Toy StoryVeinte años jugando con Buzz y Woody

Hace dos décadas se estrenó «Toy Story» en Estados Unidos

La película, que marcó un ciclo en el cine de animación, abrió el paso a la generación Pixar

John Lasseter consiguió que miráramos a los juguetes de otra manera

MadridActualizado:

Poco pintan en una misma habitación un vaquero y un astronauta, salvo que sean juguetes. Eso debió pensar John Lasseter cuando imaginó «Toy Story», esa historia en la que metía a todos los juguetes que había tenido durante su infancia dentro de una misma sala y les daba vida. Pensamientos, sentimientos, preocupaciones... cada uno tenía su propia personalidad, pero todos un objetivo común: que jugaran con ellos. Lasseter persiguió durante muchos años el proyecto, tantos que cuando llegó el estreno el 22 de noviembre de 1995 casi no creía en él. Esperaba cosechar el reconocimiento de la crítica, más por lo que había sido capaz de crear –el primer largometraje de animación hecho por ordenador— que por la película en sí. Era algo inédito, pero tenía el temor de que no atrajera al público.

Sin embargo aquellos personajes tenían algo especial que conectó con la gran pantalla. Buzz y Woody consiguieron que miráramos a los juguetes de manera diferente, que los niños abrieran la puerta de su cuarto esperando pillar a alguno desprevenido, haciendo de las suyas. Y todo porque un juguete astronauta se cree de verdad que es un hombre del espacio y revoluciona la vida del cuarto de Andy cuando aterriza con su cohete. Los personajes viven una serie de aventuras –siempre en el formato de ida y vuelta a casa– en las que empiezan a comprender que su dueño crecerá y que dejará de jugar con ellos, que no siempre serán sus favoritos y que para superar los problemas existe la amistad. Como dice su banda sonora: «Hay un amigo en mí».

«Toy Story» fue un éxito. Se convirtió en la película más taquillera del año y la tercera de animación que más había recaudado hasta entonces, por detrás de «El rey león» y «Aladdín». Fue tal el triunfo conseguido que pronto se empezó a hablar de «Toy Story 2», que llegó cuatro años más tarde. Para entonces, a Buzz ya le había quedado claro que era solo un juguete y el guion giraría en torno al secuestro del sheriff Woody. Los dos grandes personajes se quedan ligeramente de lado para dar un poco de protagonismo a los secundarios, algo perdidos en la primera entrega pero muy apreciados por el público. Lasseter vio el filón que podía aportar a la historia una mayor presencia de Slinky, del Señor Patata y de Rex, un dinosaurio miedoso, y lo aprovechó.

También incorporó nuevos personajes –Jessie, una vaquera que compartía cartel con Woody en una antigua serie de televisión, y Perdigón, su fiel caballo–, que le dieron dinamismo a una trama que parecía cerrarse con el regreso del sheriff a casa, aunque nada más lejos. En 2010 llegaba la tercera entrega, 15 años más tarde del inicio de la saga, Andy se había hecho mayor y se iba a la universidad, por lo que el destino de los juguetes quedaba entre el desván y una guardería en la que un oso malvado ejercía el poder con tiranía. Ya solo queda saber qué deparará la cuarta película –y, por ahora, última–, que llegará a los cines el 15 de junio de 2018 para contar la historia de amor de Woody y Bo Peep.

Una compañía millonaria

«Toy Story» abrió el paso a una nueva generación de dibujos animados. Hasta 1995, la compañía Disney se había vanagloriado con cosechar los mayores éxitos de crítica y público pero su formato empezaba a quedar obsoleto. John Lasseter se lo había intentado hacer ver años atrás, cuando trabajaba para ellos, pero el éxito de «Toy Story» terminó de demostrarlo. De hecho, la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood le agradeció su aportación a la historia con un Oscar especial por «desarrollar e inspirar la aplicación de técnicas que permitieron el primer largometraje animado por ordenador». También la película fue reconocida con tres nominaciones, una de ellas al mejor guion –el primer filme de animación que optó a la estatuilla–.

El éxito de la película le dio fama a Pixar y permitió que continuara un legado que aún permanece. Después de «Toy Story» llegó «Bichos, una aventura en miniatura» con gran expectación, aunque no llegó al listón de su predecesora, ni en crítica ni en público. Entonces, la factoría volvió a tirar de sus juguetes favoritos, aunque su consagración llegó en 2001 con «Monstruos S.A.» y dos años más tarde con «Buscando a Nemo». La productora consiguió enganchar de nuevo al espectador con dos historias con fuerza que cautivaron. La ironía que suponía que unos monstruos se asustaran de una niña y la odisea de un padre por encontrar a su hijo perdido en el océano, ayudado por un pez olvidadizo, fueron la demostración de que Pixar no era solo cosa de unos juguetes. Con «Buscando a Nemo» se recaudaron 936 millones de dólares en todo el mundo y a partir de entonces todo fue rodado.

Estas habrían sido las cifras de taquilla mundial si todas las películas se hubieran estrenado al precio del cine en 2015. Sin inflación, «Toy Story 3» sigue siendo la que más beneficios ha aportado a Pixar, aunque en muchas ocasiones, los millones que conseguía una película se debían al éxito de su predecesora. «Los Increíbles» se benefició de las aventuras de Nemo y «Cars» pagó la falta de ritmo de los superhéroes. Un año después, en 2007, llegaría «Ratatuille» ya con Pixar unida por completo a la Disney. La todopoderosa la adquirió por 6.000 millones de euros, aunque pareció que había sido Pixar la que se había comido a Disney porque John Lasseter se quedó al mando de la división de animación.

Con él al frente, se canceló inmediatamente el proyecto de sacar «Toy Story 3» directamente en DVD y la película consiguió 1.063 millones de dólares en todo el mundo. Antes también habían funcionado «Wall-E», atrayendo al espectador con un guion en el que no se dice una palabra hasta pasada la mitad del filme, y «Up», una de las historias de amor más bonitas del cine.

Tras «Toy Story 3» llegaron los años de bajón de la factoría. La falta de ideas y la crisis de la industria provocaron que se sacaran del armario secuelas y proyectos sin demasiado trasfondo. «Cars 2» se quedó muy lejos de la primera de la saga -el 16 de junio de 2017 se estrenará la tercera-, al igual que ocurrió con «Monstruos University», que atrajo más al público que a la crítica. En medio se dio luz verde a «Brave», que pasó sin pena ni gloria por el cine en 2013, aunque Pixar tenía reservado un as bajo la manga para dos años después.

«Del revés (Inside Out)» volvió a ser una revolución. Desde que se proyectó por primera vez en el Festival de Cannes –sin entrar en concurso–, todo han sido alabanzas para una historia que descubre el interior del cerebro de una niña. Las cinco emociones básicas –Alegría, Tristeza, Miedo, Ira y Asco– enseñan cómo funciona el pensamiento humano y cómo todas sus piezas son importantes para formar la personalidad. Una vez más, Pixar deja de tratar a los niños como tales y les enseña a ser adultos.

El genio de las camisas estrafalarias

Buena parte de la filosofía de la compañía es culpa de John Lasseter. Si Walt Disney hubiera tenido que elegir un heredero, sin duda habría puesto en sus manos su legado en el cine de animación. Su forma de entender el futuro, su ambición y su habilidad con los efectos visuales habría sido clave en el devenir la factoría, pero la trayectoria del creador de «Toy Story» se alejó irremediablemente de Mickey y compañía. De no haber sido así, quizás hoy no conoceríamos a Buzz y Woody.

A principios de los 80, Lasseter trabajaba para la empresa con mayúsculas en el mundo de la animación. En esos momentos, Disney competía únicamente consigo misma y con las decisiones de los dirigentes que la habían sumergido en una crisis económica y de proyectos. Un mal momento para que un imaginativo aspirante a director, con un estilo peculiar y con ideas demasiado arriesgadas, expusiera sus aspiraciones. Fue despedido de mala manera, por la puerta de atrás, sin que prácticamente nadie en la empresa hiciera caso a «La tostadora valiente», una historia basada en el cuento de Thomas M Disch realizada íntegramente por ordenador.

Lasseter no se quedó con los brazos cruzados, sino que fue salir por la puerta de Disney y entrar por la de Lucasfilm, la productora de George Lucas, donde creó el primer personaje hecho por ordenador en «El secreto de la pirámide» y fue dándole forma al proyecto Pixar, que vio la luz como productora independiente en 1986, en colaboración con Steve Jobs, que también había sido despedido de Apple.

Ese mismo año llegó «Luxo Jr.», el primero de los muchos cortos que le faltaban por estrenar a la nueva factoría. Si algo iba a caracterizar el futuro de la compañía era la importancia que le darían a estos proyectos que irían de la mano con los largos en el cine. De hecho, a modo de homenaje y antes de que se convirtiera en la mascota de la empresa, «Luxo Jr.» fue el primero que se estrenó en gran pantalla, como telonero de «Toy Story 2».

Ahora la vida de Lasseter ha cambiado. Veinte años después de lanzarse a emprender el proyecto Pixar, es uno de los mandamases de Disney y, quizás, la persona más respetada de la empresa. Despierta entre sus trabajadores una pasión que roza el culto a un dios, solo comparable a la admiración por Walt Disney en su día. Todos sueñan hoy con ser John Lasseter, como antes querían ser Disney.

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