«Autorretrato con copa de champán» (1919), de Max Beckmann. Detalle. Städel Museum, Fráncfort
«Autorretrato con copa de champán» (1919), de Max Beckmann. Detalle. Städel Museum, Fráncfort - MAX BECKMANN, VEGAP

Los exilios de Max Beckmann, el «Goya alemán»

El Museo Thyssen revisa la producción del gran pintor germano de entreguerras en una exposición con medio centenar de obras

MadridActualizado:

27 de diciembre de 1950. El pintor Max Beckmann sale de su casa en Manhattan y se dirige al Metropolitan Museum de Nueva York para visitar la exposición «American Painting Today», en la que se incluía su último autorretrato. En la esquina de la calle 61 y Central Park West sufrió un ataque al corazón que le provocó la muerte a los 66 años. Pocas horas antes había dejado anotado en un cuaderno que daba por finalizado su tríptico «Los argonautas». Es una de las obras maestras presentes en la monográfica que el Museo Thyssen dedica al artista y que ayer fue inaugurada por el presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, de visita oficial en España. El próximo año la muestra irá a CaixaForum Barcelona.

Max Beckmann (Leipzig, 1884-Nueva York, 1950) es el gran pintor alemán del periodo de entreguerras, junto con Otto Dix y Georges Grosz. Aunque suelen etiquetarlo como miembro del expresionismo alemán y de la Nueva Objetividad, él no se adhirió a ninguno de ellos, explica Tomás Llorens, comisario de la exposicion, que regresa al Museo Thyssen que dirigió: «Él quiere representar la realidad de su tiempo, hacer visible lo invisible. Y lo hace con una pintura simbólica centrada en alegorías y metáforas, pero siempre anclado en la realidad». «Amo tanto la pintura porque me obliga a ser objetivo. No hay nada que odie tanto como el sentimentalismo», decía Beckmann.

Radical e independiente, guarda no pocos paralelismos con Goya, artista al que admira, junto a otros muchos: El Bosco, Bruegel, Durero, Cranach, Cézanne, Picasso, Van Gogh... Sus brutales grabados de la serie «El infierno», que cuelgan en la muestra en una pared a modo de retablo, recuerdan «Los desastres de la guerra» del aragonés. Excelentes grabadores, ambos relatan en sus trabajos los horrores de su tiempo, de los que son testigos excepcionales.

«Sociedad, París» (1931), de Max Beckmann. Solomon Guggenheim Museum, Nueva York
«Sociedad, París» (1931), de Max Beckmann. Solomon Guggenheim Museum, Nueva York - MAX BECKMANN, VEGAP

Confiscadas 588 obras

Inicialmente, iba a ser una exposición temática en torno al exilio, pero, teniendo en cuenta que no es un artista muy conocido por el gran público en España –la Fundación Juan March celebró una muestra en 1998–, se decidió organizar una muestra híbrida, que reúne medio centenar de piezas. Arranca con una especie de minirretrospectiva con quince obras importantes, encabezadas por un puñado de autorretratos: tres pinturas y un bronce. En la muestra hay dos de las seis esculturas que realizó. Como bisagra entre ambas partes, el tríptico «El principio». Es autobiográfico. Plasma recuerdos de su niñez, como el Gato con Botas, que aparece colgado del techo bocabajo.

«Doble retrato. Carnaval» (1925). Museum Kunstpalast, Düsseldorf
«Doble retrato. Carnaval» (1925). Museum Kunstpalast, Düsseldorf - MAX BECKMANN, VEGAP

Se alistó voluntario en el Ejército en 1914, durante la I Guerra Mundial. Hablaba de «la salvaje locura de esa enorme matanza». Trabajó como enfermero, pero sufrió una crisis nerviosa y se dio de baja por depresión en 1915. Se instala en Fráncfort. En 1933 Beckmann se halla en el punto de mira del régimen nazi. Confiscan 588 de sus trabajos (28 pinturas y 560 obras sobre papel). Sus creaciones son descolgadas de la Sala Beckmann en la Galería Nacional de Berlín, es destituido como profesor en la Escuela de Bellas Artes de Fráncfort –ciudad donde residió durante 18 años– y prohíben exponer sus obras en público. «Consideraban el arte moderno una estafa hecha por degenerados y alentada por judíos –cuenta Llorens–. Muchos de los galeristas de Berlín, Múnich y Fráncfort eran judíos. Se creía que había una conspiración para corromper el alma del arte alemán».

Del 33 al 37 vive en Berlín. Pero el mismo día que se inauguró la célebre exposición de arte degenerado en Múnich en 1937 (el 19 de julio), Beckmann abandona Alemania para siempre. Se marcha exiliado primero a Ámsterdam, donde permanece diez años, de 1937 a 1947. Se vio de nuevo obligado a huir de los nazis cuando éstos invaden Holanda. Antes de ello quemó sus diarios. «Beckmann era un invasor para los holandeses y sospechoso para los alemanes», advierte Llorens. Nunca encontró su lugar. Se exilia a Estados Unidos en 1947. No le dio tiempo a obtener la nacionalidad estadounidense. Murió tres años después. Hombre culto, gran lector de novela y filosofía (sobre todo de Schopenhauer), sus coleccionistas son pocos pero muy militantes. El récord en subasta lo tiene su obra «El infierno de los pájaros», vendida por más de 40 millones de euros.

«Autorretrato con corneta» (1938). Detalle. Neue Galerie, Nueva York
«Autorretrato con corneta» (1938). Detalle. Neue Galerie, Nueva York - MAX BECKMANN, VEGAP

Seres grotescos

La segunda parte de la muestra se centra en el exilio, que tanto marcó su vida y su trabajo. Se estructura en torno a cuatro metáforas: «Máscaras» (aborda la pérdida de la identidad en obras como «Autorretrato con corneta» y «Carnaval», donde se retrata como Pierrot blanco), «Babilonia eléctrica» (la ciudad moderna como la capital de las tentaciones, con sus hoteles, bares, bailes y espectáculos), «El largo adiós» (el exilio como una forma de muerte, con obras tremendas como «Globo con molino») y «El mar» (el exilio es un trágico destino). Son muchas las obras maestras reunidas en la muestra, cedidas por importantes museos de todo el mundo, incluidos tres de sus nueve trípticos, tres cuadros de la colección Thyssen y uno propiedad de la baronesa.

Las creaciones de Beckmann están pobladas de monstruos grotescos, seres deformes, personas con máscaras y disfraces, payasos, pintados con una paleta muy personal y reconocible. Toda su obra fue en realidad un gran y grotesco autorretrato. Como ese «Hombre cayendo» con un edificio en llamas al fondo, cedido, junto con «Los argonautas», por la National Gallery de Washington. Un Ícaro moderno que anticipa las imágenes del 11-S en Nueva York.