Pedro Touceda, durante la presentación de su novela este miércoles 26 de junio
Pedro Touceda, durante la presentación de su novela este miércoles 26 de junio - Maya Balanya

Pedro Touceda novela su infancia y juventud a través de una colección de relatos

El periodista publica la obra «Los elefantes andan descalzos y no usan paraguas», cuyo nexo de unión es la historia, a medio camino entre la realidad y la ficción, de su familia

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Hay un alimento del que Pedro Touceda (Madrid, 1958) guarda buen recuerdo de su infancia: los exóticos pistachos que traía su padre en «cajas enormes» y causaban el mismo furor queMíster Marshall. En su primera novela, «Los elefantes andan descalzos y no usan paraguas» (autoeditada bajo el sello editorial Letrame), el periodista da cuenta de ello y más detalles de aquel Madrid de los sesenta, setenta y ochenta; y más concretamente del barrio de la Colonia de Lourdes, «el más allá», en Casa de Campo.

Estos frutos secos eran la excusa para que sus familiares cruzasen toda la ciudad en suburbano para «saborear aquel manjar» que, según su abuela con demencia, «comían los reyes de Mesopotamia». Touceda extrajo una gran lección del pistacho: «A veces era tan importante el contenido como el continente».

«No son memorias. La mayor parte es ficción, pero mi familia era tan surrealista que pasaban cosas de novela»

El continente son 41 relatos/capítulos y 180 páginas, que arranca con 800 ejemplares, y cuyo título hace referencia a la curiosa pérdida de inocencia de una de sus hermanas. ¿Y el contenido? «No son memorias. La mayor parte es ficción, pero mi familia era tan surrealista y divertida que en mi casa pasaban cosas de novela. Incluso he tenido que bajar el nivel...», cuenta el también director del Festival Iberoamericano de Cortometrajes ABC (FIBABC).

Portada de la novela
Portada de la novela

Su punto de partida es la mudanza, de niño, a la Colonia de Lourdes y acaba con su accidentado viaje a Tenerife («el fin del mundo») para hacer la mili. Esta conjugación en pretérito ficticio no le ha supuesto ningún esfuerzo, pues es «más desmemoriado para cosas recientes que para cosas del pasado».

Touceda dio con este nuevo título tras el rechazo de su anterior novela, todavía en el limbo, «Andanzas del maravilloso idiota». «En todas las editoriales me decían que estaba muy bien escrita, pero que era muy difícil de leer… que era para gourmets», cuenta.

Aburrido de aquella dinámica, volvió el pasado otoño a las «andadas» de escribir algo nuevo en Facebook, que antes solo utilizaba para subir fotografías. En esta ocasión se preguntó qué quería «leer todo el mundo» y empezó a publicar relatos durante las madrugadas tras visionar cortometrajes. Comprobó que lo que más enganchaba a sus amigos virtuales (tiene el máximo permitido: 5.000) era el factor «EGB», o sea, la nostalgia.

Mucho cuento

Ni el formato «corto» ni la autopublicación son una novedad para este periodista de ascendencia asturgallega y director de tres cortometrajes. Corría 1982 cuando publicó su primer relato, «Un solo de calle», gracias al sueldo que recibía como chico de los recados en una pequeña imprenta del barrio de Usera.

Disfrazado de «hombre-anuncio», Touceda solía darse un paseo dominguero por El Rastro y otro anual por El Retiro, durante la Feria del Libro, para vender sus propios textos. Durante los ochenta, publicó dos libros más de relatos, «Caramelos envenenados» (1983) y «Mucho cuento» (1984), gracias a una máquina multicopista de la Puerta del Sol.

Fue «Mucho cuento» el que propició su llegada a las páginas y actividades culturales de este diario. «Estando en la Feria del Libro, durante 1985, un trabajador de los talleres de ABC me compró el libro y al cabo de unos días me dio su opinión. Hablando con él, supo que yo había acabado de estudiar Periodismo y me comentó las prácticas de verano», recuerda.

Pero, ¿por qué esa tendencia al «corto»? «Porque cuando escribo, no sé lo que va a pasar. Con la novela tienes que hacer un mayor trabajo de planificación».