Porque no solo fue La Mancha: estos son los lugares en los que Cervantes inspiró sus obras

ABC ha analizado desde un punto de vista geográfico el trabajo del literato para elaborar el mapa por el discurrieron sus personajes

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«En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme…». Éste es, sin duda, el comienzo más famoso de nuestra literatura. Muchas conjeturas se han hecho sobre el lugar del que partió el Caballero de la Triste Figura. Sin embargo, en «El Quijote» no fue en la única obra en la que Cervantes disfrutó jugando con la localización de la acción. Así, encontramos este recurso en otros textos como «La Galatea», «El viejo celoso» o «La Cueva de Salamanca».

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«Es un recurso suyo, pero también de la época. En muchos romances se habla de ‘un lugar…’ porque no importa tanto el espacio concreto como el genérico», señala el catedrático de Filología Románica de la Universidad Complutense de Madrid, José Manuel Lucía.

ABC.es ha analizado todas las obras del artista alcalaíno desde el punto de vista geográfico para elaborar el mapa que muestra todos los lugares por los que han desfilado los personajes imaginados por el genio. [Al final del reportaje podrás leer cómo han sido analizadas la obras]

De este modo, tal y como explica Carlos Alvar, director del Centro de Estudios Cervantinos de Alcalá de Henares, será el género al que pertenezca el texto el que determinará el que exista una mayor o menor precisión a la hora de tratar los espacios.

«'La Galatea', por ejemplo, es una novela pastoril y no es necesario dar una localización exacta; mientras, en las novelas ejemplares sí que da una localización concreta porque quiere apelar a la verosimilitud. Tiene que dejar claro que todo eso ha ocurrido en un momento y lugar determinado», explica.

Castilla-La Mancha: cuando realidad imita a la ficción

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Si tomamos las localidades que más aparecen en las obras del escritor, vemos como Castilla-La Mancha es la región más citada debido a todo el recorrido que hace Don Quijote por sus tierras. Pero, ¿qué llevó a Cervantes a ubicar su obra más famosa en esta comunidad?

«Se sitúa en La Mancha porque en aquel momento es el lugar menos literario en el que uno podría ubicar a unos personajes de una obra», apunta Lucía. «Con su inicio lo que hace es decir algo así como ‘en un lugar donde nunca hay aventuras, vivió un hidalgo…’. Con ello, lo que consigue es jugar con las expectativas del lector de aquel momento».

En este sentido, el experto subraya la importancia que ha tenido para esta región el hecho de que se ubicara allí gran parte de la trama de la que se dice que es la primera novela moderna: «Después del éxito de la obra, espacios que en realidad no eran como aparecían en El Quijote, al final se quieren parecer a lo que se dice de ellos en la obra literaria. Por ejemplo, El Toboso o Argamasilla de Alba, son lugares que hoy en día son de una determinada manera por cómo han sido citados en El Quijote. Es maravilloso pensar que hay una realidad que en este caso está imitando a la ficción literaria».

Sevilla, la ciudad de los pícaros

«Pedro Urdemales», «Rinconete y Cortadillo», «El rufián dichoso»… Si hay una urbe en la que Cervantes disfruta dando rienda suelta a sus personajes es Sevilla. De hecho, la ciudad hispalense es la que más veces aparece reflejada en sus escritos. «Es una sociedad que le gusta», asegura Alvar. «Hay que tener en cuenta que él estuvo 13 años trabajando en Andalucía como recaudador de impuestos, de manera que constituye un punto importante en su obra». No obstante, el catedrático remacha: «Su visión de los espacios no sólo refleja dónde ha vivido, sino también una percepción de la realidad de un determinado tipo».

De la misma opinión es Lucía, que aboga por no vincular las vivencias de Cervantes en las diferentes ciudades por las que pasó con su obra literaria. «Hay que tener cuidado y no pensar que todo lo geográfico que aparece citado en Cervantes es porque detrás hay una experiencia personal. No está escribiendo un diario, ni una autobiografía. Está escribiendo literatura dentro de los tópicos de la época», subraya.

De este modo, Sevilla se presentaba en el Siglo de Oro como «el centro económico» del Reino. «Allí está la riqueza, pero también están los pícaros. Es el lugar idóneo para todos esos personajes que están en el límite de la sociedad».

Más allá de los Pirineos

En lo que se refiere al extranjero, el país que tiene un mayor peso en la obra del autor es sin duda Italia. Así, ciudades como Génova, Roma o Nápoles son escenarios de obras como «El licenciado vidriera», «La Señora Cornelia» o «Los trabajos de Persiles y Sigismunda».

El territorio transalpino es una constante en la literatura de la época, pero el hecho de que el artista residiera en éste alrededor de cinco años le permite jugar con los tópicos literarios del momento e introducir además una mayor riqueza en los matices.

«Puede describir, como hace en «El licenciado vidriera», la ciudad de Génova, y lo hace a partir de los vinos que hay en las tabernas. Juega un tópico de un ingenio que seguramente no tiene que sacar de los libros como hacen otros autores, que nunca han viajado», señala Lucía. «El caso más paradigmático sería Shakespeare, que sitúa en Venecia su Otelo, sin haber estado nunca en esa ciudad, pero la describe, precisamente, a partir de todos los tópicos literarios que conlleva la literatura del momento. Él no puede meter ese matiz colorista que sí introduce Cervantes por haber vivido allí».

En este sentido, el caso de Argelia, donde el autor estuvo cautivo durante cinco años es muy similar al de Italia. En sus territorios se ubican un gran número de tramas como «El gallardo español», «La española inglesa» o «Los baños de Argel».

«El tema del cautiverio era muy recurrente en aquel momento, los escritores que tratan el tema necesitan que alguien les cuente lo que ha vivido para luego transformarlo en literatura. Cervantes tiene la capacidad de hablar de ello sin intermediarios. Eso sí, hay que tener en cuenta que cuando él nos está contando algo, no quiere hacer historia, no quiere ser un cronista objetivo, sino que lo relata porque es importante para el argumento», subraya el experto.

Los espacios imaginarios

En obras como «Los trabajos de Persiles y Sigismunda» el autor también disfruta llevando a sus personajes por los lugares más recónditos como Frislandia, la Isla Bárbara o la Isla de Plicarpo, rincones que los estudiosos han tratado de situar en el mapa sin éxito, pero que se repiten en historias y crónicas de viajes de autores de la época. Cervantes juega con ese imaginario y lo alimenta.

«Es un recurso típico del Siglo de Oro», afirma Lucía. «Cuando Cervantes diseña el viaje que hacen los protagonistas de Persiles y Sigismunda, tiene delante un mapa cartográfico como se escribía en la época. En ese mapa estaban reflejadas esas islas que en realidad se pensaba que estaban allí y nunca existieron».

Por su parte, Alvar, subraya la importancia de estos territorios para el desarrollo de la acción: «Cualquier libro de viajes tiene que ir a espacios poco conocidos porque es allí donde se pueden producir las maravillas. Cuando quiere apelar a algo extraordinario tiene que situarlo en un lugar fuera de lo común».

¿Y su Alcalá de Henares natal?

Pese a que se sabe que Cervantes nació en Alcalá de Henares en 1547 apenas cuenta con protagonismo dentro de sus escritos, sólo hay alguna al Río Henares en «La Galatea» o a la Universidad Complutense.

No obstante, pese a que el literato apenas citó a su ciudad natal, sí la quiso tener en cuenta su rival: «Lo curioso es que El Quijote de Avellaneda tiene hasta un capítulo que se desarrolla precisamente en la misma Calle Mayor donde está la casa de Cervantes», apunta Lucía.

Su ciudad favorita es...

Gracias a las descripciones que hace el autor de las ciudades por las que discurren sus personajes, se puede «jugar» a deducir qué localidades eran aquellas por las que sentía una mayor devoción. En el caso de Alvar, se decanta por «Barcelona o Sevilla», de las que, asegura, «Cervantes habla con entusiasmo».

Por su parte, Lucía se inclina por Roma o Lisboa, de las que dice que el autor efectúa grandes elogios. No obstante, por encima de ellas sitúa a Madrid, otro punto muy recurrente en sus escritos.

«Madrid en ese momento es el centro del mundo, de la monarquía hispánica, es bulliciosa, cosmopolita… apasionante para vivirla», señala, y lamenta: «seguramente a Cervantes le gustaría que hoy en día, 400 años después, la ciudad de Madrid le recordara un poquito, porque es seguramente la que menos le recuerda de todas las ciudades españolas donde él ha vivido».