Chalé de Alcanar (Tarragona) que era base de operaciones de la célula yihadista
Chalé de Alcanar (Tarragona) que era base de operaciones de la célula yihadista - EFE

Se busca la conexión exterior que adoctrinó al grupo para el ataque

Preocupa lo sofisticado de los preparativos y la muy buena seguridad operativa del grupo

Madrid Actualizado: Guardar
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Seis meses de investigaciones tras los atentados de Barcelona y Cambrils de agosto pasado han servido para reforzar el convencimiento de que miembros de lo que luego sería la célula de Ripoll fueron «adoctrinados para ser capaces de pasar a la acción» por un elemento exterior instruido antes por Daesh. Pero no se consigue dar con ese eslabón. Fuentes de la lucha antiterrorista consultadas por ABC subrayan que la falta de datos al respecto abonaría hoy la «hipótesis más favorable para todos de que no existió tal contacto, de que el grupo nació, creció y se desarrolló aquí por sí solo». Aunque el grado de sofisticación de los preparativos obliga a pensar que no fue así, y que hay un agente, «que no hemos encontrado, porque –añaden– hay demasiadas cosas que no cuadran». «Es como buscar un elefante... tenemos la trompa, las orejas, las patas, pero no aparece», resumen.

Se rastrea en Europa, se ha descartado hacerlo en Marruecos y el resto del Magreb norte, y una de las razones por las que los Cuerpos de Seguridad y la comunidad de Inteligencia no renuncian a identificarle es porque la mera existencia de este maestro representaría el supuesto más peligroso: que esté ayudando a otras células locales a crearse.

Esta línea de investigación se ha privilegiado en tanto que «no hubo conexión» directa de los terroristas que actuaron en Cataluña «con el aparato de operaciones en el exterior» de Daesh, la temida unidad liderada por el influyente Abu Mohammed al-Adnani –el portavoz y «ministro de los atentados» de Estado Islámico– del que partieron las órdenes de masacres como la de París de 2015. No obstante, el último y violentísimo vídeo «nasheed» –con proclamas yihadistas cantadas– difundido en enero por lo que queda de la factoría mediática oficial Al Hayat utiliza imágenes de lo ocurrido en Las Ramblas junto a la de los mayores ataques islamistas perpetrados en todo el mundo.

Entre las cuestiones que con mayor fuerza inducen a pensar en que hubo una enseñanza cualificada que habrían recibido los jefes –Younes Abouyaaqoub y Mohamed Hichamy– está el modo de fabricación del TATP, el peróxido de acetona de alta letalidad llamado «la madre de Satán» y utilizado por Daesh en varios atentados en Europa. No se facilitan detalles sobre qué ha resultado tan revelador, más allá de que el explosivo «está hecho de un modo raro... y ninguno de los terroristas había estado en Siria», señalan las fuentes. Apunta a la ayuda de un preparador también «que llegaran a fabricar 100 kilos de TATP y tuvieran material para 150 kilos más, y que cuando estaban ya produciéndolo viajaran a París solo una semana antes del ataque…». «Han sido buenos, muy buenos en seguridad operativa».

Se refiere la fuente a cómo diversificaron sus bases de operaciones –el cuartel de Alcanar y el de Ripoll al otro lado de Cataluña, sin olvidar la masía de Riudacañas–, cómo eligieron alquilar los coches en lugar de robarlos y además «cómo fueron capaces de generar la propia célula con sus 10 miembros y poner en práctica la «taqiyya»; esto es, el principio que justifica pasar por alto los signos externos de fe en el Islam para no levantar sospechas en una sociedad occidental y, si se da el caso, atacarla desde dentro. Tampoco usaron redes sociales, ni intentaron comprar armas.

O eran muy listos o alguien les enseñó tantas habilidades juntas. Es la reflexión que se hacen los investigadores, que no ocultan que el grupo de Ripoll se considera «paradigma» de una nueva forma de células islamistas locales que están obligando a «cambiar la forma en que se trabaja sobre esta amenaza».