Muere Dulce Chacón, la escritora que ha dado voz a las mujeres que sufren

Luchó, con fuerza y rabia, contra una cruel enfermedad, pero no pudo vencerla. El cáncer ha cercenado una de las más brillantes y prometedoras carreras literarias

MADRID. ANTONIO ASTORGA
Actualizado:

La escritora extremeña falleció ayer en su domicilio pasadas las once de la noche. «Vino de noche. Dijo que regresaba para morir. Traía la muerte en los ojos ¿sabe usted?». Dulce Chacón , escritora extremeña, concedía de esta forma voz a la gente humilde, a los seres desgarrados, en su novela «Cielos de barro», con la que obtuvo en 2000 el premio Azorín. Dulce Chacón homenajeaba así a la gente de su infancia, «a los seres de la República que perdieron tanto y no han tenido derecho a quejarse». ¿Era «Cielos de barro» una novela de perdedores? «No sé -contestaba con su hilo de voz dulce y entrañable-, pero creo que todos pierden algo y ganan...» A  Dulce Chacón  le apasionaba escribir. Y la literatura oral. Jamás olvidó las historias que le contaba su madre. Eran relatos a ras de tierra en donde los sentimientos afloraban al pie del corazón y que ella volcaba con pasión y amor en sus obras. Dulce Chacón creó una novela coral que respondía a muchas cosas, a innumerables inquietudes. Sus personajes son realistas, aldeanos de la tierra.  Dulce Chacón quiso desterrar en «Cielos de barro» el tópico de la España profunda.

Contra la incomunicaciónA Dulce le desgarraba el alma y le daba rabia que cuando salía a la luz un asesinato de la España profunda todo el mundo creía que solamente existía en esa España profunda.  «María Inmaculada de la Purísima Concepción. Madre soltera. En el parto su hijo nace con un brazo fuera y ella muere». He aquí una de esas desgarradoras historias que abrazaban sus «Cielos de barro». El texto retrataba la guerra y postguerra civil, desde la memoria de un viejo alfarero que desgrana el caso de una matanza ocurrida en la casa señorial de un cortijo extremeño. Había ricos, pobres, señores, criados, arriba y abajo. Unos seres mantenían la dignidad, otros imponían su autoritarismo: «Muchos problemas que padecemos en este mundo surgen por la falta de comunicación entre los de arriba y los de abajo», sostenía.

Dulce Chacón partía de su memoria, de los olores de las canciones, de todo el aroma de su infancia en  un maravilloso y recóndito lugar de Extremadura. A  Chacón, la poesía le acompaña siempre desde sus comienzos. Alcanzó un lenguaje repleto de belleza semántica. En «Cielos de barro» denunciaba: «En mi tierra extremeña, los latifundios permitían que una serie de personas fueran dueñas de otras, lo que dio origen a la esclavitud y a la servidumbre».

Nacida en Zafra (Badajoz), en 1954, Dulce Chacón era hija del poeta y ex alcalde de Zafra Antonio Chacón. Publicó su primer libro de poesía en 1992 -«Querrán ponerle nombre»- al que siguió, en 1993, «Las palabras de la piedra». Su tercer poemario, «Contra el desprestigio de la altura» obtuvo, en 1995, el premio Ciudad de Irún. Su primera novela, «Algún amor que no mate», fue apadrinada en Madrid por José Saramago. Es un relato contra la violencia doméstica desde el que quería «remover conciencias». El libro forma parte de una trilogía sobre la incomunicación en la pareja, junto con «Blanca vuela mañana» (1997) y «Háblame, musa, de aquel varón» (1998).

En 1998 dio forma a la autobiografía novelada de la torera Cristina Sánchez, titulada «Matadora» y colaboró como guionista en «Ellas son así». 

Despertando concienciasEl pasado año publicó «La voz dormida», donde retomaba el tema de la Guerra Civil y la Posguerra. Dulce resquebrajó un silencio narrativo de casi tres años tras «Cielos de barro» y despertó las voces de las mujeres relegadas a un segundo plano en una etapa transitada por sus generaciones antepasadas. Y siguió despertando conciencias. Se sentía satisfecha con su trabajo. Escribió «La voz dormida» por una necesidad personal «de conocer la historia que no se ha podido o no han querido contar: el pasado oculto. El silencio del franquismo fue muy duro», denunciaba. Los testimonios que más le llegaron al corazón eran las historias de amor: «Dentro de la barbarie de la época, las pasiones vividas eran muy puras, auténticas y entregadas. Tanto las relaciones amorosas entre las parejas, como la pasión de solidaridad que existía entre las presas, sus familiares... Era una época donde la solidaridad fue fundamental para la supervivencia y la dignidad con la que defendieron sus ideales para soportar el horror». El novelista Luis Landero, amigo y paisano de Chacón, señaló que «se ha ido en su mejor momento como autora, cuando estaba madurando su obra» y «tenía todo por dar».