La Caixa, de caja local a grupo financiero líder
La sede central de La Caixa en Barcelona - reuters
110 motivos para admirar a españa

La Caixa, de caja local a grupo financiero líder

Excelencia en el servicio, calidad y compromiso social, claves de su éxito

Actualizado:

Pocos hubiesen podido imaginar en 1904, cuando el abogado Francesc Moragas fundó la Caja de Pensiones para la Vejez y de Ahorros de Cataluña y Baleares, La Caixa, con 62.590 pesetas en fondos aportados por sus socios protectores, y otras 25.000 por parte de Alfonso XIII, que esta entidad se convertiría, casi 110 años después, en el grupo financiero líder del sistema financiero español. Además de contar con una amplia cartera de participaciones financieras e industriales, es la primera fundación de España y una de las más importantes de Europa y del mundo a través de su obra social.

La Caixa nació con una finalidad social vinculada a evitar la exclusión financiera y con una voluntad de compromiso con el desarrollo socioeconómico de su territorio; una preocupación social que ha mantenido a lo largo de los años y, hoy más que nunca, puede acreditar su lealtad a los principios de compromiso social y económico que inspiraron a los fundadores de la Caja de Pensiones.

El grupo La Caixa, presidido por Isidro Fainé, ha vivido muchos momentos decisivos a lo largo de su centenaria historia, aunque quizá uno de los más trascendentales tuvo lugar a principios de 2011, cuando la entidad abordó una trascendental transformación, al reordenar el grupo y traspasar el negocio bancario a una nueva entidad cotizada, CaixaBank. La entidad financiera, cuyo vicepresidente y consejero delegado es Juan María Nin, también agrupa el negocio asegurador, las participaciones en bancos internacionales y en Telefónica y Repsol. En paralelo, la nueva Criteria CaixaHolding contiene las participaciones industriales (Gas Natural Fenosa o Abertis) y la cartera inmobiliaria. Además, el grupo ha mantenido el nivel de recursos destinados a la obra social, que ha salido reforzada con esa reorganización. Lo decía el propio Fainé: «Cambiamos para preservar lo esencial, y lo esencial es esa razón de ser diferente de La Caixa».

La transformación del grupo fue determinante, pero hay otros hitos relevantes, como la definitiva expansión en el conjunto de España a partir de los años ochenta; la fusión en 1989 con Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Barcelona; el salto adelante tecnológico de los noventa o el proceso de internacionalización. «El grupo La Caixa que conocemos hoy es el resultado de una larga historia de integraciones de entidades, de anticipación en la gestión y de éxito comercial», explica su presidente, Isidro Fainé. Una trayectoria que «nos ha permitido -añade- pasar de ser una caja local a convertirnos en un grupo financiero líder, con más de 6.000 oficinas y una creciente presencia internacional».

La Caixa, a través de CaixaBank, se ha situado a la cabeza de la banca minorista en España, con un volumen de negocio bancario superior a los 500.000 millones de euros, tras la integración de Banca Cívica y la adquisición de Banco de Valencia. «Uno de cada cuatro ciudadanos españoles es cliente de CaixaBank», recuerda el consejero delegado del banco, Juan María Nin.

Fortaleza comercial

La fortaleza comercial y financiera del grupo sustentan este liderazgo como primera entidad financiera en España, con 13,8 millones de clientes, 6.400 oficinas, 10.068 cajeros, 12,5 millones de tarjetas, y una cuota en créditos del 15,3% y en depósitos del 14,2%. Para Nin, los objetivos futuros de la entidad pasan por «reforzar el liderazgo minorista, gestionar anticipadamente la solvencia, la liquidez y el perfil de riesgo de nuestra actividad, diversificar el negocio gracias a la especialización en banca de empresas, de pymes, banca personal y banca privada, y crecer en la internacionalización».

La entidad ha sabido adaptarse a los nuevos retos del entorno financiero internacional, y a la historia, valores fundacionales y visión de la institución; es decir, la excelencia en el servicio, la calidad en el trato con los clientes y empleados y, sobre todo, su compromiso con la obra social. De hecho, La Caixa sigue reivindicando la obra social como «finalidad última y su razón de ser». Como explica Fainé, de lo que se trata es de reforzar, de blindar la «obra social», que en 2013, por sexto año consecutivo y al margen del impacto de la crisis en la cuenta de resultados del grupo, cuenta con un presupuesto invariable de 500 millones. «Por presupuesto global y extensión de nuestros programas somos la primera fundación de España y una de las más importantes de Europa y del mundo», explica el presidente del grupo.

La superación de la pobreza infantil en España (más de 210.000 niños atendidos), el fomento del empleo entre colectivos con dificultades (56.0000 oportunidades laborales para personas desfavorecidas), la atención a personas con enfermedades avanzadas (43.000 pacientes atendidos), el acceso a la vivienda de colectivos con dificultades (11.000 pisos sociales en el seno de todo el grupo) y la promoción del envejecimiento activo y saludable (más de 800.000 mayores beneficiarios cada año) son las líneas de trabajo prioritarias.

Fortaleza financiera al servicio de la vocación social, una fórmula virtuosa que en los tiempos que corren no siempre es fácil de explicar.