El Mesón de La Dolores, en Calatayud
El Mesón de La Dolores, en Calatayud - fabián simón
Refranes

La copla que echó a La Dolores de Calatayud, pero la hizo inmortal

La leyenda poco tiene que ver con la mujer real que acabó sus días en Madrid

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«No tengo ninguna duda de que La Dolores es Dolores Peinador Narvión, he encontrado miles de documentos que guardo en mi archivo y tengo muchos testimonios fehacientes contrastados», asegura Antonio Sánchez Portero a ABC. El autor de «La Dolores, algo más que una leyenda»(1998) o «La Dolores: un misterio descifrado» (1987) lleva más de cuarenta años investigando quién fue la mujer que inspiró la famosa copla «Si vas a Calatayud, pregunta por la Dolores, que es una chica muy guapa, y amiga de hacer favores».

«La copla surgió de forma anónima en Calatayud hacia 1840-1850, lo que "obligó" a Dolores Peinador a trasladarse a Madrid», afirma el hoy consejero del Centro de Estudios Bilbilitanos de la institución Fernando el Católico. María de los Dolores Peinador Narvión había nacido en Calatayud el 13 de mayo de 1819. Perteneciente a una de las más distinguidas familias bilbilitanas, su madre al morir le había dejado una cuantiosa herencia que el padre, casado en segundas nupcias, se resistía a entregar.

A esta herencia que pronto habría de poseer sumaba Dolores una extraordinaria belleza -«alta, rubia, de ojos azules, que más por el señorío de su porte y su gentileza, atraía por la sugestión de su mirada»- que acaparó la atención de muchos pretendientes. Con 20 años recién cumplidos, Dolores se casó en secreto en Zaragoza con Esteban Tovar, un teniente granadino que acababa de dejar el Ejército para vivir de su ventajoso matrimonio. Comenzaron entonces unos interminables litigios con su padre con los que obtuvieron finalmente la herencia, pero a un alto coste y su desordenada vida matrimonial dilapidó pronto los bienes, arrastrándoles casi hasta la miseria.

Su descalabro social y la vida irregular de Dolores y su marido dieron pie a la famosa copla popular de doble sentido que ha quedado indisolublemente unida a la ciudad. «Antes no se podía nombrar a la Dolores en Calatayud, porque acarreaba consecuencias desagradables», señala Sánchez Portero.

En 1850 el matrimonio se trasladó a Madrid, a la calle de la Ballesta. De allí pasarían a la calle Cruz Verde, y a la calle Jardines donde vivía ya viuda en 1850 con su hijo Esteban. «Falleció en agosto de 1894 en la calle Flor Alta, en el Palacio de los Marqueses de Altamira, y fue enterrada en La Almudena en una tumba de caridad», apunta Sánchez Portero, para quien estas calles donde vivió «son muy "ilustrativas" de su personalidad».

«Por más que fuese Dolores Peinador protagonista de hechos singulares, destacados y, si se quiere, escandalosos, al no tener éstos relevancia histórica, su recuerdo se ha ido diluyendo, difuminando en el más completo olvido», señala Sánchez Portero en un tríptico del Mesón de la Dolores.

La Dolores de Feliú y Bretón

La azarosa vida de La Dolores real es muy distinta a la leyenda de la joven hermosa y caritativa que servía en la Posada de San Antón de Calatayud, según el romance que estrenó José Feliú y Codina en Madrid en 1893 y que posteriormente Tomás Bretón convirtió en la zarzuela mundialmente famosa. Seducida por un barbero llamado Melchor, que la rechaza para casarse con una rica heredera, a La Dolores del drama la pretenden un rico mercader (Patricio) y un sargento (Rojas) aunque finalmente es el seminarista Lázaro, quien enamorado pelea con Melchor y acaba apuñalándole en el corazón.

Feliú y Codina ideó el drama tras haber oído la copla popular en la estación de La Zaida un ciego que solía cantar al paso de los trenes. Según José María Iribarren, el propio ciego llamado Pascualón habría improvisado la copla después de que «una guapa moza, donairosa y alegre» le preguntara en tono cariñoso por la causa de su ceguera y le diera una limosna. La versión que recoge el autor de «El porqué de los dichos» fue publicada por Gregorio García Arista en «El Español» del 13 de octubre de 1945 con el título «Cómo nació la canción de La Dolores».

«Feliú vio, o quiso ver, en la palabra "favores" una intención distinta de la que tuvo en la copla original. Y así surgió La Dolores», señala Iribarren, que recoge cómo Calatayud convocó un certamen en 1924 para desvirtuar el sentido de la canción popular y enaltecer el honor de la mujer bilbilitana.

Pero «la copla, cantada por pueblos y caminos (aquí encaja la fábula o invención del ciego) ha sido la semilla que ha engendrado un Patrimonio cultural en la Literatura y la Música», subraya Sánchez Portero. Las investigaciones de este estudioso aragonés han reconciliado a Calatayud con La Dolores que hoy cuenta hasta con un museo en su honor.