Constance Quéniaux, la modelo de Courbet para «El origen del mundo», en una fotografía de André-Adolphe-Eugène Disderi - ABC

¿Misterio resuelto? Revelan quién fue la modelo que posó para «El origen del mundo» de Courbet

El escritor Claude Schopp descubre por casualidad que fue una bailarina de la Ópera de París llamada Constance Quéniaux

ParísActualizado:

El sexo femenino más legendario de la historia de la pintura ya tiene rostro y nombre: Constance Quéniaux fue la modelo que Gustave Courbet inmortalizó en 2El origen del mundo» (1886).

Se sabía que Courbet realizó esa obra por encargo de un diplomático turco-egipcio, Khalil-Bey. Durante más de un siglo circularon varios nombres, de posibles modelos, Joanna Hiffernan, amante del pintor, y Jeanne de Tourbey, señora de mundo y salones. Ninguna de ellas convenció a los especialistas.

Claude Schopp, especialista en Alejandro Dumas, padre e hijo, ha hecho por azar el descubrimiento quizá definitivo, descifrando una carta íntima de Dumas (hijo) a George Sand. Enemigo acérrimo de la Comuna de París y de Courbet, pintor revolucionario, Dumas dejó caer en una carta… «No se pinta con pinceles el más delicado y sonoro interior de la Señorita Queniault…». En el original de la carta de Dumas a George Sand, «interior» era incomprensible, parecía leerse «entrevista». Siguiendo esa pista, Schopp ha podido llegar a la conclusión aparentemente definitiva: la modelo del sexo pintado en muy primer plano, en «El origen del mundo», fue una antigua bailarina, retirada a los 34 años, Constance Quéniaux.

Sylvie Aubenas, directora del departamento de estampas y fotografías de la Biblioteca Nacional de Francia (BNF), cree poder confirmar el descubrimiento de Schopp, aportando un dato que apoya la tesis que pudiera ser definitiva: «A la muerte de Constance se descubrió, entre su legado, un cuaderno de Courbet, un ramo de flores… en ese ramo hay una planta muy bella cuya corola roja se expone espléndida y abierta… ¿qué mejor homenaje del artista a su modelo..?».

El descubrimiento de Claude Schopp abre una nueva página en la historia de la leyenda de «El origen del mundo», descrito con apasionada precisión por vez primera por Maxime Du Camp, cuando lo descubrió, cubierto por un velo, en un salón privado de su primer propietario, el diplomático turco-egipcio, Khalil-Bey.

Detalle de «El origen del mundo»
Detalle de «El origen del mundo»- ABC

El penúltimo propietario del cuadro de Courbet, el psiquiatra Jacques Lacan, terminó donando la obra al Museo de Orsay, que lo expone desde 1995, con gran éxito cosmopolita, pero sin poder aclarar con precisión definitiva la identidad de la modelo. Se pensó muy pronto en Joanna Hiffernan, amante de James Whistler y de Courbet (que la inmortalizó en otra obra célebre, «Jo, la belle irlandaise»). Mucho más tarde, varios historiadores llegaron a pensar que otra señora de mucho trapío, Jeanne de Tourbey, condesa de Loynes, pudo posar para Courbet, en la intimidad. Ninguna hipótesis terminó de satisfacer completamente.

Erudito, académico, Claude Schopp, estudioso poco dado a los escándalos y la controversia, cree haber descubierto un misterio que pudo ser un secreto a voces para muchos de los contemporáneos de Courbet, como parece probar la correspondencia entre Dumas hijo y George Sand. Andando el tiempo, la antigua bailarina, «mujer de mundo», amante de un diplomático oriental, entre otras aventuras, terminó instalándose en el pedestal de la señora respetable, piadosa y dada a la filantropía social. «Agua pasada…».

A juicio de Schopp, Dumas hijo dejó caer el nombre de Constance Quéniaux en un gesto de rencor y odio contra Courbet, censurando su osadía, realizando trabajos de encargo de esa naturaleza. El regalo de Courbet a su modelo, ofreciéndole un ramo de flores, entre las que destaca una corola roja y abierta, en todo su esplendor, quizá ilumine unas relaciones íntimas de muy otra naturaleza, carnal y espiritual.