Lewis Hamilton, con el Mercedes en el circuito de Bakú
Lewis Hamilton, con el Mercedes en el circuito de Bakú - AFP

Fórmula 1 | GP de AzerbaiyánCarambola de Hamilton en Bakú

El accidente entre los Red Bull provoca una sucesión de catástrofes y el inesperado triunfo del inglés. Sainz acabó 5º y Alonso, 7º

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El tiempo que durará el GP de Azerbaiyán en el calendario nadie lo sabe. Dependerá de los millones que quiera poner el gobierno azerí y de si sus planes de promoción turística del país dan resultado. Pero sea mucho o poco, habrá que disfrutarlo hasta entonces. Van tres carreras allí. De momento ninguna ha defraudado.

Si la temporada había arrancado especialmente revolucionada, la llegada del primer circuito urbano del año no hizo sino acrecentar esa sensación de caos. Las largas y veloces avenidas del Bakú moderno, combinadas con la estrecha zona revirada que rodea la fortificada Ciudad Vieja, resultaron una delicia. Hubo choques, adelantamientos, abandonos por doquier y, por encima de todo, intriga sobre el resultado hasta los metros finales. Lewis Hamilton, que aún no se había estrenado este año, atrapó una inesperada victoria fruto del festival de catástrofes que convirtieron el final en un sobresalto continuo, con los principales rivales del tetracampeón inglés eliminándose uno a uno.

Hamilton no fue líder de la carrera hasta que faltaban dos vueltas, y para que él ganara antes tuvieron que fallar el plan A, Sebastian Vettel, y el plan B, Valtteri Bottas. Una carambola en toda regla.

La secuencia de la carrera que debía coronar a Vettel se vio truncada de forma abrupta a once vueltas del final, cuando Verstappen y Ricciardo decidieron escribir un nuevo capítulo en la escabrosa guerra interna de la siempre sorprendente escudería Red Bull. Los dos compañeros peor avenidos de la parrilla chocaron a más de trescientos por hora cuando luchaban por la cuarta plaza es el enésimo incidente entre ambos. Ricciardo, perseguidor de su compañero durante cerca de cuarenta vueltas, decidió dar el hachazo al final de la recta principal. Verstappen, que no atiende a las reprimendas por su excesiva agresividad, respondió zigzagueando su monoplaza hasta provocar un durísimo impacto que acabó con los dos monoplazas fuera de la carrera.

Drama para Vettel

La salida del coche de seguridad a causa del accidente fue letal para Vettel. El alemán se vio entonces por detrás de Bottas, que se benefició de haber apurado su cambio de neumáticos hasta ese momento, y sin la renta de segundos que vuelta a vuelta había ido acumulando como una hormiguita sobre Hamilton. Por delante quedaba una carrera completamente nueva. Con menos de diez vueltas, ruedas ultrablandas para todos y el colmillo afilado en cada uno de los supervivientes. Ansioso por recuperar el liderato cuanto antes, Vettel se pasó de frenada al final de la recta principal en el reinicio y ahí condenó sus opciones, perdiendo también el podio ante Raikkonen y Pérez.

Tras la impericia de Vettel a la carrera aún quedaba la traca final. Una vuelta después, un trozo de fibra en medio de la pista cortaba la rueda trasera derecha de Bottas cuando el finlandés casi divisaba la bandera a cuadros. Hamilton, entonces, desplegó una enorme sonrisa. Sufrió como nunca el inglés por culpa de unos neumáticos que no se calentaban, y sin embargo salió de Azerbaiyán con un trofeo bajo un brazo y el liderato del Mundial en el otro.

Petróleo para Sainz y Alonso

De toda la locura vivida en Bakú también salieron beneficiados Sainz y Alonso. El madrileño, que por momentos soñó con el podio, firmó un quinto puesto que le reconcilia con el Renault tras un inicio renqueante. «Cuando hay coche, hay confianza, y con confianza se puede», dijo.

Alonso, por su parte, volvió a hacer funambulismo al volante para acabar séptimo por tercera carrera consecutiva. El asturiano se vio lastrado por la embestida inicial de Sirotkin que le hizo reincorporarse último y con el coche gravemente dañado. A falta de diez vueltas era duodécimo y con graves problemas para sostener el ritmo de coches en teoría menores, como el Sauber o el Williams. Su séptima posición final solo se puede explicar por la ingente cantidad de sucesos que adornaron la carrera, un dato poco alentador para el futuro inmediato del McLaren. La evolución prevista en Barcelona es la última esperanza.

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