El próximo Diccionario de la Real Academia incluirá el término «helada negra» como homenaje a Delibes
El Príncipe de Asturias, durante su discurso en el acto de presentación oficial de la Fundación Miguel Delibes - EFE

El próximo Diccionario de la Real Academia incluirá el término «helada negra» como homenaje a Delibes

Así lo ha anunciado José Ramón Blecua en el acto de presentación oficial de la Fundación Miguel Delibes

VALLADOLID Actualizado:

El término «helada negra» formará parte de la próxima edición del Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) como homenaje al mundo rural que traspasa la obra narrativa de Miguel Delibes (1920-2010), según ha anunciado hoy en Valladolid el director de esa institución, José Ramón Blecua.

«Prometo incluir la "helada negra" en la nueva edición del DRAE para que acompañe así a la "helada blanca" que sí figura», ha anunciado Blecua durante su intervención, delante de los Príncipes de Asturias, en el acto de presentación oficial de la Fundación Miguel Delibes, constituida administrativamente en marzo pasado.

El habla coloquial, en distintos registros y niveles de locución, ha ponderado el director de la Academia de la Lengua al glosar durante una breve intervención la dimensión literaria del autor del novelista vallisoletano. La utilización de vocablos en desuso, caso de «helada negra», ha referido como una de las consecuencias de esa cualidad de «observación léxica» que en muchas ocasiones, con éxito y sin él, Miguel Delibes trasladó a la Docta Casa como inquilino del sillón letra «e» minúscula, que ocupó entre el 25 de mayo de 1975, fecha de su discurso de ingreso, hasta el 12 de marzo de 2011, de su óbito.

Fenómeno atmosférico

La «helada negra», citada en varios pasajes de novelas de Delibes, se refiere al fenómeno atmosférico consistente en la repentina bajada nocturna de la temperatura del aire por debajo de los cero grados centígrados, con ausencia de humedad pero sin llegar a la formación de hielo que caracteriza a la «helada blanca».

Acontece en épocas no necesariamente invernales, ataca a las plantas hasta producirles quemaduras de aspecto negruzco, y era muy temida como describió Delibes en un capítulo de «Las ratas» (1962) donde los aldeanos, recluidos en la taberna durante la madrugada, se aferraban como una tabla de salvación a la espera de un súbito viento que disolviera el fenómeno que barruntaban y que, de no mediar un milagro, acabaría con la cosecha de cereal.