Hugo O'Donnell
Hugo O'Donnell - José Ramón Ladra

Hugo O'Donnell: «El patriotero ignorante es tan peligroso como el independentista visceral»

El académico completa la «Historia militar de España», un compendio en nueve tomos que cambia la visión de nuestra inmensa historia

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Puestas en orden de batalla, las fuerzas de la ciencia histórica española nunca habían estado tan bien organizadas. De manera complementaria, en una combinación aplastante de razones y documentos, los mejores historiadores académicos y militares han formado un frente inédito y común durante más de una década para desterrar los mitos idealizados del pasado, someter a los mefíticos mensajeros de la leyenda negra y debelar a quienes quieren contarnos una historia tan extensa como la nuestra sin el apego debido a los hechos.

Han investigado momentos históricos diversos, victorias y derrotas de los hombres y mujeres que a lo largo de los siglos han pasado por la milicia y que dan sentido a las Fuerzas Armadas que hoy participan en misiones de paz y ayudan en catástrofes. El «general» de todo este esfuerzo científico, respaldado por la Real Academia de la Historia, ha sido Hugo O’Donnell. El zafarrancho ha dado como fruto los nueve tomos de la «Historia Militar de España», que terminaron de editarse a principios de verano con un esfuerzo colectivo notable.

-¿Qué tipo de conocimiento aporta esta obra sobre nuestra historia?

-La historia militar de una nación como España es inacabable. Hemos dado por sabido lo que ya se sabe, incluimos las novedades aportadas por la investigación y hemos tratado de deshacer los entuertos de fuera y de dentro.

-¿De fuera y de dentro?

-La leyenda negra sigue viva y se nota cada día, aunque sea entre líneas. Dentro de España no la llamamos ya leyenda negra, tiene otro nombre, tenemos muchos ejemplos. Se utiliza con intención política y es una intromisión, que puede tener dos sentidos. El patriotero ignorante es tan peligroso como el independentista visceral o el revisor partidista. Y la de fuera sigue viva. Al europeo medio que preguntes responde con las barbaridades de siempre, no hemos conseguido transmitir la verdad.

-¿El patriotero es producto de esa leyenda?

-Desde luego es una reacción natural de quienes están hasta el gorro de recibir ataques o escuchar falsedades. Pero por eso en la obra hemos querido dejar claro dónde está la verdad de los hechos históricos, para que nadie se confunda. Hemos reunido a los mejores. Ha habido dicotomía tradicionalmente entre universidad y mundo militar. La universidad no enseña táctica, ni armamento, cosas esenciales en el abanico de la historia militar, que por supuesto también tiene necesidad de mucho análisis cultural, sociológico, o musical y hasta poético.

-¿Había algún precedente?

-Los portugueses y los franceses marcaron una buena pauta. La pregunta es: ¿vamos a privarnos de lo que tienen que aportar los militares porque puedan carecer alguna vez del mismo método histórico? En el tomo de las batallas, los movimientos tácticos son esenciales. No conozco ningún académico capaz de explicarlos como un profesional.

-¿Qué ha aprendido un especialista como usted con la obra?

-¡Muchísimo! Hoy se tiende a la especialización y no se puede saber de todo. Como historiador general me han dado muchas lecciones mis colegas especialistas y como investigador he aprendido. El trabajo es enormemente enriquecedor y diverso en la interpretación. Se pone al día también en esas formas honradas de interpretar la historia. Todas son plausibles, desde los hechos ciertos. No puedes discutir quién ganó la batalla pero sí el porqué.

-Diga alguna aportación sustancial.

-Por ejemplo, un estudio sin precedentes del ejército de Al Andalus de María Jesús Viguera. Otro sobre el Ejército de Euskadi de Juan Pablo Fusi. El siglo XIX considerado en su totalidad no tenía un estudio como el del tomo dirigido por Miguel Artola. O lo poco que se sabía de la nonata bomba atómica española, escrita por su protagonista, un general especializado. Estuvimos a punto de conseguirla, teníamos la tecnología y los medios, pero no se permitió... Entre 1959 y 1970 España hizo prácticamente lo que están haciendo ahora los iraníes.

-La sociedad española tiene cada vez mejor imagen del ejército. ¿La obra es actual en ese sentido?

-El mundo militar se concibe hoy desde otros parámetros. Escribían en las academias militares una historia que subrayaba lo idealizado, porque el fin no era hacer ciencia sino elevar la moral. Pasó en todos los países del mundo. La historia puede enseñar moral militar o también su ausencia, incluso estudiar la cobardía. Hoy el Ejército español es también un ejército culto desde el punto de vista científico. Admite y estudia las victorias y las derrotas de su historia, por supuesto, porque tenemos historia para dar y tomar.

-Un Ejército culto rima con el siglo XVIII de los marinos y militares ilustrados. ¿Hasta qué punto importa?

-España es Europa mucho antes de ingresar en la UE, desde siempre. Nunca fue diferente, aunque tuviera sus peculiaridades, como pudo ser la lucha contra el islam en la Edad Media. Pero somos un mundo y una cultura integrada perfectamente en la Cristiandad. En el XVII recorrimos el mundo, era el Siglo de Oro de las letras y de las armas. Se hablaba del arte de la guerra.

-Y muchos autores eran soldados.

-Muchos lo fueron, sí. Pero tanto ellos como los puramente literatos concibieron la milicia en un sentido que luego se fue perdiendo. Ser soldado estaba al alcance de todos. Lo comprendían y luego lo contaban con naturalidad.

-¿Cuál fue la fuente de evolución de ese ejército y cuál es todavía?

-En el siglo XVIII llega la racionalidad. Lo que hizo Felipe V es lo mismo que se hace ahora respecto a la potencia dominante. Entonces se copió la organización francesa porque era buena, como ahora imitamos por su eficiencia la de la OTAN o la estadounidense. Cualquier otra cosa sería absurda.

-¿Cómo se explica lo que ocurrió con el ejército durante el XIX?

-Es el siglo de la irrupción de la política en la milicia… o a la inversa. ¿Es un fenómeno aislado, nuestro, origen de todos nuestros males? No, es europeo, es un fenómeno del romanticismo.

-¿Romántico en qué sentido?

-La vida militar es romántica y el romanticismo abarca no solamente la guerra sino la ideología. Hay militares de entonces que militan en aspecto político, les falta una maduración. El militar aséptico existe sobre todo cuando hay un Estado fuerte. Pero solo hay que recordar que todos los partidos del panorama político tuvieron su espadón. Ahí no hay quejas.

-Pesa mucho el XIX en nuestro siglo XX. ¿También en lo militar?

-El XX es un siglo extraño para nosotros, hay especificidades. España no se encuentra a sí misma, por muchos motivos, por las rémoras del siglo XIX.

-¿Pero está superado actualmente?

-Yo veo al soldado actual como el compendio perfecto del soldado. Es consciente de que tiene derecho también a sus ideas políticas y su cultura.

-En el XX tenemos el costurón que no cicatriza: la Guerra Civil.

-Que hunde sus raíces en otras guerras civiles del XIX pero que mantenemos en una vitrina, más romantizadas.

-¿Tenemos mal enfocada la guerra de África?

-Totalmente. Será un pensamiento trasnochado, pero España, que había perdido el mundo ultramarino, se sintió obligada a participar en lo que se concebía a ese nivel, no con criterio moderno, la culturalización. Ahora vemos la colonización desde el punto de vista negativo, pero hay que ponerse en el contexto.

-Y se culpa al ejército africanista de la sublevación contra la República.

-Es un proceso que se produjo también en otros lugares. En Francia, la OAS o los militares argelinos sufren algo parecido, pero les cortan la posibilidad de acción. No somos un país tan raro.

-¿Qué encontrará el lector culto en la trama de historias de esta obra?

-Nuestra gran preocupación ha sido saber transmitir. Corríamos el peligro de hacer un rollo de mucho cuidado. Buscábamos un lenguaje asequible y fácil. Esa ha sido mi misión, como director.

-El Ejército es fuente también de innovación. ¿Es justo reivindicarlo?

-La verdad está en un justo término. No podemos caer en el buenismo. Los militares están para dar y recibir la muerte, desde tiempos prehistóricos. ¿Pero con qué fin? Proteger su país, las familias, su cultura. El defecto es emplearlos erróneamente. Pero las razones por las que existe la milicia están tan vivas como siempre. Hoy día una de las misiones del ejército es evitar la guerra. Eso sí es propio de esta época nuestra. Hay una energía que el ejército representa para un país, una capacidad de acción y un medio de hacerse respetar, su vida, su integridad y sus derechos. La idea madura del ejército es esa.

-¿Hay héroes? ¿Qué son?

-Una persona descubre que es héroe cuando lo es. No se le ve antes: ahí va uno que va para héroe (ríe). La heroicidad es algo extraordinario, respetando hechos que responden a mentalidades. Es una excentricidad del ser humano que responde a una mentalidad de sacrificio y no tiene en cuenta el término egoísta. Puede ser un hecho puntual o una trayectoria. Analizarlo es tan complejo como analizar las batallas.

-¿Por qué?

-La batalla es una manera de tomar el pulso a una organización, incluso a toda una época. Por ella podemos saber si no había moral, si estaban mal armados, o si los generales eran un desastre. Lo mismo pasa con los hechos heroicos, que reflejan la época. Por ejemplo, Cascorro: ¿qué movió a este chico, sin educación, a sacrificarse? Estaba convencido de que tenía que hacer lo que hizo. Muchos en España lo han olvidado.

-¿Será esta obra origen de nuevas investigaciones?

-Está orientada al futuro, primero por el último tomo de historiografía comparada, el último publicado. Aquí figura lo que se ha hecho sobre cada tema a día de hoy. De los nueve tomos, siete son un trasunto histórico, los otros dos son grandes aportaciones, táctica e historiográfica. Y hay dos bases de datos sacadas de los historiales para que los demás puedan utilizarlo, como apuntes biográficos de oficiales de todos los tiempos.

-La relacion de España con su historia está rompiendo muchos clichés. Hay hambre de conocer más, ¿qué recomendaría el director de la Historia Militar de España?

-Yo diría que puestos a comer vamos a seleccionar lo que comemos. Has señalado el hambre. Caemos en el peligro de la mala novela histórica. La hay muy buena, que cuenta no solo hechos sino también lo que pensaban los personajes que vivieron en la época. Galdós, el padre Coloma… lo hacen de manera válida y creíble. Un cuadro histórico total. La novela histórica puede ser la gran introductora de la historia o la gran enemiga de la historia, porque la gente ansiosa de conocer los hechos tiende a lo fácil, lo llamativo, con aditivos narrativos que dan interpretaciones de la historia que no son válidas. Ni buenas, porque el que lo ha leído se convence de que fue así, y se morirá convencido de ello y de que ya no necesita saber más.

-Es otra batalla por la verdad.

-Es una gran batalla. Yo mismo llegué a la historia por la novela histórica, Galdós, el padre Coloma, Walter Scott, tantos otros europeos y españoles. Son dos campos que pueden convivir y solo ahora entran en conflicto a veces.