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El juez procesa a tres miembros de la célula yihadista que atentó en Cataluña en 2017

El magistrado sitúa la formación del grupo terrorista en 2015, con la llegada del imán a Ripoll

Madrid Actualizado: Guardar
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El juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu ha acordado este miércoles el procesamiento de tres miembros de la célula que cometió los atentados de Cataluña de 17 y 18 de agosto de 2017, aquellos que permanecen con vida y que se encuentran en prisión. La salvaje matanza terrorista acabó con la vida de 16 personas.

El magistrado ha cerrado la investigación y aprecia indicios suficientes para juzgar a Mohamed Houli Chmelal y Driss Oukabir por integración en organización terrorista, delito de fabricación, tenencia y depósito de explosivos y delito de estragos en grado de tentativa. Respecto al tercero, Said Ben Iazza, el magistrado le procesa por colaboración con organización terrorista.

El juez considera que los tres formaban parte de un grupo radicalizado cuyo objetivo era «llevar a cabo atentados contra los considerados "sus enemigos", es decir, el mundo occidental». La intención de la célula yihadista era cometer un atentado espectacular en Barcelona, con objetivos como la Sagrada Familia o el Camp Nou, pero la explosión de Alcanar precipitó una acción improvisada. Andreu no atribuye a los tres procesados los delitos correpondientes a los 16 asesinatos y los 140 heridos porque ninguno de ellos fue autor material ni participó en la acción final.

Imán de Ripoll

El relato de hechos del juez arroja luz sobre el origen del grupo terrorista, formado además de los procesados por los otros siete presuntos terroristas muertos en Cambrils, Alcanar y Subirats. Andreu explica que la constitución de la célula yihadista se produjo a partir del año 2015, cuando el imán Abdelbaki es Satty llegó a la localidad de Ripoll, después de estar encarcelado cuatro años en Castellón. El imán, que falleció en la explosión del chalé de Alcanar, la base de operaciones, sería el cabecilla y líder del grupo.

Al ejercer como imán de la mezquita «El Fath», hasta entonces el único oratorio de Ripoll, el imán se ganó la amistad y la confianza de tres jóvenes marroquíes, vecinos del pueblo ubicado en Gerona: Yousseff Alla, Younes Abouyaaquoub y Mohamed Hichamy, a quienes el magistrado ubica en el segundo escalón de la célula yihadista, en relación directa con el líder espiritual. Abouyaaquob fue al autor del atropello mortal con una furgoneta en La Rambla de Barcelona.

En un tercer escalón, actuando en función de las necesidades del grupo, se situaría Driss Oukabir, uno de los tres procesados. Oukabir siempre ha negado su vínculo con el grupo yihadista, algo a lo que no han dado credibilidad ni el juez ni la fiscal. La célula se completaba con El Houssaine Abouyaaqoub, Omar Hichamy, Moussa Oukabir, Said Alla y Mohamed Houli Chemlal, algunos de los miembros más jóvenes y muchos de los cuales fueron abatidos en el atentado de Cambrils. Todos ellos son de origen marroquí y pertenecen a tres amigos vecinas y amigas. Según el sumario, el ejemplo y la actitud de los hermanos mayores y los miembros más determinantes del grupo acabó por arrastrar a todos a la radicalización.

19 artefactos explosivos

El juez explica que «poco a poco» todos se fueron uniendo al resto «hasta conformar un grupo estructurado, en el que el imán Es Satty adoctrinaría en el yihadismo radical a Youssef Aalla, Younes Abouyaaqoub y a Mohamed Hichamy, encargándose estos a su vez de transmitir tal adoctrinamiento en el fanatismo religioso a los demás miembros del grupo». Tras ser despedido de su trabajo en la mezquina, el imán pasó una temporada en Bélgica intentando encontrar un empleo. Finalmente volvió a Ripoll en abril de 2016 y recaló en la otra mezquita.

La radicalización del grupo avanzó hasta que un día del Ramadán del año 2016, dos de los terroristas fallecidos transmitieron al resto que pretendían derrumbar la Sagrada Familia con explosivos, una idea a la que los demás se adhirieron. Todos «aceptarían dicha propuesta, impulsada por el extremismo religioso» del imán. El juez también describe el visionado de material propagandístico del Daesh, el grupo terrorista autodenominado Estado Islámico, y la constante búsqueda de objetivos.

Andreu también hace constar la magnitud de los explosivos que se almacenaban en el chalé okupa de Alcanar, ubicado en Tarragona, que podría oscilar en unos valores aproximados entre los 200 y los 500 kilogramos, además de 19 artefactos improvisados tipo granada de mano y una faja bomba. Con las bombonas de butano «pretendían amplificar el efecto, con la posibilidad de crear bolas de fuego generadas por las cargas GLP», señala el juez en el auto de procesamiento.

El instructor también explica los indicios que vinculan a los tres procesados con el grupo terrorista y alude, entre otros signos, a los teléfonos móviles de los investigados, que les sitúan en diversas ocasiones en la base de operaciones de la célula. La furgoneta fue alquilada con la documentación de Driss Oukabir.