Pedro Sánchez, secretario general del PSOE
Pedro Sánchez, secretario general del PSOE - Ignacio Gil

Crisis de liderazgo en el PSOE

Zapatero aviva la batalla en el socialismo al apoyar abiertamente a Susana Díaz y relegar a Pedro Sánchez

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El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero salió ayer miércoles a apoyar sin tapujos las aspiraciones de Susana Díaz. Como si Pedro Sánchez no tuviera ya suficientes problemas para manejar un PSOE que empieza a cuestionarle. Sobre todo, a medida que ve a Díaz con ganas de ser el cartel electoral a La Moncloa tras revalidarse en las urnas andaluzas el 22 de marzo.

Zapatero había dejado dicho, cuando abandonó el poder, que no interferiría en la vida orgánica, pero ya movió discretamente sus hilos en julio de 2014 para que fuera ella quien se hiciera con la Secretaría General del PSOE. Llegó incluso a intentar, sin éxito, que Eduardo Madina se retirase de la carrera para dejarla vía libre, y eso, después de haber sido él quien más alentó al político vasco a ser su sucesor.

Solo cuando ella dio un paso atrás, Zapatero se sumó a regañadientes a la «operación Sánchez» para la Secretaría General, pero tardaría poco en arrepentirse. Ayer, en sus declaraciones a la SER, se notó que el exjefe de gobierno todavía respira por la herida que le infligió su sucesor en noviembre cuando, «de manera superficial» (sic), instaló al PSOE en el rechazo a la reforma del artículo 135 de la Constitución que había promovido en 2011 para priorizar el pago de la deuda.

No obstante, lo más llamativo ayer fue su apoyo explícito a Susana Díaz. Pidió «lealtad» a Sánchez, pero de él solo alabó su «determinación» para añadir que no tiene experiencia de gobierno y sigue sin tener un proyecto. En cambio, cuando habló de la andaluza, aseguró verla como presidenta del Gobierno de España: «Como gobernante me ofrece todas las garantías» porque ha demostrado ser la mejor «a gran distancia». «No tengo ninguna duda de su fortaleza, liderazgo y capacidad». Preguntado si la ve como líder del PSOE, reculó: «He dicho gobernando. Es importante, cada uno tiene su parcela de responsabilidad».

Para Zapatero, el cambio de bando de muchos barones en estos seis meses tiene que ver con «la inercia de las cosas» surgida del congreso de 2014, y con la expectativa de primarias para elegir candidato a La Moncloa el 26 de julio. En la Dirección Federal causaron malestar sus palabras pero, sobre todo, la «jugada» de su reunión con el líder de Podemos, Pablo Iglesias, en el domicilio madrileño de José Bono a mediados de diciembre. Nada se supo de la misma hasta ayer a las 8.30 horas, minutos antes de la entrevista a Zapatero; un encuentro «a petición» del expresidente, según aclaró posteriormente el líder de Podemos, que deja a los pies de los caballos a Sánchez y su equipo, empeñados en despegarse de su «bestia negra» electoral.

Huida de los medios

Y todo ocurría a la misma hora en que el líder de la oposición se enfrentaba al presidente del Gobierno en la sesión de control del Congreso. Visiblemente cariacontecido, porque de poco le habían servido sus invectivas económicas y sobre Luis Bárcenas a Mariano Rajoy, Sánchez abandonó a la carrera el hemiciclo y no quiso responder a los periodistas ninguna de las preguntas que le tenían preparadas sobre la entrevista a Zapatero y el encuentro de éste con su «íntimo enemigo», Pablo Iglesias. «No voy a contribuir a generar ningún ruido» fue lo único que repitió el líder socialista y desapareció rumbo a su despacho. Luego, canceló una salida vespertina, en la que también estaban previstas declaraciones, y la sustituyó por un encuentro orgánico en Ferraz para preparar el programa electoral para las municipales del 24 de mayo.

En el PSOE preocupa la «orfandad» de su secretario general y se coincide en que Díaz ya está ganando la primera batalla de una guerra que se prevé larga, haciendo que muchos se inhiban de apoyar abiertamente a Pedro Sánchez. De hecho, muchos no dudaban en privado en calificar de «desleal» a Zapatero por haberse visto con Iglesias y no informar previamente a Sánchez, pero en público optaron por considerar «normal» lo ocurrido. Una situación que ayer llevó al PSOE a la contradicción de denunciar el cobro de 425.000 euros de Venezuela por parte de Juan Carlos Monedero, «número dos» de Podemos, mientras intentaba justificar la reunión con Iglesias. La situación es tal, que éste no dudó en mofarse de la actual Dirección socialista al afirmar que «eso en Podemos no ocurre».

Hasta el portavoz en la Comisión de Economía, Juan Moscoso, uno de los acompañantes de Sánchez en su reciente viaje a EE.UU., reconoció que «tenemos que centrarnos mucho más de lo que hacemos en el proyecto, en las alternativas».

Declaraciones muy medidas

Así las cosas, la desestabilización de Sánchez empieza a preocupar a algunos barones casi tanto como la caída en las encuestas (25% en estimación de voto para Podemos frente al 19% socialista) porque se juegan mucho en las elecciones municipales y autonómicas del 24 de mayo. Ayer, tímidamente, algunos salieron, más que a respaldar a Sánchez, a pedir que no se adelanten acontecimientos. El secretario general de Galicia, José Ramón Gómez Besteiro, cree que ligar el adelanto electoral andaluz con la candidatura del PSOE a La Moncloa supone «rizar el rizo». «La referencia que yo tengo, por lo que también dice la presidenta de Andalucía, es que su preocupación está única y exclusivamente en Andalucía», dijo un Besteiro a quien Ferraz considera de los suyos en un hipotético enfrentamiento. Quizá por eso, el líder de los socialistas gallegos apostilló: «Confío en lo que la gente dice públicamente». Otros, como el extremeño, Guillermo Fernández Vara, o el presidente asturiano, Javier Fernández, a quienes tampoco gusta nada lo que está ocurriendo, guardan silencio.

Frente a ese silencio, el secretario general del PSM, Tomás Gómez, uno de los mayores defensores en julio de 2014 de que Díaz se hiciera con la Secretaría General del PSOE, no dudó ayer en apoyarla. «Si decide anticipar las elecciones, la causa política de Andalucía será la causa política del PSOE en todo el territorio nacional», advirtió. En esa misma linea, el líder de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, comentó que Díaz actúa «en clave claramente andaluza». Y, como Zapatero, se deshizo en elogios hacia ella: «Es de los mejores políticos que han aparecido en el escenario español en los últimos años, de una potencia y una energía tremenda». Y el valenciano Ximo Puig terció para señalar que el liderazgo de Díaz no puede ser «un problema».