La estatua ecuestre de Espartero en Madrid
La estatua ecuestre de Espartero en Madrid - ayuntamiento
Refranes

«Más, más, los huevos del caballo de Espartero se los haces más grandes»

Al escultor del monumento de Granátula de Calatrava le insistieron en que agrandara los atributos del equino para no desmerecer a las estatuas de Madrid y Logroño

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El escultor José Lillo Galiani rememora divertido aquel 1991 cuando llevó a cabo el encargo del Ayuntamiento de Granátula de Calatrava de una estatua ecuestre en recuerdo de Baldomero Espartero, el hijo más célebre de esta pequeña localidad de Ciudad Real.

«Recuerdo que cuando el alcalde de Granátula visitó mi taller para ver la obra modelada en arcilla, desde la puerta se dirigió directamente a la escultura y se puso a observar los testículos. Inmediatamente me dijo: "más, más, los huevos se los haces más grandes"», relata Lillo. El artista tranquilizó al edil asegurándole que disponía de la arcilla necesaria para agrandar aquellas partes todo lo que él quisiera. «Pero luego no lo hice así, ni quería copiar detalles ni caer en el ridículo, y se quedaron como los hice en principio, bien provisto el caballo pero sin exageraciones», añade.

Y es que «hay un tamaño máximo (tiene los cojones como los del caballo de Espartero) que no puede superarse, porque entonces indica "torpeza o vagancia" (le cuelgan, se los pisa, se sienta sobre ellos, e incluso necesita una carretilla para llevarlos)», como señala Arturo Pérez Reverte en su exhaustivo análisis de la palabra española con más acepciones.

Los atributos del brioso corcel de Baldomero Espartero (1793-1879) se han vuelto tan famosos en el habla popular que hasta Google remite a una página sobre la estatua de Espartero si se busca el inicio de la expresión sin nombrar al conde de Luchana.

La atribución del dicho se la disputan entre madrileños y riojanos... y ambos llevan razón. El monumento a Espartero en el Paseo del Espolón de Logroño es una copia de la original estatua ecuestre del Príncipe de Vergara que desde 1886 se erige en la confluencia de las calles de Alcalá y O'Donnell frente al Retiro. Las dos fueron realizadas por el mismo escultor, el catalán Pablo Gibert y Roig, y en ellas ambos caballos están igual de bien dotados.

Gibert y Roig ganó en 1884 el concurso convocado para erigir una estatua ecuestre a Espartero con su modelo titulado «Gloria al Pacificador», superando a Ramón Subirat que tuvo que conformarse con el accesit y 3.000 pesetas. El escultor catalán eligió el momento en el que el Duque de la Victoria entró triunfalmente en Madrid después de haber firmado el Convenio de Vergara, cuyo documento lleva en la mano izquierda al tiempo que sujeta las riendas del caballo.

Dos años después, la prensa acudía a examinar la estatua de bronce antes de su inauguración. «En los acreditados talleres de los Sres Comas hermanos de esta ciudad (Barcelona), hemos tenido ocasión de ver una nueva obra de arte (...) La figura del jinete es proporcionada, su continente natural y reposado, y el parecido del semblante, los detalles del traje, la actitud del caballo representando el paso castellano y su magnífica ejecución justifican el que se pueda clasificar entre las mejores obras de nuestros artistas», se leía en la publicación « Industria e Invenciones» el 5 de junio de 1886. « La Dinastía», que también acudió a la fundición en la calle de Ferlandina, acreditaba la «competencia y gran estudio al moldear el caballo», que representaba el paso castellano, aunque admitía que «la colocación actual de la estatua no permite apreciar completamente sus bellezas artísticas».

Nada dijeron tampoco de los atributos del caballo los periodistas que vieron la estatua ya instalada a la entrada del paseo de coches del Retiro frente a las escuelas de Aguirre. «El aspecto que ofrece la estatua es realmente artístico y hermoso», decía « La Correspondencia de España» que apuntaba que el caballo era «admirable».

Hacía cinco años que había fallecido el general Espartero en Logroño y ya en la capital riojana, donde había vivido los últimos años, se construía otro monumento en su honor. Para éste, Pablo Gibert repitió el modelo de Madrid con una ligera variación: el general lleva puesto el bicornio en lugar de sostenerlo en la mano derecha. La estatua fue inaugurada en Logroño en 1895.

«Quizás el artista quiso reflejar en los atributos del caballo el arrojo y otras cualidades del jinete», señala Lillo, aunque en su opinión «no caen en la desproporción exagerada».

«De todas formas, por experiencia sé que en muchas ocasiones el espectador atribuye a una obra detalles, aspectos o interpretaciones que el artista, en ningún momento, había tenido en consideración», añade este escultor con trabajos monumentales repartidos por la geografía castellanomanchega.

Él consultó previamente muchos monumentos ecuestres, incluido el Colleoni de Verrochio en Venecia, aunque asegura no se inspiró en Gibert ni en ningún otro para realizar su estatua, algo más pequeña que las de Logroño y Madrid, «con un modelado más ligero y menos detallista».