Pedro Sánchez durante su comparecencia de ayer - Jaime García

Sánchez va a las urnas por la fractura en la derecha y no descarta pactar con separatistas

Los acuerdos tras las elecciones del 28 de abril preocupan al PSOE de cara al 26-M

MadridActualizado:

Pedro Sánchez y su equipo están convencidos de poder ganar las elecciones generales del próximo 28 de abril «de forma rotunda». Ese y no otro es el motivo por el que el presidente del Gobierno decidió anticipar las elecciones, algo que nunca quiso hacer pero que quienes trabajan con él aseguran que contemplaba desde que en diciembre decidió que presentaría los Presupuestos Generales del Estado pese a no tener, como quedó constatado, garantías para su aprobación.

La decisión y la fecha de las elecciones se cerró el lunes en un encuentro del núcleo duro del presidente del Gobierno. Se llegó a ella tras discrepancias internas que abogaban por adelantar la fecha y otras por unirlas a las elecciones de mayo. Sánchez no justificó ayer más que «es mejor no mezclar» las elecciones. En esto último coincide, sin que sirva de precedente, con presidentes autonómicos como Javier Lambán y Emiliano García-Page, que no querían bajo ningún concepto la coincidencia electoral. Sánchez defendió que el 28 de abril le parece «una buena fecha», pese a que gran parte de la campaña electoral se desarrollará durante la Semana Santa.

Sánchez, que hasta diciembre barajó gobernar sin Presupuestos, ayer se amparó con ironía en la ausencia de los mismos para justificar el adelanto electoral: «Llámenme clásico, pero sin Presupuestos no se puede gobernar. España no merecía quedar varada por los intereses particulares de quienes solo tiran de crispación para hacer oposición».

Las tres derechas

Como reconocen en el gabinete del presidente, en Moncloa están seguros de haber conseguido «el relato» que Sánchez llevaba buscando desde su llegada a la presidencia del Gobierno. Y este no es otro que el de explotar hasta la saciedad una idea: «la foto de las tres derechas» de la plaza de Colón. Ayer Sánchez convirtió el anuncio de la fecha de las elecciones en un acto de campaña y aseguró que «es evidente que la derecha, con sus tres partidos, defiende un tipo de España en la que no cabemos muchos, solamente caben ellos».

Ese será el primer eje de campaña. El otro es asociar a estos con los independentistas por haber tumbado los Presupuestos Generales del Estado. «El presupuesto es una propuesta de país: teníamos que presentarlos. Lo hicimos y no salieron adelante: hay derrotas parlamentarias que son victorias sociales. La ciudadanía ha visto lo que queríamos para este país». El relato victimista que también le funcionó en las primarias de su partido tras ser defenestrado el 1 de octubre de 2016 vuelve a cobrar protagonismo. «Votan no a la tramitación de unos PGE sociales después de 7 años de injusticia social, austeridad y recortes. Unos Presupuestos buenos para los españoles y para todos los territorios de nuestro país bloqueados porque así lo ha querido la oposición».

Instantes después de acusar a la oposición de «haber utilizado las instituciones con intereses partidarios», Sánchez usaba su atril presidencial para hacer campaña. Primero se centró en aquellas cosas que no ha logrado sacar adelante y que presentó como oferta electoral: la eutanasia, la brecha salarial, la pobreza energética o la derogación de la ley mordaza. Y siguió recordando tres medidas a modo de gancho electoral que no decaerán pese a la no aprobación de los Presupuestos: «La revalorización de las pensiones, el alza del salario mínimo y el aumento del sueldo de los empleados públicos están garantizados. Este es el compromiso del Gobierno y vamos a cumplir».

Los cálculos de Sánchez

Sánchez tiene montado todo un equipo de análisis electoral bajo su mando en Moncloa. Los socialistas en estos momentos contemplan que ganarían las elecciones generales y manejan datos que los situarían «por encima» de los 110 escaños. Y aunque este equipo no fue capaz de leer lo que iba a suceder en Andalucía, ahora están convencidos de que serán la primera fuerza por la fractura a su derecha entre PP, Ciudadanos y Vox. Es más, desde el entorno del gabinete se mostraban ayer convencidos de que «las derechas no suman, y a partir de ahí el único presidente posible es Sánchez».

Pero pese a esas afirmaciones Sánchez es consciente de que lograr una suma para gobernar será mucho más difícil que una eventual victoria electoral. Por eso evita descartar ninguna fórmula, ni mucho menos la que le hizo presidente a través de la moción de censura. Preguntado por esos futuros, sobre si está dispuesto a reeditar su pacto con Podemos y los independentistas o sobre si giraría hacia Ciudadanos si lo necesita: «¿Por qué no dejamos primero que hablen los españoles?», dijo como única respuesta.

Apenas una semana después de haber estado dispuesto a pactar con los independentistas una mesa de partidos con un relator, Sánchez quiere explotar el no acuerdo de los Presupuestos para intentar dar la vuelta a la imagen de haber cedido ante ellos, por lo que exhibirá un tono más duro en su contra: «Dentro de la Constitución todo, fuera de la Constitución nada», repitió ayer.

Elecciones autonómicas

Esta cuestión será crucial de cara al día después. Los presidentes autonómicos, conformes con no ir juntos a las urnas pero preocupados porque sus campañas coincidan con las primeras negociaciones, temen verse salpicados por un nuevo acuerdo con los independentistas. El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, valoraba la situación así: «Lo que ha puesto fin a esta legislatura ha sido el intento de autodeterminación de los independentistas catalanes», con lo que quería advertir que con ellos no se puede gobernar. En la misma línea que el presidente de Aragón, Javier Lambán, que ya apostó en la víspera por «grandes acuerdos» para que que la gobernabilidad de España no dependa «del separatismo catalán ni de la extrema derecha».

El mandato de Sánchez se ha quedado en un amago. En un quiero y no puedo. Ni adelantó las elecciones nada más llegar a la Moncloa cuando podía tener todo a favor y se lo sugerían algunos de sus colaboradores ni ha logrado estirar su mandato hasta el final. Lo mismo ha pasado con sus medidas estrellas, anunciadas a bombo y platillo pero que no han visto la luz. Ahora se lo jugará todo a una carta en un incierto panorama electoral que no promete sacar a España de la inestabilidad. Sánchez se juega su futuro y con él el de todo el PSOE.