MÚSICA

Niños prodigio del jazz, en busca del trono

El género tiene el futuro asegurado. Cinco artistas de todas las edades que han sido bendecidos no sólo por las leyendas del género (aún vivas), sino también por la crítica y el público especializado

MadridActualizado:

Todos estos músicos de jazz despuntaron muy jóvenes y la mayoría fueron considerados niños prodigio en sus inicios, bendecidos, incluso, por las grandes leyendas. Son solo una muestra que demuestra que el futuro del género está asegurado:

Julian Lage (guitarrista, 31 años)

Desde hace tiempo Julian Lage (Santa Rosa, California, 1987) es considerado el gran heredero al trono de la guitarra. «The New York Times» le definió como «uno de los virtuosos más bellos del jazz, poseedor de una facilidad técnica imperturbable y una curiosidad aparentemente ilimitada». Mientras otros críticos ya se han atrevido a situarle por encima de leyendas como Bill Frisell, John Scofield y Pat Metheny, los nombres más relevantes del instrumento en las últimas décadas. Casi nada.

Con 31 años, cuenta con un currículo envidiable para cualquier artista con el doble de edad. Lage fue un niño prodigio que, en 1997, hasta protagonizó un documental sobre su talento con la guitarra: «Jules At Eight». Ese mismo año, Carlos Santana le invitó a subirse al escenario frente a 20.000 personas. Sin problema, de regreso a casa se quedó dormido en el coche. Desde entonces, ha sido reclutado por gigantes como Jim Hall, David Grisman, Béla Fleck, John Zorn, Charles Lloyd o el vibrafonista Gary Burton, el mismo que acompañó antaño a Stan Getz o Piazzolla. Y ha publicado cuatro discos como líder y otros seis como colíder junto a músicos como el pianista Fred Hersch y el también guitarrista de Wilco, Nels Cline. Fue con este aclamado dúo con el que empezó su escalada hacia una cima que está a punto de coronar. ¿Una exageración? Escuchen « Modern Lore» (2018) antes de escandalizarse.

Christian Scott (trompetista, 36 años)

Para Christian Scott (Nueva Orleans, 1983) la trompeta fue un salvavidas. La descubrió con 11 años en su colegio del Distrito 9 de la «ciudad del jazz», todo un paraíso para los adictos al crack, pero un infierno para el resto. Y no la soltó hasta que, con 15 años, su tío, el saxofonista Donald Harrison -que antaño formó trío con Ron Carter y Billy Cobham-, se lo llevó de gira con su banda de postbop.

Al terminar sus estudios en la Berklee College of Music, con 19 años, grabó su primer y homónimo disco. Y con el tercero, « Rewind That» (2006), eclosionó en el panorama mundial tras ser nominado a los Grammy. Desde entonces ha publicado 14 álbumes como líder, 15 más con otros proyectos, creado una ensemble de la que salieron músicos como Esperanza Spalding y requerido por gigantes como Cypress Hill, Mos Def, Marcus Miller o Prince. Un camino marcado por una evolución sorprendente que le valió el alias del «rey del nuevo jazz», gracias a su particular fusión con el rock, el hip hop, los ritmos africanos y el trap. Crítico con el clasicismo de Wynton Marsalis -«cuando escucho esa mierda no me toca», dijo a «The Guardian»-, Scott ha creado tendencia con sus melodías y fraseos, pero también con esa estética, que recuerda al Miles Davis de los 80. Es una especie de icono que ha trascendido la música. La prueba: el protagonista de la serie «Treme», el trompetista Delmond Lambreaux, se inspiró en su vida.

Cécile McLorin (cantante, 30 años)

El prestigioso crítico de jazz Stephen Holden -famoso por sus reseñas en «New York Times», «Rolling Stone» y «The New Yorker»- aseguró en 2012 que, «si alguien puede continuar el linaje de las Tres Grandes (Billie Holiday, Sarah Vaughan y Ella Fitzgerald), es esta virtuosa de 23 años». Se refería a Cécile McLorin Salvant (Miami, 1989), la cantante estadounidense de padre haitiano y madre francesa que, tras convertirse en la ganadora más joven del prestigioso concurso internacional de jazz Thelonious Monk hace una década, no ha hecho más que deslumbrar con su talento a periodistas especializados y compañeros de profesión. «Tiene elegancia, alma, humor, sensualidad, poder, virtuosismo, rango, inteligencia, profundidad y gracia», dijo el trompetista Wynton Marsalis.

Y eso que empezó aprendiendo música clásica antes de irse a Francia a estudiar jazz con el saxofonista Jean-François Bonnel. Con él lanzó su carrera y grabó su primer disco en 2010, haciendo que todo a su alrededor pareciera superficial. Desde entonces, este huracán artístico no ha dejado un solo detalle de su trayectoria sin cubrir de forma brillante. Sus tres últimos discos, de hecho, han ganado el Grammy al Mejor Álbum Vocal de Jazz. Y en 2014 también ganó la encuesta de los críticos de «Down Beat» en cuatro categorías. «Nunca escuché a una cantante con ese dominio sobre tantos estilos», declaró el pianista Aaron Diehl.

Joey Alexander (pianista, 16 años)

El caso de Joey Alexander (Denpasar, Bali, 2003) es único. Hablamos del niño prodigio más importante que ha dado el jazz en las últimas décadas. Uno a la altura de otros genios precoces como el batería Tony Williams, que entró a formar parte de la banda de Miles Davis con solo 17 años. A este músico indonesio, sin embargo, aún le faltan los galones del fallecido percusionista, pero desde que fue invitado por W. Marsalis a tocar en el Jazz at Lincoln Center con 11, The New York Times le convirtió en «la sensación del jazz que apenas ve por encima del piano».

A partir de ahí todo fue rodado. Se trasladó con sus padres a Yakarta y, después, a Nueva York para «mejorar su arte y explorar nuevas músicas». A los 12 publicó su primer álbum, « My Favorite Things» (Motema, 2015), y actuó en los prestigiosos festivales de Montreal y Newport donde fue elogiado por figuras como H. Hancock. Más tarde vinieron las giras por España, Italia, Irlanda, Suiza, Francia, Alemania y Noruega y otros tres discos más que fueron nominados a los Grammy. «El jazz es mi vocación. Me gusta porque está lleno de ritmo e improvisación y trata de la libertad para expresarme», asegura este pianista de 1,50 metros de altura, 36 kilos y referentes tan gigantes como Louis Armstrong, Coltrane y Thelonious Monk. Ahora debe demostrar que lo suyo no son fuegos artificiales. Y tiempo tiene de sobra... a punto de cumplir los 16.

Andrea Motis (cantante y trompetista, 24 años)

Hace ya unos años que la joven trompetista Andrea Motis (Barcelona, 1995) se convirtió en un fenómeno mundial del jazz que se rifan en Europa, Japón y Estados Unidos. Un milagro que comenzó cuando, en su séptimo cumpleaños, se apuntó a la Escola Municipal de Música de Sant Andreu, donde fue un caso único. A las seis clases ya tocaba algún tema entero. Pronto entró en la Big Band y a tocar también el saxofón y a cantar. Con 15 publicó su debut junto a su profesor: « Joan Chamorro presenta Andrea Motis». Y, desde entonces, su actividad ha sido frenética: grabó cinco álbumes en cinco años junto a este y Quincy Jones la invitó a tocar con él en directo.

«El próximo disco lo sacas ya sola», insistía Chamorro. Pero ella no tenía prisa y se negó, hasta preguntó por ella Impulse!, el sello estadounidense donde grabaron John Coltrane, Charles Mingus, Ray Charles, Duke Ellington, Dizzy Gillespie y Count Basie. Y cedió. Grabó Emotional dance (2017) en Nueva York con el productor de Norah Jones. Y ahora ha publicado « Do Outro Lado Do Azul» (2019) con Universal, un trabajo con el que sigue quemando etapas a una velocidad asombrosa. Ocho discos y varias giras internacionales después, sigue llamándola «la gran revelación del jazz». «No me importa, es normal, porque empecé muy joven, pero aún tengo 21 años», aseguraba a ABC en 2017.