Los 700.000 votos (inútiles) de Vox que penalizaron al centro-derecha

En 34 provincias Abascal no convirtió sus apoyos en escaños y debilitó a PP y Ciudadanos en favor de la izquierda

Madrid Actualizado: Guardar
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Una, dos, tres, cuatro, cinco... Y así hasta 34 veces. Vox conquistó miles de votos en las 50 provincias españolas y también en las dos ciudades autónomas, pero sus votos no se tradujeron en escaños en la mayoría de ellas. La formación de Santiago Abascal sólo consiguió transformar sus apoyos en diputados en 18 provincias, mientras que en las otras 34, repartidas por toda la geografía nacional, se quedó sin escaños pese a recibir la confianza de al menos 689.066 electores. Tres años antes, en los comicios de 2016 y en las mismas 34 circunscripciones, Vox únicamente logró 9.304 votos de los 47.182 que tuvo en toda España. El dato refuerza la irrupción de Vox y también el efecto negativo para la unión del centro-derecha que trae el nuevo competidor.

Esos casi 700.000 votos de Vox, que a la postre se han ido a la papelera, inocularon el veneno de la fragmentación en el centro-derecha y posibilitaron un vuelco electoral cifrado en 23 escaños a favor del PSOE y Unidos Podemos. En estas 34 circunscripciones -de todos los tamaños y ubicadas en todas las latitudes de la geografía nacional- PP y Ciudadanos (Cs) aglutinaron 68 escaños en las elecciones del año 2016. Entonces el PP impuso su ley con 63 parlamentarios frente a los 5 del partido que ya lideraba Albert Rivera. El PSOE de Pedro Sánchez se tuvo que conformar en aquella cita con 37 escaños que, sumados a los 19 de Unidos Podemos, alcanzaron los 56. De esta forma el centro-derecha batió por 11 escaños a la izquierda en el cómputo global de estas 34 circunscripciones.

En la cita electoral del domingo el viraje global hacia la izquierda se consumó en estas zonas y las fuerzas se invirtieron. El bloque del centro-derecha, representado únicamente por PP y Cs -ante los insuficientes resultados de Vox- se quedó con 57 parlamentarios: mientras que PSOE y Podemos escalaron hasta los 68. En total, entre los diputados que perdió la derecha (11) y los que ganó la izquierda (12), la brecha entre ambas opciones se amplió hasta los 23 parlamentarios con respecto a los comicios de 2016. El efecto destructor de los votos logrados por Vox en este caso queda fuera de toda duda: sus papeletas no le sirvieron para conseguir representación parlamentaria y además restaron opciones a los otros dos partidos del centro-derecha.

El mismo voto, dividido

Huelva, Jaén, Huesca, Teruel, Las Palmas, Santa Cruz de Tenerife, Cantabria, Ávila, Burgos, León, Palencia, Lérida o La Coruña son sólo algunas de estas 34 provincias en las que el voto dividido del centro-derecha lastró las opciones de repetir un pacto a la andaluza entre PP, Cs y Vox para evitar que Pedro Sánchez regrese a La Moncloa de la mano de sus socios de Podemos e independentistas

El número de votantes que se decantaron por el bloque del centro-derecha fue prácticamente igual al comparar los resultados de los comicios de 2016 con los de 2019 en las 34 circunscripciones donde Vox se quedó sin escaño. El domingo fueron 3.525.533 electores por los 3.647.644 de hace tres años. La única diferencia ha sido el reparto de fuerzas: el PP se desploma en favor de Vox -principalmente- y también de Cs.

En 2016 los populares alcanzaron 2.784.495 votos en estas zonas y la cifra cayó el 28-A hasta los 1.660.103 apoyos. Se aprovecharon de ello Cs, que escaló de 853.845 a 1.176.364 votos; y Vox, que multiplicó sus 9.304 apoyos hace tres años en 689.066.

La alegría al transformar los sufragios en parlamentarios fue principalmente para Cs, que cambió sus 5 escaños de 2016 por 26, en un ejercicio de notable crecimiento. Este aumento, junto a la incidencia de Vox en los resultados y la pujanza de PSOE y Unidas Podemos, provocó que el PP redujera a la mitad sus prestaciones: de los 63 escaños de 2016 hasta los 34 de las elecciones celebradas el domingo pasado.

El número de votos de Vox que finalmente no se tradujeron en escaños es todavía mayor, puesto que estos cálculos únicamente incluyen los registrados en las circunscripciones donde el partido dirigido por Abascal no consiguió representación. Habría que añadir los apoyos que, en provincias donde sí obtuvieron parlamentarios, no fueron suficientes para aumentar sus registros. Es el caso de la Comunidad de Madrid, Barcelona, Murcia, Asturias, Valladolid o Toledo, entre otras. En total se trata de 18 circunscripciones.

Nuevo asalto en un mes

Las encuestas auguraron, en las semanas previas a la cita con las urnas, una irrupción de Vox mucho mayor de lo que finalmente fue una vez terminado el recuento. De hecho, las caras de los líderes del partido en su intervención de la noche electoral así lo demuestran.

Vox no cumplió con las expectativas y queda por ver cómo reaccionarán los partidos ante las próximas elecciones autonómicas y municipales que se celebrarán el próximo domingo 26 de mayo. También importante se antoja la respuesta de los electores conservadores ante la nueva convocatoria electoral después de ver cómo la izquierda, encabezada por los partidos de Sánchez e Iglesias, consiguió más escaños que la suma resultante de la unión entre PP, Cs y Vox, pese a ser únicamente dos formaciones.

Los comicios andaluces, en los que PP, Cs y Vox consiguieron zanjar un acuerdo para expulsar del poder en la región al PSOE por primera vez en la historia democrática, espolearon al votante socialista, que el domingo volvió a depositar la confianza en la formación de Sánchez. También influyeron las continuas advertencias realizadas en campaña desde Ferraz, donde insistieron en movilizar a los suyos para evitar que Vox se convirtiera en un actor decisivo y también en lanzar mensajes que fragmentaran lo máximo posible al electorado conservador.

La pelota está ahora en el tejado de estos últimos votantes, que tendrán que decidir si vuelven a optar por diversificar su voto entre las tres opciones disponibles o concentrarlo en alguna de ellas de cara a los comicios en los que se decidirán los Gobiernos regionales y los Ayuntamientos de toda España.

Aunque si los partidos del centro-derecha quieren asegurar el tiro para hacer frente con más garantías al bloque integrado por PSOE y Unidas Podemos, lo más fácil es -como avanzó Pablo Casado en precampaña y recordó el domingo tras perder las elecciones- que PP, Cs y Vox lleguen a acuerdos previos en los diferentes territorios para acudir a la convocatoria electoral en coalición y optimizar así sus opciones de éxito.

Esta alternativa no se antoja, sin embargo, sencilla. El escenario a día de hoy es el siguiente: Cs está más cerca que nunca del PP y puede intentar cuestionar el liderazgo de los populares. Vox, por su parte, insiste en atacar a los de Casado al grito de «la derechita cobarde», lo que no parece la mejor opción a la hora de trabar alianzas. Sin embargo ahora, tras el 28-A, el centro-derecha ya sabe a qué se expone si reincide en la idea de hacer la guerra cada uno por su parte.