Imagen del Puerto de Valencia. ROBER SOLSONA

Un conflicto a pie de muelle

Los estibadores tratan de sacudirse la imagen de ser un gremio con sueldos, horarios y condiciones privilegiadas

VALENCIA Actualizado: Guardar
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En los muelles del puerto de Valencia se percibe menor actividad de la habitual y ya no se habla de otra cosa que no sea la huelga convocada por los estibadores a partir del próximo día 20.

El colectivo, que en el recinto valenciano emplea a 1.500 trabajadores más otros trescientos de una bolsa de interinos, se opone a la liberalización del sector que prevé aprobar por decreto el Ministerio de Fomento para cumplir la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que en diciembre de 2014 dictaminó que el modelo que regula la actividad de carga y descarga de barcos en España no se ajusta a la legislación comunitaria.

Los estibadores –un colectivo de más de 6.000 personas en toda España– están en el punto de mira por sus elevados salarios (un estudio de la consultora PwC los sitúa entre 70.000 y 100.000 euros anuales) y por un sistema de contratación opaco que restringe el acceso a personas ajenas al ámbito portuario.

«Nuestro salario se basa en la productividad. Yo no sé lo que voy a ganar esta noche. Cobraré en función de los contenedores que cargue». Así se expresa en conversación con ABC uno de los estibadores del puerto de Valencia, quien recalca que accedió al empleo «sin ser hijo ni nieto» de antiguos trabajadores (en su caso cumplía con el requisito de contar con el carné de conducir tráilers), aunque admite que «ahora las cosas están más difíciles para entrar».

En España las empresas estibadoras no pueden contratar libremente a sus operarios, ya que deben emplear a los trabajadores puestos a su disposición por las sociedades anónimas de gestión de estibadores portuarios (Sagep). Un modelo vigente desde los tiempos de la dictadura que la Unión Europea considera contrario a la legislación comunitaria y ante el cual el Gobierno prepara un decreto para su liberalización.

El informe de PwC señala que la estiba en España supone un 53% del total de costes de manipulación de las mercancías, frente al 38% de la media europea. Además, alerta de unos costes salariales «fuera de mercado», por ser muy superiores al del resto de trabajadores del sistema portuario.

Los empleados, sin embargo, se rebelan ante lo que consideran estereotipos: «En el mes de vacaciones nuestro sueldo es de 1.400 euros, el resto del año depende de nuestro trabajo. Si mañana no voy a trabajar no cobro». Los sindicatos, encabezados por la Coordinadora del Mar, creen que el decreto que prevé aprobar Fomento supondrá «despidos generalizados».

En el puerto de Valencia –el más importante del Mediteráneo– el tránsito de contenedores batió su récord histórico con más de 4,7 millones de unidades. Todas pasan por las manos de los estibadores, por lo que una huelga como la convocada a partir del día 20 supone el colapso del tráfico marítimo. Las empresas logísticas ya han alertado de un «descenso de la productividad» que la sociedad de estiba Sevasa califica de «boicot laboral».

El pasado miércoles, una asamblea de los estibadores ya colapsó los accesos al puerto de Valencia por carretera y provocó retenciones de hasta cinco kilómetros.

Con el modelo que defienden con uñas y dientes, los estibadores están disponibles para trabajar las veinticuatro horas durante 361 días del año. La actividad de carga y descarga solo para en Navidad, Año Nuevo, San José y el 1 de mayo.

El informe de PwC alerta de unos «turnos de trabajo fijos e indivisibles» –los estibadores solo pueden ser contratados en bloques de seis en seis horas–, lo que «genera en muchos casos el pago por horas no trabajadas». Los empleados niegan este extremo e insisten en la elevada carga de trabajo que soportan y en unos turnos que no todo el mundo está dispuesto a realizar, especialmente el calificado como «súper», que abarca desde las dos de la madrugada hasta las ocho de la mañana. La ley les obliga a tomar seis días de descanso al mes.