La catedral de Jauja, en Perú
La catedral de Jauja, en Perú - Wikimedia
Refranes

Esto es Jauja... ¿o es esta otra Jauja?

Un pueblo de Córdoba y una ciudad de Perú comparten el mismo nombre de «La tierra de Jauja» de Lope de Rueda

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«En la tierra de Jauja hay un río de miel y otro de leche, y entre río y río hay una fuente de mantequilla y requesones, y caen en el río de la miel», es «un lugar en donde pagan a los hombres por dormir», «una tierra en donde azotan a los hombres que se empeñan en trabajar»... Estos y otros prodigios describen los bribones que engañan al crédulo Mendrugo en el paso « La tierra de Jauja» que escribió Lope de Rueda en 1547.

En las fechas en que el autor sevillano idea esta fábula teatral para « El Deleitoso» ya existían dos localidades con el nombre de Jauja: el pequeño pueblo cordobés del partido judicial de Lucena donde nació el famoso bandolero José María El Tempranillo y la ciudad fundada por Pizarro en 1534, la primera capital del Virreinato del Perú hasta la fundación de Lima. ¿En cuál se inspiraría Lope de Rueda?

«Detrás de esta fábula está el rico valle de Jauja en el Perú», asegura José Luis García Remiro en su libro «¿ Qué queremos decir cuando decimos...?» (2001). La leyenda sobre este país imaginario de la abundancia procede en su opinión de las primeras relaciones de Pizarro sobre el valle de Xauxa conquistado en 1533 y las descripciones que hicieron del lugar Francisco de Xerez (1534) o Cieza de León (1553). «La imaginación popular identificó el nombre de este valle de Xauxa con toda la supuesta riqueza del Perú, cuya leyenda áurea se difundió a partir del fabuloso tesoro que Atahualpa entregó a Pizarro», explica.

«El paso titulado "La tierra de Jauja" recogió y al mismo tiempo disparó la imaginación popular sobre una tierra rebosante de leche, vino y miel, de árboles de cuyas ramas penden lechones asados y donde está prohibido trabajar», continúa García Remiro.

También Gregorio Doval cree que las noticias que llegaban sobre el valle andino, con su clima benigno, la fertilidad de su suelo y sus grandes reservas de metales preciosos, animaron a Lope de Rueda en su fábula. «No es raro que la mezcla de las maravillas inventadas por Rueda y por otros después de él y los relatos exagerados de los que visitaban la ciudad andina, fijaran en el acervo proverbial y paremiológico español el nombre de Jauja asociado a un paraíso de ensueño», señala en « Del hecho al dicho».

Margarita Candón y Elena Bonnet apuntan en « A buen entendedor...» cómo en Jauja existían minas de plata con vetas a flor de tierra, semejantes a ríos de plata, y que debido a su clima beneficioso para el reúma y otras enfermedades, el virrey Amat lo convirtió en lugar de residencia alimentando aún más el mito.

La isla de Jauja

Jauja se convirtió en un romance posterior en una isla donde no se trabaja y a quien así lo hace «le dan doscientos azotes agrios», cuyos habitantes viven más de 300 años sin hacerse viejos y mueren de risa, con murallas de bronce dorado, puertas de diamantes y calles de ébanos y marfiles, mares y ríos de vino, montañas de queso, valles de mermeladas, cuevas llenas de sedas y vestidos para las damas. A « La isla de Jauja» podían ir caballeros y pobres hidalgos. «Diez navíos salen juntos, de La Coruña este año», decía este impreso propagandístico para invitar a enrolarse rumbo a América.

Para llegar a la Jauja cordobesa que fundaron los árabes en el s. XII (jauja, en árabe significa pasillo, pasadizo o portillo), basta con conducir por la A-3131. Situado a unos 30 kilómetros de Lucena, es un pequeño pueblo de casas blancas de unos 1.000 habitantes. Allí algunos de sus vecinos admiten que éste «no debió ser lugar de abundancia si sus habitantes se metían a bandoleros». La Jauja de la abundancia «hay que buscarla en Perú», señalan en la web www.jaujacordoba.es donde dan a conocer la localidad. Así lo corrobora la Real Academia de la Lengua al señalar que el término alude a « Jauja, valle del Perú, famoso por la riqueza de su territorio».

La Municipalidad Provincial de Jauja cree, sin embargo, que el origen de la leyenda se encuentra precisamente en la pedanía cordobesa. Cuando Pizarro y su tropa se establecieron durante una prolongada etapa en el valle de Jauja antes de marchar hacia Cuzco, explica en su web, en este valle los incas habían acumulado enormes cantidades de alimentos, vestimentas y riquezas varias que permitieron a los españoles vivir holgadamente durante meses. Esta abundancia, subraya, «fue probablemente lo que les hizo recordar a la española Jauja, en la cual, según relata con exageración Lope de Rueda, las calles estaban empedradas con piñones y por ellas corrían arroyos de leche y de miel. Así se asentó la legendaria magnificencia del valle del Mantaro, y más en concreto del País de Jauja».

Jauja, que habría tomado el nombre en recuerdo y homenaje a la localidad cordobesa, se convirtió en el destino de muchos residentes españoles que llegaban desde la capital o incluso desde España para curarse de enfermedades respiratorias y tuberculosis en su clima seco. Las riquezas que éstos llevaron reforzaron aún más la leyenda que hizo popular la expresión «Esto es Jauja».