George Martin en una imagen de 1999 - AFP

Muere a los 90 años George Martin, el caballero que abrió el sonido de los Beatles

Apodado «el quinto beatle», fue el productor que supo ver el talento en bruto de la banda y la contrató en 1962

CORRESPONSAL EN LONDRESActualizado:

«Quiero que esta canción suene naranja», pedía John Lennon, siempre más poético que concreto. «El sonido tiene que ser como el de un centenar de monjes tibetanos desde lo alto de una montaña», demandaba John en el estudio en 1966 para su ensoñación lisérgica «Tomorrow never knows», la canción que cerró el aperturista «Revolver». Sir George Martin, que se murió el martes por la noche «pacíficamente en su hogar» a los 90 años, era el encargado de hacer reales esas visiones. Lo hacía en los estudios Abbey Road, con primitivas máquinas de cuatro pistas. En una aventura irrepetible de solo ocho años, Martin, «el quinto beatle», contrató a la banda de Liverpool cuando ya habían coleccionado portazos en todas las restantes discográficas y abrió su sonido de una manera increíble, llevándolo a umbrales que la música pop no había soñado hollar.

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Martin, siempre asociado a The Beatles, trabajó también con Shirley Bassey, Gerry and the Pacemakers, Sting, Celine Dion, Stan Getz, Jeff Beck… En seis décadas de carrera, marcó el sonido de unos 700 discos. Canciones producidas por él lograron 23 números uno en Estados Unidos y 30 en el Reino Unido. En 1996 había recibido el título de sir y formalmente se jubiló dos años después, aunque volvió a colaborar en sucesiones reediciones crematísticas del catálogo de The Beatles, como el «Love» de Le cirque du Soleil, en 2006, que pilotó junto a su hijo Giles, quien cubría los problemas serios de oído del Sir George crepuscular.

George Martin era un personaje extraordinariamente atildado, de trabajado acento patricio que aprendió con toda la intención, formado en el mundo de la música clásica y con un pie también en el music hall. En realidad Martin cinceló a pulso su personaje, pues en una Inglaterra que era muy clasista -todavía lo es- emergió de sus estratos más humildes. Había nacido en Drayton Park, al norte de Londres, el 3 de enero de 1926, hijo de un carpintero casi siempre en paro por los coletazos de la Gran Depresión y de una limpiadora. La familia vivía en unas angostas habitaciones sobre una tienda.

Músico autodidacta en su niñez, aprendió piano por su cuenta desde los seis años. Entre 1943 y 1947 sirvió en la Marina como piloto de observación, aunque nunca llegó a entrar en combate. Tras licenciarse, estudio música formalmente en la Guildhall School y en paralelo tocaba el oboe con una banda de clubes. En un momento en que el oficio de productor musical era una rareza que ejercían no más de doce personas en Inglaterra, entró en EMI y muy pronto, con solo 29 años se convirtió en el responsable de una de sus filiales, la Parlophone. A su puerta llamó en 1962 un desesperado Brian Epstein, el mánager de The Beatles, tras el rechazo de la Decca. Martin viajó a Liverpool para ver a los chicos en el angosto club The Cavern y le gustó su energía y carisma. Aunque es leyenda que no su música: «Eran bastante estridentes. Aquello no sonaba muy afinado. Realmente no eran muy buenos».

Martin tomó algunas decisiones antipáticas. La primera, les dijo que echasen a su batería, Pete Best, que en realidad había sido fichado por Lennon y McCartney por la sencilla razón de que era dueño del instrumento. También les impuso material ajeno y en la grabación de su primer single, «Love me do», sustituyó a Ringo Starr por un músico de sesión y lo relegó a tocar las maracas. Aquello escoció a Ringo durante años y fue objeto de infinidad de picadas irónicas al productor. Aunque ayer el batería, uno de los dos únicos Beatles supervivientes junto con McCartney, fue el primero en expresar su pesar por la muerte de Martin. En un mensaje en Twitter, escribió: «Dios bendiga a George Martin, paz y amor a Judy [su viuda] y a su familia. Lo echaremos de menos. Gracias por todo tu amor, amabilidad y paz». También reaccionó el hijo de John Lennon, Sean, que se declaró «destrozado» por su muerte. En las redes sociales numerosos músicos y productores lo califican de «gigante». «Era mi héroe», resume Nigel Golrich, el productor de Radiohead.

Relación profesor-alumno

George Martin sostenía que en realidad no estaba tan distante a sus pupilos The Beatles como parecía a primera vista y solía recordar que «John y Paul en realidad estudiaron en muy buenas escuelas». Pero sin duda algo había de relación profesor-alumno. Martin les llevaba quince años. Es conocido que en una de sus primeras sesiones de grabación preguntó a los Beatles si había algo que no les gustase. «Bueno, para empezar, no me gusta nada tu corbata», respondió con impertinencia cómica George Harrison.

En los años sesenta, los estudios de grabación británicos eran bastante intimidantes, con un ambiente casi de ministerio y los técnicos ataviados con batas blancas hospitalarias. El productor firmó al grupo en junio de 1962. Cuando los Beatles llegaron por primera vez y grabaron «Bésame mucho», Martin dejó a su segundo al cargo, porque era la hora de almorzar en la cantina del estudio. Pero con «Love me do» les fue prestando más atención y en noviembre de 1962 tomó una decisión muy audaz: les permitió que grabasen una de sus propias composiciones, algo muy infrecuente por entonces. Aquella primera canción genuina de Lennon y McCartney se llamaba «Please, please me» y George Martin les pidió que la acelerasen un poco. Cuando acabaron de registrarla, les dijo: «Caballeros, acaban de grabar su primer número uno». Y así fue.

Tras la disolución de The Beatles en abril de 1970, Lennon fue poco generoso con Martin, tal vez por aquello de matar al padre, y tendía a infravalorar su labor. A su juicio no había existido un magisterio del productor sobre los músicos, sino que «fuimos aprendiendo juntos sobre la marcha». Lennon tenía ganas de soltar amarras con Martin y se empeñó en que el penúltimo disco de The Beatles, «Let it be», pasase a la batuta de Phil Spector. A McCartney nunca le gustó el barroquismo del padre del muro de sonido. Muerto Lennon, auspició una versión «desnuda» de aquel álbum, sin los pomposos arreglos del locuelo Spector, un amigo de las pistolas que cumple condena por asesinar a una mujer.

Paul McCartney fue el beatle que mejor se entendió con George Martin, el que más curiosidad creativa tenía y el que era más sistemático a la hora de expresar sus demandas. «Yesterday», una canción de Paul de 1965, fue el primer tema en que tocaron músicos ajenos al círculo de Martin y los propios Beatles. Otra composición suya, «Eleanor Rigby» (1966), fue la primera alzaprimada por una excelente cascada de violines que le añadió Martin, pianista habitual en muchas de las canciones del grupo, y autor de codas tan certeras y bonitas como la de «In my life».

Nuevos sonidos

Los Beatles en el estudio se fueron volviendo cada vez más exigentes, excéntricos, consumidores de drogas y anárquicos en sus horarios, con larguísimas sesiones nocturnas. Para atender sus demandas de nuevos sonidos, Martin no estuvo solo. Uno de sus segundos, Geoff Emerick, ha reclamado para sí muchas de las ingeniosas soluciones que se escuchan en sus discos. Curiosamente, en la exploración sin límites de The Beatles a Martin le ayudó su experiencia previa como productor de discos cómicos de Parlophone, muchos de ellos con el gran Peter Sellers, porque solían demandar muchos trucos y efectos especiales de sonido.

Martin produjo discos en solitario de McCartney de enorme éxito comercial, como «Live and let die» (1976), «Tug of war» (1982) y «Pipes of peace» (1983). Tras la muerte de Diana de Gales, Elton John recurrió a la magia blanca de Martin para registrar una nueva versión de «Candle in the wind». El maestro le dijo en el estudio que se limitase a volverla a cantar con el mismo sentimiento con que la había interpretado en el funeral.

El productor se separó pronto de EMI para alimentar el sueño de su propio estudio, Air, que instaló en un lugar paradisíaco, la isla de Montserrat, al Sureste de Puerto Rico. Se convirtió en un lugar de culto al que viajaban grandes estrellas de los ochenta. Allí grabaron, por ejemplo, Dire Straits y The Police. Pero en 1989 el huracán «Hugo» se lo llevó todo por delante. Recientemente, con motivo de un documental sobre su vida, Martin regresó a Montserrat acompañado por su mujer y recorrió, con cierta desolación, las ruinas de lo que había sido su coqueto estudio.

La palabra que más se repite en esta mañana es «un caballero». Pero la grandeza del personaje radica en que pese a su porte clásico siempre estuvo abierto a lo nuevo, llegando al extremo con los experimentos psicodélicos del Sgt. Pepper’s de 1967 y la fascinante alucinación de Lennon en la canción que cierra el disco, «A day in the life». Por pionero, su viaje artístico junto a The Beatles es ya irrepetible: todo estaba por descubrir y ellos tuvieron la audacia de lanzarse a explorar otras músicas cuando su enorme éxito les permitía limitarse a explotar su fórmula ganadora.

George Martin se casó dos veces y tuvo dos hijos en cada matrimonio. Lo sobrevive su viuda, una secretaria de Parlophone con la que contrajo matrimonio en 1966.