Aitana Sánchez-Gijón - MAYA BALANYA

«La piedra oscura» y «Pinoxxio» triunfan en los premios Max

Aitana Sánchez-Gijón y Pepe Viyuela se llevaron los galardones a los mejores actores

MadridActualizado:

La danza era la protagonista de la gala de los XIX premios Max de las Artes Escénicas, celebrada en el teatro circo Price de Madrid. Y con danza arrancó la ceremonia, salpicada con distintas actuaciones; entre ellas, las de Carmen Cortés, The Funamviolistas, María Berasarte, Losdedae, la Compañía Nacional de Danza, Larumbe Danza, la Compañía Antonio Gades, Miren Ibarguren, Gonzalo de Castro, Mario Gas o Asier Etxeandía.

Para la danza fue también el primer premio: Pep Llopis, mejor composición musical por el espectáculo «Pinoxxio», que, a la postre, se convertiría en el mayor triunfador de la noche, con siete manzanas enmascaradas (el símbolo de los Max). «Pinoxxio» es un espectáculo creado por la compañía valenciana Ananda Dansa, que dirige Rosángeles Valls. Y para la danza fueron las últimas palabras de la gala, pronunciadas por Chevi Muraday, ganador con «En el desierto» del mejor espectáculo de danza, antes de que Asier Etxeandía cerrara la gala; «No dejen de bailar», dijo.

«La piedra oscura», el hermoso espectáculo dirigido por Pablo Messiez sobre un texto de Alberto Conejero, fue el otro gran vencedor de la noche, con una buena cosecha: cinco estatuillas de las seis a las que optaba.

Ha sido una ceremonia que fue calentándose conforme fueron transcurriendo los minutos, con puntuales reivindicaciones, y únicamente sobresaltada por la destemplada intervención de Ana Luján, premio a la mejor bailarina principal, y que se salió del tono general de respeto que imperó durante toda la ceremonia. Con ese tono Pepe Viyuela quiso dedicar su premio al mejor actor a los titiriteros que fueron el pasado diciembre objeto de polémica: recogió el guante Aitana Sánchez-Gijón, premio a la mejor actriz, que ironizó al decir que temía que algún día la detuvieran por matar, en su papel de Medea, a sus dos hijos.

Hubo momentos emotivos, como el recuerdo a Antonio Gades, con un texto del artista leído por su hija, María Esteve, y sus bailarines evolucionando sobre el escenario; como la alusión a los refugiados o los inmigrantes que hizo Lluís Pasqual; o la aparición en escena de Lola Herrera para recibir el Max de Honor, bañada por una ovación interminable y una canción –«There’s no business like showbusiness»– interpretada por su hija, Natalia Dicenta.

Manuel Aguilar, presidente de la Fundación SGAE, recordó en su discurso institucional la precaria situación de la danza en España, cuya presencia en los escenarios ha disminuido en un cincuenta por ciento desde el año 2008; y de las mujeres creadoras: «solo un 16 por ciento de los autores son mujeres». Su alusión al 21 por ciento de IVA fue la más jaleada por el público, que también aplaudió su rechazo al «trabajo gratis».