Detalle del Arco de la libertad (acero corten, 1993) ante el caserío Zabalaga, siglo XVI
Detalle del Arco de la libertad (acero corten, 1993) ante el caserío Zabalaga, siglo XVI - Íñigo Santiago

La segunda vida de Chillida Leku, la utopía que un día soñó el escultor

Tres más de ocho años de cierre, el próximo día 17 reabre sus puertas en el caserío Zabalaga, en Hernani,el museo del genial artista

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Los grandes hombres tienen grandes sueños y el escultor Eduardo Chillida no fue una excepción: soñó con vaciar la montaña de Tindaya (quedó en un sueño imposible) y soñó una utopía: «Encontrar un espacio donde pudieran descansar mis esculturas y la gente caminara entre ellas como por un bosque». Este sueño no fue inalcanzable. En 1983 el artista y su esposa, Pilar Belzunce, adquirieron el caserío Zabalaga, del siglo XVI, en Hernani, a pocos kilómetros de San Sebastián. Durante años fueron (re)modelando con mimo, como si fuera una escultura más de Chillida, aquella vieja casona en ruinas, cuyo jardín, de once hectáreas, está poblado de hayas, robles y magnolios. En 2000 Chillida Leku, el lugar de Chillida, abrió sus puertas. Arte y naturaleza, en total comunión. La inauguración se celebró por todo lo alto.

Eduardo Chillida y su esposa, Pilar Belzunce, en Grasse, 1985, ©Zabalaga
Eduardo Chillida y su esposa, Pilar Belzunce, en Grasse, 1985, ©Zabalaga

Nada hacía presagiar que, diez años después, y tras recibir más de 800.000 visitantes, la familia Chillida se viera obligada a presentar un ERE que afectó a los 23 empleados y echar el cierre al museo el 31 de diciembre de 2010, año que acabó con un déficit acumulado de 500.000 euros. La autofinanciación alcanzaba el 70%, pero el 30% restante salía de los bolsillos de la familia (son ocho hermanos), que no podía hacer frente en solitario al presupuesto anual, que rondaba entre 1,5 y 2 millones de euros. «No podíamos mantenerlo», se lamenta Luis Chillida, hijo del artista y presidente de la fundación familiar. Pidieron ayuda a las administraciones vascas, pero las negociaciones con el Gobierno y la Diputación de Guipúzcoa se enconaron cada vez más (a los Chillida, que estaban hartos de promesas que se llevaba el viento, les tacharon de desleales) y las negociaciones encallaron. Pero, cuando en 2016 a punto estuvo Chillida Leku de convertirse en un museo público, la Diputación de Guipúzcoa se levantó de la mesa: no estaba dispuesta a aportar los 50 millones de euros acordados, que debían sumarse a otros tantos por parte del Gobierno vasco.

Representación en exclusiva

Desde entonces el museo solo ha abierto a visitas con cita previa (han pasado unas 50.000 personas en ocho años). Mientras tanto, la familia ha sacado al mercado obras del legado. La solución llegó cuando en 2017 la todopoderosa galería suiza Hauser & Wirth se cruzó en su camino: Iwan Wirth y Manuela Hauser, que tienen planes de abrir galería en Menorca, propusieron a los herederos del escultor ser los representantes mundiales, y en exclusiva, de la Sucesión Chillida. Algo que no ocurría desde Maeght. Ellos accedieron, pero con una condición: también debían colaborar en la reapertura de Chillida Leku. Dicho y hecho. Eso sí, nadie suelta prenda del acuerdo, ya que es entre dos empresas privadas.

Lotura XXXII, 1998 acero corten ©Zabalaga Leku
Lotura XXXII, 1998 acero corten ©Zabalaga Leku - Íñigo Santiago

Hoy toca visita y presentación a la prensa. Luce un sol espléndido. Mañana harán lo propio las autoridades: el ministro de Cultura, el lendakari y representantes de la administraciones vascas, las mismas que no fueron capaces de llegar a un acuerdo con la familia Chillida para evitar el cierre del museo. Su inestimable colaboración en la reapertura ha consistido en dotar de internet a todo el espacio, que haya parada de autobuses, prestar unos espacios como almacenes temporales de obras, y poco más. Los días 13 y 14 habrá jornadas de puertas abiertas para 1.200 personas, elegidas a través de un sorteo, y el día 17 reabrirá para el público general. El precio de la entrada: 12 euros. Habrá un abono anual de 30 euros.

Luis Chillida deja paso en la dirección a Mireia Massagué. El arquitecto argentino Luis Laplace, con la colaboración de Jon Essery Chillida, nieto del escultor, ha pilotado la puesta a punto del edificio. No hay cambios radicales, ha sido una restauración muy respetuosa. Se mantiene la esencia de este lugar tan mágico. «No se ve mucho su trabajo, pero se nota», dicen sus responsables. Nace el Chillida Leku del siglo XXI. Se ha adaptado a las necesidades de un museo moderno: servicios de atención al público, tienda-librería remozada, una cafetería sostenible a cargo del chef Fede Pacha llamada Lurra Café -en homenaje a las «Lurras» (tierras) de Chillida-, mejoras en el párking... Del paisajismo se ha ocupado el holandés Piet Oudolf.

Más visibilidad

Luis Chillida no oculta que está ilusionado. Cuando cerró el museo, recuerda, fueron «los peores días de mi vida. Tanto esfuerzo, tanto tiempo, tanta dedicación por parte de mis padres... para nada. Hoy estarían encantados con esta solución. Mi padre creía que las cosas tienen un destino. Con Hauser & Wirth hemos creado una estructura más ordenada y profesional que engrandecerá su legado. Nosotros no hemos sido grandes empresarios. El museo se hubiese comido al museo: habríamos tenido que vender obras para mantenerlo abierto». Se refiere a que una galería tan potente, con sedes en ciudades como Nueva York, Londres o Zúrich, internacionalizará la obra de Chillida, le dará mayor visibilidad en todo el mundo, especialmente en EE.UU., y le posicionará en el mercado: «En los 60, Aita exponía con Calder, Braque, Kandinsky... No fue un artista de grandes altibajos, aunque podría estar más arriba internacionalmente. Pero decidió crear Chillida Leku. Como decía mi madre, la obra tiene que moverse; si se queda en casa, se pierde en el mercado. Se seguirá vendiendo, pero de forma ordenada y con sentido común».

Sin rencor

El acuerdo con la galería suiza, advierte Luis Chillida, no tiene fecha de caducidad: «Nace con idea de continuidad, para siempre». No guarda rencor hacia las administraciones vascas por lo pasado: «Sucedió sin más, y hay que pasar página. Estoy seguro de que sí tenían interés, pero sabían que nosotros íbamos a seguir ahí, por responsabilidad, y no tiraríamos la toalla. Al final, ha sido para bien, es lo mejor que nos podía pasar, y Chillida Leku estará en la primera división de los museos. Hoy es mucho más de lo que fue. Mis padres no se merecían que estuviera cerrado. Es un momento ilusionante, de celebración. En otras épocas costó mantener esa ilusión».

Detalle de Arco de la libertad con el caserío Zabalaga al fondo Consejo al Espacio IV, 1987, acero corten ©Zabalaga Leku
Detalle de Arco de la libertad con el caserío Zabalaga al fondo Consejo al Espacio IV, 1987, acero corten ©Zabalaga Leku - Iñigo Santiago

¿Por qué no se cerró el acuerdo en 2016? ¿No había consenso en la selección de las obras? ¿La familia imponía vetos? «No hubo problemas con la elección de obras y no eran vetos; queríamos estar de acuerdo con todo lo que se hiciese. Los políticos pueden cambiar y era peligroso lo que podía pasar». Chillida Leku se suma a la gran oferta artística en el norte del país, que quiere competir con la gastronómica: Guggenheim y Bellas Artes de Bilbao, Centro Botín de Santander, Artium en Vitoria, Museo Balenciaga de Guetaria... Cree Luis Chillida que hay buenas expectativas que invitan al optimismo: el aumento del turismo, la desaparición del terrorismo etarra...

Chillida regresó al País Vasco en 1951. Ya nunca se marcharía de Zabalaga, donde quiso hacer un homenaje al espacio, buscando la luz, siempre la luz. Está enterrado en el jardín, bajo un magnolio. Sentía que este caserío era su sitio, «como un árbol que está adecuado a su territorio, pero con los brazos abiertos al mundo». Y la gente, como él soñó, volverá de nuevo a caminar entre sus esculturas como por un bosque.