La Policía desaloja a los peatones de las Ramblas el 17 de agosto de 2017, el día en el que el yihadismo sembró de terror Barcelona - INÉS BAUCELLS / Vídeo: Más de 200 afectados por los atentados del 17A reclaman ser reconocidos como víctimas
Atentados de Barcelona y Cambrils

La investigación zanja que la célula del 17-A «actuó sola, sin ninguna conexión exterior»

El Centro de Inteligencia contra el Terrorismo certifica que no hay más que indagar: «Se da todo por terminado»

MadridActualizado:

«Ni en el plano organizativo ni en el logístico ni en el operativo ni en ningún otro hay una conexión estructurada tangible de los integrantes de la célula con grupos u organizaciones ligadas a la yihad, esto es a Al Qaeda o el Daesh. No hemos detectado que haya habido una colaboración en el ámbito internacional ni se va a detectar, porque si esa información no se ha conseguido ya con lo que se ha investigado, no se va a avanzar más. A día de hoy ya no hay ninguna línea de observaciones telefónicas, de interceptación de comunicaciones... porque no hay objetivo. No hay continuidad, se da todo por terminado». Quien habla es Teodoro Gómez, jefe de la División Antiterrorista del Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado, (Citco), la institución dependiente de la Secretaría de Estado de Seguridad a la que el juez Fernando Andreu encomendó centralizar toda la información que fueran obteniendo Policía Nacional, Guardia Civil y Mossos, y coordinar sus actuaciones en relación a los atentados de Barcelona y Cambrils de 2017.

También es tarea de esta institución formular las conclusiones de la investigación, entre las que finalmente se incluye la certeza de que los miembros de la célula del 17-A actuaron solos. No recibieron ayuda de ninguna naturaleza del exterior, prepararon los ataques en el chalet de Alcanar –y la masía abandonada de Tarragona en la que se halló documentación de algunos de ellos– y no tuvieron más adoctrinamiento ni activación que la que procedió del imán de Ripoll, Abdelaki Es Satty, muerto en la voladura de la casa. «Estamos convencidos», resuelven.

Ignorantes

Se ha verificado además que «ninguno estuvo jamás en zona de conflicto», entendida como los territorios de Siria e Irak que estuvieron bajo el yugo del falso califato pero también los campos de entrenamiento de Pakistán o Afganistán, que tampoco pisaron. Esa falta de formación es compatible con el accidente ocurrido en el chalet a causa de la mala manipulación de los componentes del explosivo, –TATP, bautizado «la madre de satán» por su potencia destructora–, que con toda probabilidad fabricaban ayudados por un tutorial. «Si hubieran tenido unas elementales nociones de lo que tenían entre las manos, no lo habrían hecho, pero eran ignorantes de aquello a lo que estaban jugando», sentencia la fuente.

«No hay a día hoy flecos pendientes –subraya Teodoro Gómez–, se trata de un grupo aislado que se inspiró en las llamadas a la yihad que veíAn en diferentes impulsores: redes de Telegram, los vídeos de Al Zarqawi, del líder del Daesh... pero sin que previamente haya existido una dependencia jerárquica de ningún tipo con ese mundo, ni siquiera les conocen». En este sentido, cabe recordar que la revista oficial de Daesh, «Rumiyah», reivindicó la masacre a los tres meses incurriendo en múltiples errores sobre lo ocurrido –decía, por ejemplo, que en las Ramblas se embistió a la gente con un camión– y ninguna aportación sobre la biografía de los terroristas, cuando en la cobertura de los atentados de París o Bruselas, el mismo medio reveló pormenorizadas biografías y fotos en combate de cada atacante, uno por uno.

Gómez recalca que, «en cuanto a vías de investigación, estos hechos se han explotado hasta la saciedad. Se llegó a lo que se llegó y no hay más flecos. Salvo que mañana, en el ámbito de otra investigación que no tenga nada que ver, apareciera una anotación... un registro... que les pusiera en relación».

No «guiados desde fuera»

Las afirmaciones en torno a presuntos vínculos de los integrantes de este grupo con actores yihadistas más allá de nuestras fronteras se produjeron desde el momento mismo de la masacre. Fueron pronunciadas fundamentalmente por altos cargos del entonces gobierno de Mariano Rajoy, que alimentaron el supuesto de que España había sido blanco expreso de las más altas iras de la nebulosa yihadista. En una entrevista con este diario, el propio ministro del Interior de la época, Juan Ignacio Zoido, declaró que los atentados «fueron guiados desde fuera».

Con lo que ha conseguido saberse en estos dos años, los investigadores no aciertan a decir qué elementos pudieron impulsar tal hipótesis, en la medida en que ningún hilo apuntaló nunca la posibilidad de una dependencia de la célula con respecto a una estructura superior.

Para zanjar este aspecto, los Cuerpos de Seguridad y la comunidad de Inteligencia involucrados en la investigación han trabajado con sus homólogos en numerosos países con los que España comparte información, pero de forma particular con los de Marruecos, Francia y Bélgica.

Como se recordará, a los días posteriores al doble ataque se remontan las revelaciones de que Driss Oukabir –la persona a cuyo nombre se alquiló la furgoneta que irrumpió en las Ramblas, hoy encarcelado– había pasado ese mismo verano 9 días en Marruecos, donde posteriormente serían detenidos un primo suyo en Nador, en Casablanca otro sujeto que había residido en Ripoll, y un tercer hombre que había vivido en Barcelona y planeaba atentar contra la embajada española en Rabat. Ningún interrogatorio ni pesquisa dio resultados, como tampoco las indagaciones sobre el tan analizado viaje a Francia once días antes de los crímenes de Younes Abouyaaquob –autor material del atropello múltiple de las Ramblas–, Omar Hichamy –abatido en Cambrils–, y Yousef Aalla –muerto en Alcanar–, durante el que fotografiaron la torre Eiffel, contra la que tampoco nada ha certificado que tuvieran intención de atentar, como sí llegó a publicarse. «No se ha llegado a establecer que quisieran llevar la acción», indican.

Desde el Citco, el jefe de su División Antiterrorista especifica que donde más tarea se ha desarrollado ha sido en Bélgica, donde el imán se hizo cargo a principios de 2016 de la mezquita Youseff, en Diegem, aunque tuvo que abandonar el país en marzo al no poder acreditar la buena conducta que se le exigía. Tres meses antes del atentado regresó a suelo belga y allí también estuvieron juntos Abouyaaqoub, Hychami y Aalla. Ninguna vía ha conducido a nada que pueda entenderse como jerarquías superiores a la célula o alguno de sus miembros.

El imán, el vértice del grupo

El imán se configura definitivamente como el vértice del grupo. Es el único, recuerda Teodoro Gómez, que presenta «alguna concomitancia con el entorno salafista, puesto que «de 2003 a 2005 comparte domicilio en Vilanova i la Geltú con otro miembro de la célula de la Operación Chacal», que en 2007 desmanteló una red dedicada a enviar individuos a Irak. Es Satty, concluye el Citco, fue «quien polarizaba, el que instiga y el que dinamiza a este grupo, que ya es proclive a actuar como actuó», aunque hasta entonces en sus respectivos currículos figuraban poco más de pequeños delitos, tales como robo, peleas o tráfico de drogas.

«Eran chavales desarraigados, desconectados de la cultura en la que se supone que debían haberse socializado y fruto de la labor de zapa mental que llevó a cabo el imán», resume el mando. Consumadas todas las pesquisas, también se ha llegado a la conclusión de que el objetivo del gran ataque que nunca pudieron perpetrar era la Sagrada Familia, en Barcelona, como dijeron los detenidos en algunos interrogatorios.