La obra «Two Cows», de Stephanie Quayle
La obra «Two Cows», de Stephanie Quayle - EFE

Charles Saatchi busca el perdón femenino con una exposición solo de autoras

Hace dos años el coleccionista apretó el cuello de su esposa en un restaurante hasta hacerla llorar, lo que provocó el divorcio

CORRESPONSAL EN LONDRESActualizado:

Charles Saatchi, de 72 años, londinense nacido en el seno de una adinerada familia judía iraquí, es un visionario de la publicidad y del arte. En los ochenta llegó a tener la mayor agencia del mundo, con 600 sucursales, y ha sido un inteligente coleccionista y un visionario mecenas. A finales de los noventa, el publicista apadrinó al movimiento de los British Young Artist (YBA), con una escandalosa y sonada exposición en la Royal Academy. Sin el impulso de Saatchi, tal vez Damien Hirst y Tracey Emin no estarían donde están.

Pero no todo son glorias en su carrera. En junio de 2013 empañó su imagen pública de un modo inesperado. Los paparazzi lo sorprendieron maltratando a su mujer físicamente en la marisquería de moda Scott’s, un cenáculo de VIPs en Mayfair. Saatchi, entonces de 70 años, apretó con fuerza el cuello de su tercera mujer, la cocinera televisiva Nigella Lawson, de 53, hija de un ex ministro de Hacienda británico. Luego le tiró de la nariz hasta hacerla llorar. La serie de fotos se convirtió en un festín para la prensa tabloide y el divorcio fue instantáneo. El coleccionista arrastra desde entonces la etiqueta de maltratador.

La Galería Saatchi, ubicada en la actualidad en un maravilloso edificio de Kings Road, en la milla de oro del barrio londinense de Chelsea, cumple treinta años. Para celebrarlo, y tal vez para lavar su imagen, el publicista ha organizado una exposición solo de creadoras, titulada «Champagne Life». Muestra el trabajo de 14 artistas de todo el mundo, aunque con peso neoyorquino y británico, y no existe un hilo común. Nigel Hurst, el consejero delegado de la galería, se limita a explicar que «todas hacen un trabajo que puede provocar diálogo y plantea preguntas».

Entrada gratuita

Saatchi tiene el detalle de que la entrada a su siempre sugestiva galería es gratuita. Se divide en catorce enormes estancias absolutamente blancas, en las que lo cierto es que cualquier cosa luce (si dejases un balón de fútbol en el suelo de una de esas estancias vacías y de un albo impoluto sin duda pasaría por una escultura). El trabajo más llamativo estos días es obra de una escultora saudí, Maha Malluch, que ha cubierto una enorme pared con ollas de base quemada. Llama al mural «Alimento para el pensamiento». A su lado, otra artista de origen inesperado, la iraní Soheila Sukhanvari, afincada en Cambridge, presenta una alegoría pop y taxidérmica sobre el Movimiento Verde de su país en 2009. Fue una revuelta democrática que fue reprimida por el régimen que colabora con Podemos. Simboliza todo aquello con un caballo disecado montado sobre un plástico verde que se desinfla.

El título de la muestra, «Champagne Life», coincide con el de la obra de la autora más veterana, Julia Wachtel, de 59 años, que trabaja en Brooklyn. Bebiendo de Warhol y Jeff Koons, ironiza sobre el mundo de la superficialidad y las estrellas presentando una foto invertida de Kim Kardashian, cuya imagen de marca es el volumen del final de su espalda, y de su marido, el rapero Kanye West, y a su vera pinta a una Minnie Mouse azul y como de plasticurri. La artista a su vez ha copiado el «Champagne Life» de una canción del músico de R&B Ne-Yo, quien canta que «los problemas son solo una burbuja de champán en un vaso». Saatchi, que nunca se pierde una libra, ha convertido sin rubor en patrocinador de la exposición a Pommery, la firma francesa de espumoso.

La próxima primavera la galería abrirá una exposición de las que generan colas en las puertas: la mayor muestra jamás vista de imágenes, objetos y curiosidades de The Rolling Stones...