Los refugiados, el «elemento estabilizador» para la economía alemana

En Alemania han nacido solamente un promedio anual de 8,3 niños por cada 1.000 habitantes en los últimos cinco años

BERLÍNActualizado:

«Niños siempre los habrá», dijo en 1957 Konrad Adenauer defendiendo el sistema de pensiones basado en la solidaridad generacional. Pero se equivocó. En Alemania han nacido solamente un promedio anual de 8,3 niños por cada 1.000 habitantes en los últimos cinco años, según el último informe del Instituto de Economía Mundial de Hamburgo (HWWI) y la Sociedad de Análisis Económicos (BDO). El viejo canciller alemán nunca contó con que los alemanes preferirían no criar hijos para vivir con más desahogo, lo que ha derivado en el mayor problema económico de Alemania y al que los sucesivos gobiernos de la última década no logran dar respuesta.

En 2008, al tiempo que estallaba la crisis financiera que pondría patas arriba las políticas macroeconómicas de medio planeta, el presidente alemán Roman Herzog era ya consciente de un problema mucho más profundo para Alemania, el gran error de cálculo de Adenauer, e hizo sonar la alarma sobre lo que él denominó la «República Federal de los Pensionistas». «Cada vez habrá más jubilados y los partidos deberán prestarles una atención proporcional, lo que podría acabar en una situación en la que los mayores saqueen a los jóvenes», dijo en una polémica entrevista. Y a pesar de que los cancilleres alemanes de uno y otro signo han desplegado tantas medidas legales como era posible para parchear la crisis demográfica, así hemos llegado hasta hoy. El 40% de la población tendrá al menos 60 años en 2040 y en el 2050 la mitad tendrá más de 48 años. Un cuadro demográfico inviable.

Estas son las estadísticas de cabecera que repasa una y otra vez el equipo de Merkel y que están detrás de casi todas sus decisiones económicas, tanto en Alemania como en Europa. La República Federal se sitúa ya incluso por debajo de Japón, dueño hasta hace poco de la menor tasa de natalidad mundial con 8,4 niños, y muy por debajo de otros países europeos como Portugal (8,9) o Italia (9,2), mientras que Reino Unido o Francia, con 12,7 niños cada 1.000 habitantes, cuentan con más esperanza.

La más inmediata consecuencia económica de este nuevo modelo de sociedad alemana es la falta de mano de obra, la reducción de la población activa y atractivo del país como destino empresarial. El porcentaje de personas de 20 a 64 años se reducirá del 61% actual al 54% en 2030, según apunta el director del HWWI, Henning Vöpel. «En ningún otro país industrializado empeora tanto como en Alemania esta tendencia pese a la llegada de jóvenes inmigrantes», advierte, justificando que la llegada masiva de refugiados es el único acontecimiento histórico capaz de cambiar esa tendencia.

El jefe del BDO, Arno Probst, apunta precisamente a esa llegada de mano de obra joven como «un instrumento estabilizador imprescindible» para la economía alemana. Sin los refugiados, Alemania tendrá en 2060 diez millones menos de habitantes que ahora, mientras que la entrada de jóvenes inmigrantes, cuya tasa de natalidad es además mucho más alta, resolvería el problema. A esto cabe añadir que la inmigración que llega desde Siria, por ejemplo, es en su mayoría cualificada, profesionales de clase media en cuya formación hay que invertir muy poco.

Los Institutos Económicos alemanes, en su informe de otoño, han avalado que la fuerte llegada de peticionarios de asilo tendrá un coste financiero a corto plazo de 15.000 millones de euros (4.000 millones este año y 11.000 millones el próximo), pero que, con una buena planificación, «puede resultar muy positivo para la economía alemana». El documento detalla como la integración de los refugiados en el mercado laboral puede revertir el notable envejecimiento de la sociedad alemana y evitar desequilibrios en las cuentas públicas a causa del incremento del coste total de las pensiones.

Reconocido este punto, se diría que los refugiados son la última esperanza alemana para mantener el actual sistema de bienestar, pero lo cierto es que, con refugiados o sin ellos, tener hijos en Alemania seguirá siendo considerado como un «factor de riesgo de pobreza». Los hijos cuestan dinero, pero sobre todo hay que cuidarlos y para ello, a menudo, renunciar a un empleo remunerado. Para las madres solteras eso significa vivir de la asistencia social con un presupuesto muy bajo. Para las familias significa renunciar a uno de los dos sueldos, a menos que consigan atención externa para los pequeños. Las plazas estatales de Kita, lo más parecido que hay en Alemania a las guarderías españolas, llegan solamente para cada uno de cada cinco niños, lo que en términos macro supone un impedimento a la inserción laboral de la mujer y un supuesto lastre a la economía.

Para atacar el problema por este flanco, desde agosto de 2013 está en vigor una reforma legal que garantiza por ley el derecho de cada niño de uno a tres años de edad a una plaza en un jardín infantil. Los padres que renuncian a enviar a sus niños al Kindergarten porque prefieren cuidarlos en casa reciben 100 euros adicionales. También se ha creado la figura del Elterngeld, un subsidio para los padres o madres que dejan sus trabajos para cuidar a sus hijos en casa y que oscila entre los 350 y 1.800 euros mensuales durante 14 meses.

Los nuevos refugiados tendrán acceso también a estas ayudas. Las primeras cifras hablan de que Alemania ha escolarizando a 300.000 niños recién llegados en un solo semestre, lo que da una pista sobre el aumento de natalidad que puede registrar el país una vez que la nueva población, culturalmente más predispuesta a tener hijos, se instale definitivamente.