La pelea por el último escaño en las elecciones generales
La pelea por el último escaño en las elecciones generales - LUIS CANO

Elecciones GeneralesComprueba cómo influirá si cambias de voto en las elecciones de noviembre, provincia a provincia

La variación en el sentido del voto de un reducido grupo de votantes en estas elecciones generales puede alterar el signo del último escaño

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La variación en el sentido del voto de un reducido grupo de votantes puede cambiar el signo del último escaño repartido en cada provincia en las elecciones del 10 de noviembre respecto a las de abril. En algunas circunscripciones el baile de escaños podría ocurrir con un ligero cambio de opinión, aunque en otras el cambio de color de los asientos en el Congreso es complicado si no sucede un vuelco electoral notable.

En la provincia de Zaragoza, en las elecciones del 28 de abril tan solo 55 votos decantaron la balanza a favor del PSOE en el reparto del último escaño, el séptimo de la circunscripción, en detrimento de Ciudadanos. De nada sirvió al partido liderado por Albert Rivera superar en votos al PP la provincia; ambos se llevaron el mismo premio, un solo asiento en el Congreso.

La disputa por el último voto de la provincia de Zaragoza fue la más apretada, pero no fue la única circunscripción que se decantó por unas pocas papeletas. El PP se quedó sin asiento en Álava, y en el País Vasco, por tan solo 363 votos de diferencia con EH Bildu.

Menos de 500 votos decantaron la balanza a favor de Unidas Podemos en Huelva en detrimento de Vox, y a favor de Ciudadanos en Palencia en perjuicio del PSOE. Por poco más de 500 votos los socialistas pudieron salvar su segundo escaño en Navarra en lugar de caer en manos de EH Bildu. Muy disputados fueron también los últimos escaños en Baleares, Salamanca, Gerona, Alicante y Toledo.

La siguiente tabla muestra la distancia en número de votos entre el partido que logró el último escaño repartido en cada circunscripción el 28-A y la formación que se quedó a las puertas de conseguirlo, siguiendo la fórmula electoral de la ley d’Hondt. También incluye el porcentaje que suponen esos votos sobre el total del censo electoral, puesto que no es lo mismo un centenar de votos en una provincia poco poblada con pocos escaños a repartir que en una metrópoli.

Vox se quedó a las puertas en más ocasiones que Unidas Podemos y Ciudadanos: ocho los de Abascal, por seis de los de Iglesias y cinco los de Rivera. Por el contrario, Ciudadanos recogió el último escaño en nueve ocasiones, las mismas que el PP, ambos superados solo por los veinte de los socialistas, el vencedor de los comicios.

El PNV es quien tiene mejor amarrados sus seis escaños, puesto que ninguno de ellos es el último repartido y, por tanto, la variación en el sentido del voto debería ser mayor para que lo perdiera. ERC solo tiene uno en el alambre, en Gerona, que podría caer en manos de la rama de Unidas Podemos en Cataluña, En Comú Podem, si mejoran sus resultados.

No mucha diferencia de votos hay también en la disputa del último escaño en Las Palmas, Jaén, Vizcaya, Madrid, Murcia, Málaga, Cantabria, Barcelona, Albacete, Cádiz, Badajoz, Córdoba, Castellón y Valencia. De menos del 2% del censo electoral depende el vuelco en el color del último asiento asignado en cada una de estas provincias. En Madrid, el último escaño fue para el PSOE, mientras que el PP es quien se quedó más cerca de arrebatárselo.

Mucha distancia

Las circunscripciones donde será necesario un mayor trasvase de porcentaje de votantes entre formaciones son Guipúzcoa, Huesca, Ávila, Sevilla, Teruel, Soria, Orense, Ceuta, Segovia, Lugo, Cáceres y Lérida. Más del cinco por ciento del censo electoral tendría que virar hacia el partido que se quedó a las puertas; más de diez por ciento en el caso de Cáceres y Lérida. A excepción de Sevilla, todas son provincias que reparten cuatro diputados o menos.

La abstención, no obstante, jugará un papel determinante. En la repetición electoral de junio de 2016 bajó algo más de tres puntos respecto a las de diciembre del año anterior, ya de por sí no especialmente alta, un 73,2%. En las elecciones de abril de este año la participación fue superior, del 75,7%. Según el análisis de Narciso Michavila, director de GAD 3, en estos momentos algo más de un millón seiscientos mil votantes de abril manifiestan su voluntad de no acudir de nuevo a las urnas. «Son, principalmente votantes moderados que votaron Ciudadanos o PSOE y tradicionales abstencionistas que se activaron en abril por miedo a Vox».