la procesada, ayer, en el juicio
Primer plano de la procesada, ayer, en el juicio - DE SAN BERNARDO

La auxiliar acusada de dos asesinatos: «Tengo la conciencia muy tranquila; no he matado a nadie»

Las acusaciones sostienen lo contrario. «Su móvil fue la animadversión que sentía hacia un médico al que quería perjudicar», dice una

MadridActualizado:

Se pasó media sesión sollozando. Fue al final del interrogatorio cuando proclamó su inocencia. Se llama Beatriz López Doncel, tiene 39 años y es la auxiliar de enfermería acusada por el Ministerio Público de asesinar a dos pacientes, de 92 y 86 años, al inyectar aire en sus venas en el Hospital Príncipe de Asturias (Alcalá de Henares) en 2015 y 2017, respectivamente, cuando iban a ser dadas de alta. Por ello, el fiscal solicita 40 años de prisión. «Nunca. No sería capaz de quitarle la vida a nadie, ni siquiera por lástima», negó, a preguntas del abogado de la segunda fallecida, sobre si lo hizo por compasión. Apenas se la reconocía. Vestía jersey negro y llevaba el cabello sin teñir, recogido en una coleta.

En la primera sesión del juicio con jurado popular que comenzó ayer en la Sección Tercera de la Audiencia Provincial, la procesada empezó con voz tímida a responder a las preguntas del fiscal para terminar, arrogante, ante las acusaciones y afirmar que era una víctima que había sacado adelante a su hija sola con la única ayuda de su «trabajo en el hospital, limpiando y cuidando a ancianos por las noches». Alegó que la muerte de su abuela, que la crió («mis padres trabajaban») la afectó mucho: «Duró 13 años en vez de seis meses». López se preparó muy bien su declaración. Incluso se adelantó a responder a su abogado. «Me he dejado la piel en el centro doce años. Tengo la conciencia muy tranquila. Llevo un año y diez meses en prisión sin pruebas», dijo del tirón.

Sin embargo, para la Fiscalía y las acusaciones no es así. Aludieron a las grabaciones que la sitúan entrando y saliendo de la habitación de la última fallecida, Consuelo Doblado, de 86 años, «sin tener un cometido definido», a los informes forenses, de peritos, testigos, al TAC que realizaron a las fallecidas, entre ellas a María Luisa Moragón (el primer crimen que se le imputa), y a otros indicios inculpatorios. Como el ser la única de todo el personal de Medicina Interna que estaba de servicio en todos los casos y que durante su baja, de diciembre de 2015 a mayo de 2017, no sucedió nada raro.

La acusación popular, ejercida por la Asociación del Defensor del Paciente, le imputa también tentativa de homicidio. El de Ana Josefa López, de 79 años, el 1 de diciembre de 2013, quien, pese a entrar en coma, logró sobrevivir. Este abogado, que defiende a nivel particular a esta anciana, solicita la prisión permanente revisable, dada la vulnerabilidad y la indefensión de los pacientes. E insistió en la premeditación y reiteración de los hechos. Afirma que pudo haber otras cinco muertes más.

Pérdida de conciencia

Antes de los supuestos crímenes, hubo intoxicaciones por benzodiacepinas en enfermos que no tenían esa pauta. «Ante esos hechos inexplicables, el juzgado de Instrucción número 4 de Alcalá empezó a investigar y se instalaron cámaras en el servicio en el que trabajaba ella, pues a raíz de la muerte de Moragón se convirtió en sospechosa», recalcó el letrado de Doblado. «Aunque la grabación no refleja lo que sucede dentro de la habitación, hay que hacer las deducciones lógicas», concluyó.

La procesada incurrió en contradiciones en su declaración. Primero dijo que se enteró en el juzgado de que inyectar aire en las venas causaba la muerte, a pesar de que las hubo en su plantaLuego explicó que al retirarle la vía de la mano a Consuelo, la segunda fallecida, sangró «lo que no encaja con una embolia gaseosa»

El abogado de Moragón insistió en que López tenía un móvil «espúreo» para matar. «Fue por animadversión hacia un médico, lo hizo para perjudicarle», afirmó. Preguntó a la encausada por la ingente cantidad de jeringuillas halladas en su casa. «Eran de distinto tamaño, para el jarabe de mi hija y para curar un hongo que tuve en el dedo de un pie. No son las que se usan para vía intravenosa», afirmó. Sin embargo, en su declaración judicial dijo que las segundas eran para cocinar. Las cámaras la grabaron sustrayéndolas, tal y como indicaron las fuentes en su día. Y la procesada insistió: « Una auxiliar no usa jeringuillas ni elementos cortantes. Su labor es dar de comer, el aseo y la limpieza».

López explicó que no conocía a los pacientes, que les eran asignados por sorteo y que no era la única que entraba y salía de las habitaciones.«Debaja siempre la puerta abierta». Y, en cuanto a Doblón, dijo: «Estaba de espaldas, roncaba o agonizaba, no sé, cuando le puse el termómetro. Vi que tenía fiebre y se lo dije a la enfermera», resaltó.

También precisó que no sabía que insuflar aire en las venas provocara la muerte, a pesar de los casos que se habían dado en su planta: «Me enteré en el juzgado». Se contradijo al aseverar que al retirarle el apósito de vía a la fallecida, sangró: «Algo que no sucede en las embolias gaseosas». Y dejó caer que antes que ella entró en la habitación una chica con coleta, desconocida, tratando así de culparla de lo ocurrido.