Una escena de «El ángel exterminador»
Una escena de «El ángel exterminador» - Efe

Blanca Portillo se encierra con Luis Buñuel

La actriz dirige en el Teatro Español una versión escénica de la película del cineasta aragonés «El ángel exterminador»

MadridActualizado:

Hace unos meses, Carme Portaceli, directora del Teatro Español, llamó a Blanca Portillo y le propuso dirigir una versión teatral de «El ángel exterminador», la inquietante película de Luis Buñuel. La actriz se quedó paralizada; aquel filme le había fascinado cuando lo vio en su juventud. «El ofrecimiento de Carme me pareció una invitación peligrosísima». Así que vio de nuevo la película y volvió a fascinarse. Había que ponerse manos a la obra y recurrió a Fernando Sansegundo, que ya adaptara para ella el relato de Friedrich Dürrenmatt «La avería». «¿Es una locura?», le preguntó. «Sí, pero es una locura posible», contestó.

El resultado de esa locura se podrá ver a partir del jueves próximo en el Teatro Español. En el montaje participan veinte actores -«veinte miuras de pura raza», dice Blanca Portillo-, de los que catorce permanecen todo el tiempo en escena; la escenografía es de Roger Orra, la iluminación de Juan Gómez Cornejo y el vestuario de Marco Hernández. «Hemos jugado con toda la devoción y todo el respeto por Luis Buñuel -explica la directora-, intentando contar la historia de tal modo que al espectador le interese la obra de teatro que le presentamos. Porque nuestra propuesta es una visión teatral de la historia con ojos de hoy en día».

Encierro

Lo que cuenta «El ángel exterminador» es sabido: un grupo de personas se reúne a cenar en una mansión a la que han sido invitados después de asistir a una funcion de ópera. Al concluir la cena, se dan cuenta de que, sin una razón aparente, no pueden abandonar la habitación; están encerrados allí. Este argumento permanece inalterado en la versión que dirige Blanca Portillo, en la que, dice Fernando Sansegundo, «se han respetado muchos diálogos de la propia película, los que se consideraban más coherentes».

El encierro es la piedra angular de la función; «desde el encierro individual -añade la directora-, que te lleva a preocuparte únicamente de tu propia porquería sin importarte en absoluto los demás, hasta el encierro familiar o el encierro como una muñeca rusa. Luis Buñuel habla en la película de un concepto de la vida, el encierro físico es una metáfora. Porque ¿quién es ese ángel exterminador sino uno mismo? ¿De cuántas cosas no podemos salir sin que haya un verdadero impedimento físico? Y cuánto más te encierras en ti mismo más daño haces».

«Establishment»

Luis Buñuel encerró en su película a la burguesía. «En 1962, en que se rodó el filme -aclara la directora-, esa clase social existía y era dominante. Hoy en día no, pero hay un sector que ocupa ese lugar, y que se llama el establishment; en él puede estar desde un periodista o un presentador de televisión a un torero o un empresario. Pero nada ha cambiado». Y lo que se presenta al espectador del Teatro Español, añade, «es una casa llena de lujo y poderío, donde sus habitantes están atentos a las modas, a lo cool, donde el diseño está muy presente. Todo, creo, completamente reconocible en nuestros días».

Cuenta Blanca Portillo que el retrato de Luis Buñuel ha presidido los ensayos. Pero la directora sabe, e insiste, en que lo que tiene entre manos es teatro. «Las herramientas del teatro -ha escrito- nos permiten volver a mirar la película con ojos nuevos, con los ojos de hoy, acercarnos a su misterio, al hechizo que produce esa imposibilidad de salir de un recinto que en todo momento permanece abierto. Un recinto que se expande, como círculos concéntricos, desde el habitáculo más íntimo hasta las fronteras del mundo. Volver a mirar a esos personajes (espejos deformantes) y preguntarles qué nos quieren contar. Las herramientas del teatro nos permiten preguntarnos en qué medida los sucesos de la película nos afectan en el aquí y ahora de nuestro tiempo y bucear, no solo en el subconsciente del autor, sino en el nuestro propio, entrar en un mundo lleno de interrogaciones y sin apenas respuestas. Mirar el presente a través de los ojos de Buñuel».

En el teatro, sigue, se trabaja más con la imaginación del espectador; «queremos que complete la historia más que en el cine. Es más importante lo que les pasa a los personajes que lo que hablan; lo fundamental es lo que se callan y cómo se comportan». Naturalmente, hay en la obra, como la había en la película, una crítica política y una crítica social, hechas por Buñuel «con mordacidad y con sentido del humor; él tenía un sentido visual de la vida y, por encima de todo, mucha coña marinera. Era un ser libre y un loco. Se reía de todos los análisis sobre lo que había querido decir con la película. Yo no sé cuáles eran sus intenciones más profundas, me he limitado a hacer una lectura de lo que creo que él quiso hacer», explica Blanca Portillo.

Cualquier estudiante de interpretación, añade Blanca Portillo, ha tenido que hacer un ejercicio de improvisación simulando no poder salir de una habitación. «Es un clásico», sonríe. Los veinte actores -bajo una luz «radiográfica», como la define su responsable, Juan Gómez Cornejo- tendrán ocasión de rememorar aquellos tiempos. Son Hugo Alcaide, Dani Muriel, Juan Calot, Alfredo Noval, Inma Cuevas, Alex O’Dogherty, Abdelatif Hwidar, Francesca Piñón, Ramón Ibarra, Cristina Plazas, Alberto Jiménez, Camilo Rodriguez, Juanma Lara, Irene Rouco, Víctor Massán, Mar Sodupe, Anabel Maurín, Mª Alfonsa Rosso, Manuel Moya y Raquel Varela.