Gracia Querejeta: «Ninguna de mis películas termina mal»
Gracia Querejeta, junto al actor Arón Piper, protagonista de «15 años y un día»

Gracia Querejeta: «Ninguna de mis películas termina mal»

La directora vuelve a la gran pantalla con «15 años y un día», después de haber pasado por televisión y con Maribel Verdú de nuevo como protagonista

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Cuenta Gracia Querejeta (Madrid, 1962) que aprendió de su padre -el gran productor Elías Querejeta- a cultivar el amor por los pequeños detalles que pueblan las películas. Este viernes llega a los cines su sexto largometraje, de nuevo con Maribel Verdú como protagonista tras «Siete mesas de billar francés», y en él cuenta la historia de un adolescente conflictivo, dentro de una familia desestructurada. «15 años y un día», con Tito Valverde, Aarón Piper y Belén López en el reparto, ganó la Biznaga de Oro en el Festival de Málaga... casi una década después de que Querejeta la obtuviera con «Héctor».

—¿Cómo vivió en abril su retorno a Málaga?

—Con mucha intensidad. Parecía que no, pero ya había pasado bastante tiempo desde que estuve allí con «Héctor». Málaga es un festival muy cercano a mí, me siento muy en casa, es muy amable y participativo.

—¿Por qué le sigue interesando el tema de la adolescencia?

—¡Es que ese tema no es tan constante en mi filmografía! Es más una apariencia que una realidad. El argumento de «Héctor», un adolescente que se va a vivir con su tía Tere porque su madre ha muerto, me vino dado. En este caso, la trama tiene más que ver con una vivencia personal y con una preocupación del momento en el que se escribió, hace cuatro años.

—¿Cuál fue? ¿Se quedó el chispazo inicial en la historia... o desapareció?

—Esta vez he permanecido totalmente fiel a ese chispazo. La historia surgió de un intercambio de miradas entre dos grupos de adolescentes que se cruzaron delante de mí, en la calle .De repente me quedé sorprendida viendo algo que me hizo preguntarme qué pasaba allí. Entonces empecé a rascar. Pensamos que teníamos una historia y hemos conseguido rodarla.

—Gracia Querejeta y Verdú se han convertido en un tándem irrompible...

—En «Siete mesas de billar francés» yo había escrito el papel de Blanca Portillo pensando en ella, pero Maribel no era la actriz en la que habíamos pensado; de hecho, a muy poco tiempo del rodaje estuvimos a punto de suspender porque no teníamos actriz, y cuando se nos ocurrió su nombre, pensé... «¡qué tonta, Maribel, cómo no se me había ocurrido!». Ahora somos amigas. Maribel convierte en fácil cualquier rodaje. De hecho cuento con ella para el próximo.

—¿Y Tito Valverde? ¡Ha hecho de él un personaje contenido al que no nos tiene acostumbrados!

—Ha sido más fácil de lo que la gente imaginaría, tal vez porque viene de pasar los últimos años en el mundo de la televisión, con una interpretación de otro tipo... ¡Pero enseguida entendió lo que yo quería! Y se fió. A lo mejor le costó diez minutos de su vida decir... «¡Ostras, pero si es que parece que no hago nada!». Yo le decía que se fiara de mí, que yo capitaneaba ese barco. Se acabó fiando y el resultado para mí es bueno.

—La mirada de la película sobre los problemas es luminosa, no trágica...

—Siempre lo he querido hacer así. Si te fijas, no hay ninguna película mía que termine mal. Todas terminan más o menos bien. Me meto en tales berenjenales dramáticos, que siempre tengo la necesidad al final de rescatar un poco a los personajes de ese horror, de ese túnel que han atravesado. De que tengan una ventana por la que salir en una futura película.

—Ganó la Biznaga en un Málaga lleno de proyectos de bajo presupuesto, fruto de la crisis. ¿Cuáles fueron sus dificultades?

—Fueron dificultades económicas, como las de todo el mundo. Quizá haya quienes las sufran de manera tremenda y tengan que hacer películas de cuatro semanas, que es una barbaridad. Esta película no está en ese rango, está en un rango un poco superior, pero tampoco es al que yo estaba habituada. Siempre digo que mi paso por la tele, aparte de haber sido enormemente instructivo, ha sido una fantástica escuela para ser más versátil. Y no pretendo decir que el cine con poco dinero es mejor, todo lo contrario, ¡ojalá todos tuviéramos el dinero necesario para hacer cada película! Pero como eso no es posible, intento adaptarme un poco a la situación... porque si no, me quedo en mi casa. Y yo no me quiero quedar en mi casa. Me gusta mucho mi trabajo.

—¿Cómo ve el panorama del cine español?

—Yo estoy viviendo un momento de muchísima preocupación, porque aunque mi película está completamente terminada, está sellada... ahora es del espectador. De momento mi balance es agridulce. Dulce porque hemos podido estrenar, pero esta película no es de este año. Aún tenemos que ver lo que pasa.

—¿Podría haber hecho «15 años y un día» empezando hoy mismo?

—Probablemente no. Por ejemplo, cuando Televisión Española compró esta película, dio una cifra que probablemente ya no pueda dar. Hay distintos factores que tienen que ver con lo económico... Ahora mismo tendríamos que apretarnos aún más el cinturón. Mi próximo proyecto es muy pequeñito, pero no me importa nada. Es una película con muy pocos intérpretes, solo puedo decir que tiene ocho actores, en un decorado que es una casa, y que habla sobre la avaricia, la codicia y el dinero.