Germán Arciniegas y Emma Reyes
Germán Arciniegas y Emma Reyes - abc
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Emma Reyes, cartas de mi terrible infancia

Llega a España «Memoria por correspondencia», libro en el que la pintora colombiana relata su difícil niñez

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La artista colombiana Emma Reyes (1919-2003) conoció al historiador Germán Arciniegas (1900-1999) en París, en 1947, en un acto de la Unesco. La pintora llevaba tiempo instalada en la capital francesa, donde ya gozaba de cierto prestigio en la escena artística de la época. Nada hacía imaginar a Arciniegas que, bajo la imagen cándida, hospitalaria y generosa de Reyes, se escondía un pasado tenebroso, del que muy poca gente logra escapar. En los largos paseos que compartieron a la orilla del Sena, la artista confesó al historiador un secreto que llevaba años atormentándola: su terrible infancia.

Nacida en Bogotá, Reyes fue abandonada junto a su hermana Helena al cuidado de una extraña (la señora María) tras quedar huérfanas. Al poco tiempo, las niñas fueron internadas en un convento en Bogotá, donde transcurrió su adolescencia entre golpes, gritos y abusos psicológicos. La historia conmovió a Germán Arciniegas, que animó a su amiga a que la pusiera por escrito. La pintora, que aprendió a leer y a escribir muy tarde y no fue a la escuela ni a la universidad, temía sentirse expuesta. Pero Reyes era una veterana del género epistolar, única vía de contacto con sus amigos al otro lado del charco. El 28 de abril de 1969, el mismo día que De Gaulle salió del Elíseo, Emma Reyes envió a Germán Arciniegas la primera de las veintitrés cartas que componen «Memoria por correspondencia», libro publicado en Colombia hace tres años y que, por fin, ha llegado a España gracias a Libros del Asteroide, con prólogo de Leila Guerriero y apéndices del propio Arciniegas y Diego Garzón.

Pero no fue fácil que la «autobiografía» de Emma Reyes viera la luz. Como cuenta a ABC en conversación vía email Felipe González, editor de Laguna Libros (la editorial colombiana que «obró» el milagro), por la casa de Arciniegas desfilaban numerosos intelectuales latinoamericanos y el historiador, consciente del enorme valor de las cartas, violó «más de una vez» el acuerdo de confidencialidad suscrito con su autora. Así fue como Gabriel García Márquez (1927-2014) descubrió el pasado de su vieja amiga y, llevado por la emoción, le escribió para animarla a que terminara de contar su historia. Según explica González, «esta explosión de elogios constituyó para ella una prueba de la traición de su confidente» y, aunque la amistad entre Reyes y Arciniegas no se rompió, la artista tardó veinticinco años en «retomar su labor inconclusa». El historiador recibió la última carta, fechada en Burdeos, en 1997. Tras morir Arciniegas el 30 de noviembre de 1999, su familia «heredó» la correspondencia y «negoció» con Emma Reyes las condiciones en las que la obra debería aparecer publicada, nunca mientras ella estuviera viva.

Un gran valor humano

Casi diez años después de que la pintora falleciera, Camilo Otero, director de la Fundación Arte Vivo (con sede en Málaga), llamó a la puerta de la editorial Laguna Libros en Bogotá. En sus manos llevaba el manuscrito de «Memoria por correspondencia», que «encontró mientras investigaba sobre la vida de Emma Reyes». Felipe González confiesa que quiso publicarlo desde que lo leyó: «Con el corazón acelerado, le escribí a Camilo Otero diciendo: quiero publicarlo». A las pocas semanas, la obra llegó a las librerías y se convirtió, contra todo pronóstico, en el libro del año en Colombia. Más allá de su valor literario (que es mucho, como comprobarán quienes lo lean, con la respiración entrecortada), el editor colombiano destaca su «valor humano, el poder narrar una experiencia tan trágica mediante una voz que no deja ver un sólo trazo de odio o de rencor, porque es capaz de recrear la mirada infantil que no entiende o no juzga». Una opinión que comparte Luis Solano, editor español de la obra:«Cuando lo leí me pareció que el testimonio tenía tanta fuerza, era tan real, tan vivo, que las dudas que pudiera tener en cuanto al interés que el país y la época podrían despertar se disiparon enseguida».

Entre los defensores de esta «Memoria por correspondencia» se encuentra el escritor Darío Jaramillo. Según destaca el autor colombiano en un email a este diario, en la obra de Emma Reyes «hay una distancia de la voz narradora con la niña que ella fue que permite eliminar los sentimentalismos y contar un historia terrible como si le hubiera sucedido a otra persona». A su juicio, «el libro es desgarrador, pero no se ocupa de lograr el desgarramiento como un efecto especial, sino que éste surge por la fuerza con la que se narran los hechos».

Y es que, como advierte Leila Guerriero en el prólogo, estamos ante «alguien que ha sabido pasar el sentido trágico de la vida por el tamiz adecuado para transformarlo en el regocijo trágico de la prosa». Una prosa que, más que nunca, es la propia vida.