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El parón de la industria alerta de la llegada de una nueva crisis

El sector entra en recesión por primera vez desde 2013 por la caída de las exportaciones y el impacto de las normas de emisiones en la automoción

MadridActualizado:

Hace meses que comenzaron a otearse nubarrones en el horizonte y, sin apenas darnos cuenta, ya están cayendo las primeras gotas sobre nuestro tejado. Las señales de desaceleración económica se acumulan mientras las revisiones a la baja de las previsiones de crecimiento se han convertido en la tónica general. El Banco de España, Eurostat, el FMI y, esta última semana, la OCDE era la encargada de poner negro sobre blanco que en 2019 la Eurozona crecerá nueve décimas menos de lo previsto, hasta el 1%. España consigue aguantar el tipo con una aparente fortaleza de su PIB –que se estima crecerá un 2,2%–, si bien los economistas aconsejan leer bien la letra pequeña y alertan de que detrás de las buenas cifras se amontonan los indicadores de alerta. Tal y como pasó con los «brotes verdes» de Zapatero, la economía muestra inapelables signos de desgaste, aunque el PIB aún mantenga la inercia del crecimiento.

El indicador que más preocupación está generando es la evolución de la industria. La primera señal de alarma la han dado las cifras adelantadas de Contabilidad Nacional de 2018. Según los datos del INE, el sector industrial entró en recesión técnica en el cuarto trimmestre al caer su actividad un 0,9% intertrimestral, que se suma al descenso del 0,3% en los tres meses anteriores. En el conjunto del año sumó tres trimestres a la baja y acumula una caída en el ejercicio cercana al 1,2%, la primera desde el inicio de la recuperación en 2013, mientras el resto de sectores económicos se mantienen al alza.

Las peores cifras en años

Las estadísticas de producción industrial son igual de inquietantes. Aunque en enero de este año, último dato disponible, mejoró un 2,4%, el pasado septiembre inició una tendencia a la baja que le llevó a hundirse un 5,9% en el último mes de 2018. La magnitud de ese descenso no se daba desde 2012, en plena recesión económica y cuando España estuvo a punto de ser rescatada .

«Me preocupa muchísimo. Y no solo la tendencia a la baja, sino también la rapidez con la que está empeorando y el hecho de que afecte a todos los sectores. Esto quiere decir que, por ejemplo, no puede atribuirse que haya hecho buen tiempo a la menor actividad del sector energético. Esto es algo más», dice tajante el economista jefe de la gestora Tressis, Daniel Lacalle. De hecho, y descontado el repunte de enero, las estadísticas oficiales evidencian una caída de la producción generalizada en bienes de equipo, intermedios y, sobre todo, de consumo duradero.

«La caída de la producción industrial es un indicador adelantado de la evolución de la economía y en este caso nos está enseñando claramente la ralentización. Es cierto que la producción industrial está cayendo en toda Europa, pero en España lo hace más del doble. El Gobierno parece preocuparse solo por el dato del PIB, que en estos momentos es aceptable, pero la producción industrial lleva en desaceleración varios meses», dice Lacalle.

«No necesariamente tiene que traducirse en que estamos a las puertas de una nueva crisis, pero desde luego eleva las probabilidades», dice el responsable de Análisis Macroeconómico de BBVA Research y profesor de Economía en la universidad de Valencia, Rafael Doménech, que coincide con Lacalle en la importancia de la tendencia.

Tampoco el índice PMI del sector manufacturero augura nada bueno. Este indicador disminuyó del 52,4 al 49,9 en febrero, cayendo por debajo del nivel de referencia (50) por primera vez desde noviembre de 2013, poniendo fin a más de cinco años de crecimiento continuo del sector. Esto se debe, según IHS Market, a la caída de los pedidos por primera vez desde julio de 2016 debido a las menores exportaciones a Europa y China y al impacto de las nuevas normas de emisiones en la automoción.

Pérdida de brío

¿A qué se debe esta pérdida de brío? Los expertos coinciden en señalar la inestabilidad externa, fuertemente marcada por la guerra comercial entre EE.UU. y China, y el convulso proceso del Brexit. Ambos factores han provocado la desaceleración del comercio internacional y «las empresas españolas forman parte de este engranaje mundial», explica Doménech.

Pero hay otro factor fundamental: los cambios normativos en el sector del automóvil que han provocado importantes cuellos de botella en muchas plantas de producción, que han tenido que adaptarse a la nueva regulación a marchas forzadas. En enero las fábricas españolas sacaron al mercado 240.225 unidades, un 1,4% menos que un año antes, y sus exportaciones cayeron un 2,73%, según Anfac, en ese contexto de adaptación a la nueva norma de emisiones que está lastrando al sector en toda Europa. «En España, la industria del automóvil es de las manufacturas más relevantes», apunta José Luis Álvarez, profesor de Economía de la universidad de Navarra.

La acción del Gobierno de Sánchez tampoco parece ayudar. «La guerra del Gobierno contra el diésel está teniendo unos efectos muy dañinos. Esta cruzada no solo afecta al automóvil, sino también a toda la industria tangencial. Y está influyendo en la demanda interna que, aunque sigue tirando, lo hace a un menor ritmo», alerta Lacalle.

Arrastrará a los servicios

«La caída de la producción industrial no es una sorpresa. Llevamos meses viendo cómo se destruye empleo en la industria y cómo pierden fuerza las exportaciones. Son malas noticias porque hay muchos sectores de servicios que dan apoyo y que se van a ver afectados también», explica Doménech.

«Las manufacturas no tienen un peso muy importante en la economía española, pero no se puede olvidar que la industria es un sector que ejerce un importante efecto arrastre sobre otros sectores, incluido el de los servicios», coincide Álvarez. «Además, su desgaste nos hace perder posiciones dentro de la revolución industrial, la llamada industria 4.0. Perder industria conlleva perder uno de los sectores más productivos y que genera empleos de mayor calidad, tanto en remuneración como en estabilidad», advierte.

Las esperanzas vuelven a ponerse en el BCE después de que la semana pasada anunciara que los estímulos seguirán y no habrá un endurecimiento de su política. «Una de las inquietudes que había era cómo iba a evolucionar la economía en un entorno de menor abundancia financiera. Con esta jugada, el BCE ha querido quitar esta amenaza del tablero», dice Álvarez. «La reacción del BCE es sin duda una respuesta a las señales de debilidad de la industria. Draghi está queriendo tener una actitud preventiva, no reactiva», apunta Doménech.