En los límites de Asia: los alemanes alcanzan el Cáucaso y el Volga
Un soldado alemán arranca trozos de recuerdo de un avión soviético derribado. A la izquierda, motoristas de la ‘Wehrmacht’ descansando sobre sus vehículos
la larga guerra del siglo xx. segunda guerra mundial (XXIII)

En los límites de Asia: los alemanes alcanzan el Cáucaso y el Volga

El grito de victoria era unánime entre todos los soldados de la división «panzer»: «¡El Volga!, ¡hemos llegado al Volga!». Europa se acababa y comenzaba Asia. El Tercer Reich alcanzaba su máxima expansión

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Olvidados los sinsabores del invierno anterior y con la moral alta tras los éxitos frente a las ofensivas soviéticas de primavera, con la llegada del verano, el ejército alemán toma de nuevo la iniciativa en el Frente Sur con el objetivo de ocupar los pozos petrolíferos del Cáucaso.

El inicio de la operación Fall Blau es fulgurante: el renovado impulso de la Wehrmacht produce otra vez una serie de espectaculares victorias. Mientras las tropas alemanas y rumanas se hacen con el control total de Crimea tras la toma de Sebastopol—en una batalla urbana que será un anticipo de lo que está por venir en Stalingrado—, las fuerzas del Grupo de Ejércitos Sur se internan profundamente en todos los sectores del frente, gozando de nuevo del certero apoyo de la Luftwaffe.

Las fuerzas del Ejército Rojo en el sector están debilitadas tras las derrotas de la primavera. Los mal planteados contraataques sobre las puntas de lanza del avance alemán únicamente han contribuido a que los reveses sean cada vez mayores, al involucrar los soviéticos sus reservas —sobre todo las mecanizadas— en unos combates en campo abierto que sus tropas, todavía muy por debajo de las enemigas en adiestramiento, no pueden ganar.

Monte Elbruz

La ofensiva hacia el Cáucaso y sus pozos petrolíferos continúa a la par que las fuerzas móviles germanas progresan a través de la inmensidad de la Estepa, en una marcha en la que todos los ejércitos soviéticos que salen al paso de los alemanes son derrotados.

El 23 de julio, se conquista Rostov; el 25, se cruza el río Don; el 9 de agosto, el I Ejército Panzer llega a las estribaciones del Cáucaso y, en una escena de fuerte carga simbólica, el día 21, la bandera de guerra del Reich es izada sobre el Monte Elbruz. El 29, las tropas germanas tienen a la vista las afueras de Stalingrado, duramente bombardeado por la Luftwaffe. Las vanguardias de las divisiones panzer llegan al Volga: Asia se encuentra en la otra orilla y Berlín queda a más de 3.000 kilómetros. El Tercer Reich parece no tener límite.

En su avance, los alemanes son auxiliados por los ejércitos de sus aliados húngaros, italianos y rumanos, peor armados y entrenados, pero que van cobrando cada vez más importancia, no tanto en la dirección del avance principal, sino a la hora de cubrir los huecos en la cada vez más sobreextendida línea de frente. Por segunda vez, la victoria en el Este parece al alcance de la mano de Hitler, pero de nuevo sus decisiones y su continua ingerencia en la conducción de la guerra hacen que esta posibilidad de victoria se diluya.

Por orden suya, ampliamente contestada por los mandos del Grupo de Ejércitos Sur, las fuerzas de avance son divididas en dos sectores con igual prioridad: Stalingrado, que hasta entonces era un objetivo meramente secundario, y el Cáucaso, cuyos recursos energéticos han sido permanente obsesión para el Fürher y principal objetivo de la ofensiva.

Stalingrado

La conquista de Stalingrado, la ciudad con el nombre del dictador soviético, y la posibilidad de cerrar la vía fluvial del Volga reportarían grandes beneficios a las armas alemanas, además de significar un golpe propagandístico considerable… Pero con esa decisión, además de dispersar esfuerzos, Hitler se está dejando atraer nuevamente hacia una batalla de desgaste que todos los mandos, e incluso el mismo, siempre han querido evitar.