Los primeros versos y la primera música que Leonard Cohen trajo a España

Rodríguez Lafuente rememora el primer concierto y los primeros libros de poemas del cantante fallecido hoy

MADRIDActualizado:

Fue su primer libro, de poemas, «Vamos a comparar mitologías» (1956). Cumple el volumen medio siglo, y desde entonces hasta ayer, llegaron otros y llegó su primer disco, «Songs of Leonard Cohen» (1967) y hace unas semanas llegó el último «You want it darker». La vida es un libro privado de epifanías. Son los momentos de la sensación verdadera, los «momentos de vida» (Virginia Wolf), los que no se comparten. No es posible.

«Me pregunto cuánta gente en esta ciudad/vive en habitaciones amuebladas./A alta hora de la noche, cuando miro hacia las casas/juro que veo un rostro en cada ventana/que me devuelve la mirada./Y cuando me retiro,/me pregunto cuántos vuelven a sentarse ante sus mesas/y escriben esto mismo». Leído en 1974, el año de la Providencia. Valga sólo una de esas epifanías para honrar a quien tanto acompañó cada paso de errante son de uno desde entonces.

Moteles, Nueva York en diciembre, islas griegas, la nieve que cae sobre las autopistas de América, corazones rotos, amistades eternas, traiciones y anhelos, la biblia en disco, la música de nuestra vida. Era octubre de ese año de 1974. Teatro Monumental de Madrid, plaza de Antón Martín, el mismo local por donde décadas antes había pasado Prokofiev y hoy lo conmemora una discreta placa. Desde la primera canción «Bird On A Wire» hasta las cuatro o cinco que le hicimos repetir para que no se fuera nunca, sin que nadie deseara que esa noche terminara nunca, esas dos horas quedarían en la memoria de todos cuantos estuvimos allí como si, por un momento, y en aquella España en la que apenas había un lugar abierto para beber y rememorar lo que acabábamos de vivir, habíamos rozado el Paraíso.

Fue, sí, Cohen quien nos recomendó algo que, al menos quien esto escribe, ha cumplido con fervor: «Vayáis donde vayáis esta noche no volváis a casa solos». Pero desde ayer si nos sentimos, algunos, más solos. Profundamente solos.