José Miguel Fernández Sastrón
José Miguel Fernández Sastrón - EFE

Sastrón provoca la mayor crisis de la SGAE con los editores por una «vendetta»

Abandonan los órganos directivos porque el presidente obligó a una votación secreta y luego usó su voto para dejar fuera de la dirección a los editores críticos con «la rueda»

Actualizado:

Arde desde hace semanas el Colegio de Editores de la SGAE. Se trata de uno de los brazos con más músculo de la entidad que gestiona los derechos de autor en España, prácticamente en monopolio por lo que a la música se refiere. Y como una pesadilla que vuelve antes de Navidad, el motivo del nuevo incendio gira otra vez en torno al escándalo de «la rueda de las televisiones», el presunto fraude que tiene como víctimas a los 120.000 socios de la SGAE, que se quedaron sin posibilidades matemáticas de ver sus obras emitidas por las TV, a pesar de formar parte del catálogo por el que la SGAE les cobra.

El pasado 11 de diciembre los representantes de las editoras multinacionales Emi/Sony, PeerMusic y Warner recibieron una carta del secretario general de la SGAE, Carlos López, en la que les comunica el cese. Esta decisión ha abierto en canal de nuevo la directiva de la entidad, puesto que los editores le niegan competencias para decretar cese ninguno (debe ser la Junta Directiva) y porque esa decisión se comunica en cumplimiento de una sentencia que no es firme, sino declarativa, contra la que la SGAE no ha presentado recurso -tomándola como firme- debido a «una trampa, una triquiñuela diseñada por Sastrón y que tuvo lugar en el Consejo de dirección de la SGAE del 19 de octubre pasado», nos cuenta un editor.

Atropello de la rueda

El presidente de la entidad, Jose Miguel Fernández Sastrón, que fue aupado al cargo con el apoyo de «la rueda» vio cómo la entidad internacional CISAC amenazó con expulsar a la SGAE si no tomaba cartas en el asunto, pues el repertorio internacional estaba penalizado por la trama. Y los editores obligaron a Sastrón a pedir a la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) un arbitraje para reformar el sistema. Al permitirlo, «la rueda» tuvo a Sastrón por traidor y se vio obligado a superar el pasado 21 de septiembre una moción de censura por el apretado resultado de 20 votos contra 18.

Pero esa votación no ha traído la estabilidad, sino que provocó lo que semeja una «vendetta» de película, por la que ha eliminado de manera fulminante a los tres editores más críticos del órgano de dirección. Lo malo es que, según denuncian los editores, esta decisión es una agresión a su Colegio, y el cese es el resultado de una trampa «que revela intereses personales».

La maniobra de Sastrón

El 19 de octubre, el Consejo de Directrión de la SGAE debatía si recurrirá la sentencia de 1ª instancia del juzgado número 17 de Madrid, que afecta a varios artículos de los Estatutos y también a la continuidad de tres editoriales (Emi, Peer y Warner) que ya habían agotado sus mandatos. El problema empieza por el método elegido para votar (sufragio secreto, que no figura en los Estatutos) y sigue porque, al producirse un empate a 7 votos, Sastrón decide revelar el sentido de su propio voto secreto y utilizarlo como «dirimente», tal como recoge el acta de la reunión a la que ha tenido acceso ABC.

Se da la circunstancia de que la demanda que provocó esta sentencia fue presentada por tres editores (Busindre, Rumor y Clippers) con intereses en «la rueda», alguno de ellos investigado por la Justicia en relación a la trama, según denuncian los afectados. Y de que otros tres puntos de la sentencia sí serán recurridos por la SGAE.

Indefensión

En una carta del 19 de diciembre dirigida a Sastrón, los efectados le hacen responsable de la decisión de no recurrir esa parte de la sentencia que no es firme, y del cese de oficio sin darles oportunidad para defenderse. Esa acción de oficio es para ellos «una cuestión política en contra de los intereses de la SGAE, no de los intereses personales de algunos».

«¿Cómo es posible que en una votación secreta sea aplicable el voto de calidad?», preguntan en la misiva, que obra en poder de ABC. «¿Qué garantías objetivas ofrece el hecho de que después de realizada una votación secreta, el presidente manifieste de palabra que su voto fue negativo y aplique la supremacía de su voto?».

La crisis es tan grave que los editores han decidido colegiadamente no volver a acudir a las reuniones de los órganos directivos hasta que se rectifique la situación. Además, «la triquiñuela de Sastrón» auparía automáticamente al Consejo de Dirección a los tres editores que interpusieron la demanda y tienen intereses en «la rueda», según la carta. «Sin esperar siquiera a que el juez se manifieste sobre un “Suplico” sobre el tema enviado por uno de los demandantes», según fuentes de la entidad.

Piden al Ministerio que tome cartas

Juan Ignacio Alonso, responsable de Sony ATV y de EMI y uno de los afectados, certifica a ABC su queja ante esta maniobra que tiene «la intención de continuar el negocio de la rueda». Las tres editoras expulsadas de la dirección de la SGAE «representan el 50% del repertorio, todo lo internacional y mucho local. Si el caso no se resuelve estudiaremos irnos de la SGAE cuando se aplique la Directiva europea que romperá el monopolio», asevera Alonso, quien asegura que es una cuestión profesional: «Sony factura 20 millones anuales y si la SGAE no genera confianza ni podemos ver de cerca cómo es la gestión no nos interesará estar ahí, sino donde mejor representación tengamos. Esto no es una amenaza, es una cuestión de mercado, ante una situación que responde a intereses personales y no de la SGAE».

La Organización Profesional de Editores de Música se ha dirigido por carta el pasado día 12 de diciembre al secretario de Estado de Cultura, Fernando Benzo, pidiendo que tome cartas en el asunto. Aún no ha respondido ni los ha recibido. El pasado verano, en una entrevista con Sastrón, Benzo exhortó al presidente de SGAE a encontrar rápida solución a todos los conflictos internos, para que no perjudiquen más a la imagen de la entidad, los autores y la gestión de derechos en España.