El selfie que Ana Llurba dedica a ABC Cultural
El selfie que Ana Llurba dedica a ABC Cultural - A. Ll
Darán Que Hablar

Ana Llurba: «Lo difícil no es escribir sino corregir, reescribir, ser autocrítica»

Con «Este es el momento exacto en que el tiempo empieza a correr» logró el premio de Poesía Joven Antonio Colinas y, mientras corrige un libro de poemas y prepara su primera novela, esta joven argentina afincada en Barcelona está dando mucho que hablar

MADRIDActualizado:

- ¿Cuáles son sus intereses como escritora?

- El fracaso, las expectativas vitales no cumplidas, la frustración, el miedo a los cambios definitivos como la muerte o la maternidad, al inevitable paso del tiempo. En relación a esto, hay una frase que dice algo así como «existe un reloj biológico, otro para la vida profesional, otro para las relaciones sentimentales: ser mujer es como estar todo el tiempo frente al mostrador de un aeropuerto donde  todos los cuadrantes de todos los relojes de todas las zonas horarias están señalando hacia ti». Es de Sloane Crosley y, en este momento particular de mi vida, siempre la tengo rondando en mi cabeza...Me gusta memorizar frases, citas, aprenderme cosas de memoria. Siempre fui una alumna repelente.

- ¿Y como lectora?

- Soy una lectora muy ecléctica: ensayos (lo último que me impactó mucho fue «El anzuelo del diablo. Sobre la empatía y el dolor de los otros», de Leslie Jamison) ficción (las reediciones de la maravillosa Aurora Venturini), en poesía me encanta casi todo de Kriller 71, La Bella Varsovia y El Gaviero, además leo fanzines que hacen amigas mías, como Orfidal, y también textos «activamente residuales» como una investigación «hermenéutica» sobre la presencia de los extraterrestres en la Biblia...

- ¿Sobre qué temas suele escribir?

- Las incertidumbres, las ansiedades, las expectativas: esas zonas oscuras, carentes de certezas, desde mi educación sentimental pop y, también, algunas veces, desde el humor autoreflexivo. Es un proceso no muy consciente y hay un gran desfasaje, bastante frustrante, entre lo que tengo en la cabeza y el resultado final.

- ¿Dónde ha publicado hasta el momento?

- El Premio de Poesía Joven Antonio Colinas lo publicó Ediciones de la Isla de Siltolá, pero yo no los conocía de antes. Y eso es lo único que he publicado, hasta el momento. Además, me siento muy realizada con los perfiles que escribo para Ahora Semanal sobre grandes creadoras e intelectuales como Sophie Calle, Renata Adler, Joan Didion, Fleur Jaeggy, Miranda July y, muy pronto, sobre la madre española del pop, la gran Maruja Mallo.

- ¿Con cuáles de sus «criaturas» se queda?

- Solo he publicado un libro y, como lo escribí hace dos veranos, es un poco como un ex novio: una presencia algo fantasmal, que ya casi olvidé. Supongo que me quedo con lo que estoy corrigiendo ahora... Aunque la verdad es que nunca me siento demasiado conforme con lo que escribo. Lo difícil no es escribir sino corregir, reescribir, ser autocrítica.

- Supo que se dedicaría a esto desde el momento en que…

- Nunca he tenido la convicción. Aunque tuve una infancia bastante pobre y austera, tuve la suerte de que en mi casa había libros, muchos, y que de peque me llamaba la atención que mi madre leyera «para adentro», sin mover los labios y yo la quería imitar, admiraba esa capacidad de concentración y aislamiento del mundo. Con el paso de los años, no recuerdo con exactitud cuándo, pasé de imitar a mi madre a imitar a los escritores que me gustaban...

- ¿Cómo se mueve en redes sociales?

- Bien, siento que son como una ventana abierta al exterior, aunque también hay que saber cuándo cerrarla, guardarse cosas y conectar con una misma. La exhibición total aburre.

- ¿Qué perfiles tiene?

- Uno en Facebook, donde soy más activa, y otro en Twitter, donde soy bastante voyeur.

- ¿Cuenta con un blog personal?

- No, tuve un par pero los cerré. Cuando todavía vivía en Córdoba, Argentina, y no habían explotado las RRSS, a través del blog participaba de una especie de comunidad generacional y de lecturas compartidas con otros colegas escritores. Supongo que ahora las RRSS han prolongado, de una forma más difusa, esa experiencia de comunidad.

-¿Qué otras actividades relacionadas con la literatura practica?

- Trabajo desde hace mucho en el mundo del libro. He trabajado de librera, de comercial,  lectora, asistente editorial, también he coordinado proyectos de edición y comunicación, y actualmente escribo sobre libros en varios medios. Además,  tengo mi propia editorial, Honolulu Books, que es un proyecto diminuto y que me ha traído algunas frustraciones y dolores de cabeza pero también muchas satisfacciones.

- ¿Forma parte de algún colectivo/asociación/club?

No en un sentido estricto, pero colaboro con una web, La tribu de Frida, coordinado por Carmen G. de la Cueva, donde escribe mucha gente con gustos diferentes a lo míos pero de quienes aprendo mucho. Esto me ha hecho recuperar ese sentido de comunidad, de pertenencia a algo que tuve alguna vez en Argentina. Además de Honolulu Books, con la fotógrafa Celina Bordino (quien hace los retratos de las cubiertas) tenemos un par de proyectos artísticos en común. Y gracias a Honolulu también me siento parte de una comunidad de gestoras DIY (Nenazas, Bulbasaur, Los archivos de Beauvoir y tantas más) que a pesar de las crisis, la precariedad y el desencanto siguen adelante.

- ¿En qué está trabajando justamente ahora?

- Estoy corrigiendo un libro de poemas que se llama «Nuestras rutinas durante el Apocalipsis». Y tengo una novela cuya primera versión espero acabar para comienzos del 2016.

- ¿Cuáles son sus referentes?

- Marosa di Giorgio es una poeta uruguaya personalísima. Una escritora-ovni, única. Está en el canon de «los raros», junto a Mario Levrero y Felisberto Hernández pero todavía no ha sido publicada en España. Entre las narradoras: Lorrie Moore, Amy Hempel, Donald Barthelme, Lydia Davis o George Saunders, son voces con las que tengo un diálogo mental permanente. Entre mis novelas favoritas están «Siempre hemos vivido en el castillo», de Shirley Jackson, y «Los vivos y los muertos», de Joy Williams.

- ¿Y a qué otros colegas de generación (o no) destacaría?

- No son colegas de generación, en un sentido estricto, pero sí contemporáneos hispanoamericanos: Gabriela Wiener, Mercedes Cebrián, Miriam Reyes, Aloma Rodríguez, Berta García Faet, Valeria Luiselli, Lina Meruane, Elena Medel... Entre los argentinos, Lola Arias, Pablo Natale, Virginia Cosin, Martín Castagnet o Hernán Vanoli están más cerca de mis gustos personales y las tradiciones literarias que me interesan pero Samanta Schweblin y Selva Almada son tremendas, también.

- ¿Qué es lo que aporta de nuevo a un ámbito tan saturado como el literario?

- Creo que debería escribir y publicar muchos más libros para intentar responder a esa pregunta.

- ¿Qué es lo más raro que ha tenido que hacer como escritor para sobrevivir?

- Siempre he hecho todo tipo de trabajos «raros». Desde el primero, que fue animar fiestas de cumpleaños en McDonald's a los 18 años, hasta de azafata, recién llegada a Barcelona, diez años después, en una campaña de Navidad en el Boulevard Rosa. Me pasaba toda la tarde sentada en un banquito en el medio de la galería, entregando unas tote bags color fucsia con unas lucecitas muy kitsch a la gente que había comprado más de 50 euros. Tenía prohibido hablar con las dependientas de las tiendas pero podía leer todo lo que quisiera, así que estaba encantada.