Javo díaz Villán

La procesión de los ataúdes: el pueblo de Pontevedra con uno de los ritos ancestrales más raros del planeta

Se lleva a cabo hoy en la localidad pontevedresa de Santa Marta de Ribarteme para pedir la intercesión de la Santa, hermana de Lázaro

Actualizado:

El periódico británico The Guardian lo tildaba hace unos años como uno de los ritos más raros del mundo y este año la localidad de Santa Marta de Ribarteme, en As Neves, en Pontevedra, vuelve a cumplir con la tradición de cada 29 de julio.

La villa acoge hoy, a partir de las 12.00 horas, una de las romerías más antiguas de Galicia y también una de las más singulares: la procesión de los ataúdes, con gente dentro, muy viva, que acompañan a la santa, porteados por familiares y amigos, para pedir por la recuperación de la enfermedad o agradecer a Santa Marta la intercesión ante un trance importante en sus vidas.

Santa Marta aparece en el Nuevo Testamento citada por San Lucas y San Juan, como hermana de Lázaro y María Magdalena (fue una de las Santas Mujeres que le siguió hasta la Cruz ). Es ella la que realiza la plegaria para que Jesús resucitara a su hermano Lázaro muerto. Al condecerle la gracia, se convierte en la intercesora ideal para suplicarle la recuperación.

Los primeros registros de la multitudinaria romería aparecen en torno a 1700, aunque varias teorías remontan sus orígenes a la Edad Media. La iglesia de la parroquia guarda en la «casa de Santa Marta» ocho ataúdes para que sean utilizados por los ofrecidos a la santa para que los libre de la muerte. Hasta el momento, hay reservados cinco para la procesión de este año, aunque es posible que más personas reserven una caja mortuoria o lleguen con su ataúd para introducirse en él y completar la procesión después de la misa de las 12.00 horas.

Además de ir en el féretro, algunos penitentes llevan una especie de mortaja hecha de tul y portan un bastón y una vela para agradecerle a la santa su intercesión para que ellos, sus familiares o allegados se recuperasen de graves enfermedades. En el caso de los niños, los féretros, de color blanco, suelen ir vacíos.

Porteadores y familiares se encargan del avituallamiento, principalmente líquido, de los «ofrecidos» o «muertos-vivos» durante el recorrido desde la iglesia de Santa Marta hasta el cementerio y vuelta al punto de partida.

Algunos de sus integrantes, explica la agencia Efe, visten una especie de mortaja hecha de tul y una vela, que bien traen de casa o la adquieren en los múltiples puestos con cirios de todos los tamaños y exvotos instalados en los alrededores de la parroquia.

La procesión es seguida por otros penitentes que, en caso de no querer ser transportados en ataúd, cubren sus ropas con una gasa blanca y caminan portando una vela tras la imagen de la Santa que también acompaña a los féretros durante la procesión.

En la iglesia está expuesta durante las novenas una reliquia de Santa Marta cedida por la Abadía de Santa Marta de Tarascón, en Francia, en cuya cripta reposan y se veneran los restos de Santa Marta. Los feligreses que asisten a la novena, desde el pasado 19 de julio, tienen la oportunidad de besar esa reliquia.