Edición crítica para el libreo de Hitler
Edición crítica para el libreo de Hitler - HULTON ARCHIVE

«Mein Kampf», Alemania derriba el «último tabú» sobre Hitler

El libro podrá comprarse en las librerías germanas a partir del próximo 1 de enero en una edición crítica y comentada a cargo de Christian Hartmann, al quedar libre de derechos

CORRESPONSAL EN BERLÍNActualizado:

Otto Strasser solía presumir de que fue su hermano Gregor el que, en 1924, sugirió a Hitler que escribiese sus memorias. Explicaba en tono despectivo que el único objetivo de la propuesta fue que Adolf se mantuviese entretenido y liberase así a sus compañeros de prisión en Landsberg de tener que escuchar «los interminables monólogos del tipo del primer piso». A Hitler le encantó la idea y se puso de inmediato manos a la obra, aunque para disgusto de Strasser, y según recoge en su biografía Ian Kershaw, «debieron sufrir una amarga decepción cuando Hitler comenzó a leer a diario lo que había escrito a un público literalmente cautivo». Así comenzó la gestación de «Mein Kampf» (Mi Lucha), publicado en 1925 por Franz Eher, la editorial del partido. De cada ejemplar vendido el autor se llevaba un porcentaje del 15% sobre el precio de venta, que eran 12 marcos. Durante el primer año, se vendieron 10.000 libros, 18.000 marcos en concepto de derechos de autor. Las ventas fueron de unos 7.000 ejemplares en 1926, 5.600 el año siguiente, 3.000 en 1928 y 7.700 en 1929. En 1930 las ventas subieron exponencialmente hasta los 54.000 ejemplares.

Hitler se había convertido en un superventas ya antes de llegar al poder, pero el verdadero fenómeno editorial se produjo en 1932, superando los 90.000 ejemplares. En 1933 se habían vendido más de 900.000 libros en total. Los ingresos que había proporcionado a Hitler a esas alturas eran de 1,2 millones de marcos de la época, unas setecientas cincuenta veces el sueldo de un trabajador cualificado. Y todo ello a pesar de ser un libro «malo».

«Está mal escrito»

Así lo califica el hombre que ha pasado los últimos tres años estudiándolo y preparando la edición crítica que llegará a las librerías alemanas el 1 de enero, Christian Hartmann. «Está mal escrito, lleno de errores», dice, «pero hay que tomarlo en serio porque es la fuente más directa de la que disponemos para acercarnos al pensamiento de Hitler».

Terminada la guerra, desaparecida la editorial y muerto Hitler sin descendencia, su última residencia registrada oficialmente había sido un piso de nueve habitaciones en el número 16 de la céntrica plaza muniquesa de Prinzregentenplazt, por lo que la herencia de Hitler, que incluía los derechos de autor del libro, quedó en manos del Land de Baviera, que tras una consulta al gobierno federal decidió no volver a editarlo. Esos derechos expiran el próximo 31 de diciembre y «Mein Kampf» pasará el 1 de enero a estar libre de fueros. Ese es el motivo por el que el Instituto de Historia Contemporánea de Múnich ha querido adelantarse con una edición crítica comentada que deberá competir seguramente con muchas otras que irán apareciendo. «“Mein Kampf ”es un tabú, el último de nuestro tiempo y seguramente habrá alguien dispuesto a hacer negocio con el libro», advierte su director.

El estado de Baviera decidió en 2012 invertir en la reedición comentada medio millón de euros, pero el proyecto estuvo a punto de ir a pique en 2013, cuando, tras un encuentro con periodistas israelíes, el presidente regional Horst Seehofer consideró la posibilidad buscar el modo legal de prohibir la publicación del libro. El debate en torno a su trabajo ha generado dudas en Christian Hartmann, pero «viajar a Israel y recibir el apoyo del Centro de Documentación sobre el Holocausto Yad Vashem y de sus historiadores ha sido una tranquilidad».

Veteranos de guerra

La edición comentada contiene más de 3.500 notas a pie de página que contradicen a Hitler punto por punto. Por ejemplo, allí donde Hitler denuncia que el Imperio Alemán no se ocupa de los veteranos de la Primera Guerra Mundial, se aportan datos de archivo sobre el estado de bienestar de la época y las ayudas que recibían estos soldados, además de añadir que años más tarde el Tercer Reich envió a las cámaras de gas a más de 5.000 de aquellos veteranos de guerra. Aunque también hay notas que dan la razón a Hitler. Cuando afirma que «los judíos dominan la prensa», los archivos confirman que antes de 1914 estaban sobrerrepresentados en las editoras de acuerdo a la proporción que suponían en la población alemana y así es trasladado al correspondiente pie de página.

El propio Hartmann ha reconocido a «Süddeutsche Zeitung» que posiblemente sea su procedencia de una familia de médicos lo que le ha permitido acercarse a esa obra desde el frío planteamiento científico de un patólogo, allí donde otros historiadores se muestran decididamente militantes en el objetivo de desmontar a Hitler. Pero hay otras formas de enfrentarse al tabú.

Antes de que «Mein Kampf» haya puesto de nuevo un pie en las librerías alemanas, el autor y director de documentales Matthias Kessler ha presentado «Un ajuste de cuentas. La verdad sobre “Mi Lucha” de Hitler», un pormenorizado estudio de todas las personalidades que contribuyeron de uno u otro modo al libro de Hitler. Se detiene especialmente en el papel de Dietrich Eckart, como hombre bien relacionado en los círculos burgueses de Baviera y de Berlín que utilizó el texto para introducir a Hitler en sociedad, lo que le permitió obtener apoyo económico de empresarios y hombres adinerados para el partido a la vez que pulía su saber estar. Aquellas clases ilustradas alemanas no supieron o no quisieron leer el peligro entre las líneas del libro y ese error es el trasfondo sobre el que, durante siete décadas, el libro haya sido permitido solamente con usos didácticos, fundamentalmente en la Universidad.

A favor y en contra

Para el periodista Sven Felix Kellerhoff, autor de un libro sobre la historia de «Mein Kampf», la prohibición no ha hecho más que «mitificar» la obra. «Es absolutamente necesario poner una versión comentada seria a disposición del público», defiende, la misma posición que justifica la politóloga Barbara Zehnpfennig, que no cree que a los alemanes les vayan a entrar ganas de invadir Polonia por leerlo: «Es muy importante estudiar de forma exhaustiva a Hitler y su concepción del mundo. Somos adultos y llevamos 70 años en democracia, creo que podemos soportar leer un libro como éste». «El libro es peligroso. Es una caja de Pandora», mantiene sin embargo Charlotte Knobloch, de la comunidad judía de Múnich, consciente del impacto que la obra sigue teniendo hoy en día en Oriente Medio.

El texto completo de «Mein Kampf», puede conseguirse fácilmente a través de internet y es editado libremente en muchos otros países, hechos que aparentemente desactivan el debate sobre la conveniencia de la reedición. Pero para los alemanes la polémica tiene sentido. Incluso después de que obras cómicas como «Er ist wieder da», de Timur Vermes, y recientemente llevada al cine, hayan demostrado que la figura de Hitler ha sido ya desmitificada. Pero Hartmann previene contra la trivialización: «El tiempo nazi no tiene nada de gracioso respeto a cualquier chiste hecho sobre él antes de 1945, pero a partir de esa fecha el humor es la forma más barata de distanciamiento. En lugar de burlarnos del pathos de Hitler, lo indicado es preguntarnos cómo habríamos reaccionado en aquel momento».