«La maleta mexicana» o la guerra propia en los ojos ajenos
Exiliados republicanos caminan por una playa hacia un campo de prisioneros en Francia, en marzo de 1939 - Robert Capa / International Center of Photography / Magnum Photos

«La maleta mexicana» o la guerra propia en los ojos ajenos

El Círculo de Bellas Artes expone miles de negativos de la Guerra Civil española de Robert Capa, Gerda Taro y Chim, «redescubiertos» en México después de pasar medio siglo en paradero desconocido

madrid Actualizado:

«La maleta mexicana» ni es una maleta ni es mexicana. Es el nombre que recibieron tres cajas de carton con 126 rollos de película que viajaron desde el archivo de un particular en México hasta el Internacional Center of Photography de Nueva York en 2007. Los carretes contenían más de 4.500 imágenes de la Guerra Civil española capturadas por Robert Capa, Gerda Taro y David Seymour («Chim»): los tres grandes fotógrafos de la contienda.

A principios de la Segunda Guerra Mundial desaparecieron del estudio de Capa en París miles de negativos de su trabajo en España. Setenta años después aparecieron misteriosamente junto a las instantáneas de sus compañeros (más algunos rollos personales de Fred Stein y Capa). La colección, compuesta por imágenes tomadas entre mayo de 1936 y la primavera de 1939, constituye una «crónica visual» exhaustiva de la contienda. Tanto del frente como de la vida detrás de las trincheras.

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Coincidiendo con el 76 aniversario del inicio de la Guerra Civil (el 19 de julio de 1936), el Círculo de Bellas Artes de Madrid presentó ayer la muestra «La maleta mexicana», comisariada por Cynthia Young, del Internacional Center of Photography (el organismo encargado de la investigación de los documentos). La exposición, que permanecerá abierta hasta el 30 de septiembre, aporta una visión cronológica y geográfica del enfrentamiento, pero no imparcial: los tres fotógrafos trabajaron en territorio republicano durante el conflicto. Además, esperaban influir con sus fotografías en la situación política, explica Yong: «Estaban allí para luchar por una causa, contra el avance del fascismo en Europa».

Recorrido por la historia

La dimensión de las imágenes es «fotográfica, humana e histórica», señaló la comisaria. Los fotoperiodistas escaparon del trabajo «de oficio». Alfonso Guerra, presidente de la Fundación Pablo Iglesias, organizadora de la muestra, parafraseó a Robert Capa y recordó que «si las fotografías no salen bien, es que el fotógrafo no se acercó lo suficiente al sujeto». Capa, Taro y Chim lo hicieron, se aproximaron, «y nos trajeron no solo la historia, sino la verdad», apuntó Guerra.

La verdad de los retratos conocidos (Hemingway, García Lorca o La Pasionaria) y la de los desconocidos (ciudadanos vascos y asturianos capturados por Chim); la de los exiliados, la de los soldados republicanos asistiendo a misa, la de los campos de concentración de los vencidos en el sur de Francia... y la de la destrucción. La verdad de la destrucción y la muerte, retratada con dureza en una morgue de Valencia.

La prensa internacional publicó muchas de las fotografías de la «maleta»

La muestra, que ya ha pasado por Barcelona y Bilbao, cuenta con 101 hojas de contactos ampliados con algunas series completas de imágenes; 70 instantáneas (50 de ellas copias de la época); publicaciones internacionales (originales o en edición facsímil) con grandes reportajes fotográficosfirmadospor los tres periodistas –especialmente revistas francesas, pero también alemanas y estadounidenses–; telegramas, carnets de prensa y dos piezas audiovisuales elaboradas para la exposición. También algunas imágenes tomadas en París por Fred Stein (Taro y Capa sentados en un café, o las famosas fotografías de ella frente a una máquina de escribir).

Chim trabajó sobre todo como retratista, Taro se centró sobre todo en la zona de Madrid. De Capa destacan sus fotografías en Teruel, pero también las de los campos de exiliados. Hizo suyo un tema que le tocaba de fondo: él, un húngaro judío, había emigrado también. «La pasión y el compromiso», indica Cynthia Young, llevaron a estos tres fotógrafos a documentar –con la mucha o poca humanidad que permitía el conflicto– una guerra fraticida.

Su afán por capturar las batallas ajenas con sus propios ojos terminó de la manera más trágica: los tres murieron fotografiando la guerra. Gerda Taro falleció en la batalla de Brunete, atropellada por un tanque; Robert Capa, tras pisar una mina en la Guerra de Indochina, y David Seymour, ametrallado durante la crisis de Suez, en Egipto.