«Perry Mason», protagonizado por Raymond Burr junto a Bárbara Hale
«Perry Mason», protagonizado por Raymond Burr junto a Bárbara Hale - abc
Refranes y frases hechas

Ni Perry

La expresión que se ha consolidado como sinónimo de que no fue nadie alude al mítico abogado de ficción Perry Mason

Actualizado:

Si «no fue ni Perry» es que nadie apareció. Cualquiera que haya oído la expresión lo sabe. Lo que igual desconoce es que ese Perry al que alude la frase hecha se refiere al mítico Perry Mason, el abogado que protagonizó las novelas policíacas de Erle Stanley Gardner y se convirtió en un mito de la televisión en los años 50 y 60.

El elegante y arrogante abogado-investigador, que encarnó en la pantalla Raymond Burr, resolvió junto a su secretaria Della Street y su detective particular Paul Drake más de un centenar de casos ante las asombradas narices del fiscal Hamilton Burge.

«El caso de la joven arisca», de 1933, fue la primera aparición de este mítico personaje que cosechó un ininterrumpido éxito durante 40 años. «Su talento deductivo, su infalibilidad, su talento irónico y en ocasiones mordaz, su inacabable capacidad de trabajo, su confianza en sí mismo y en quienes le ayudaban, su convencimiento de ser o estar cerca del superhombre, despertaba oleadas de admiración e interés en las gentes más dispares», escribió Antonio González Morales en el cincuentenario del nacimiento de este popular abogado.

Millones de lectores leyeron «El caso del canario cojo», «El caso de la novia curiosa» o el de las garras de terciopelo, o el de la lata vacía... o cualquiera del sinfín de aventuras que ideó para él Stanley Gardner y que también fueron llevadas con gran éxito a la televisión y el cine.

La serie de « Perry Mason», pionera entre las historias de picapleitos, se mantuvo de 1957 nada menos que hasta 1966. Años después protagonizaría otra entre 1973 y 1974 y más de 25 películas para la televisión entre 1985 y 1993. Su constante presencia en la pantalla a lo largo de casi 40 años hizo que el ubicuo Perry Mason pasara a ser utilizado en la frases como «no fue ni Perry» o «no está ni Perry», precisamente por lo difícil que resultaba su ausencia. Así lo señalan en el libro « ReAprendeEspañol: Las 101 cagadas y otras curiosidades de nuestro idioma», de Irazusta Comunicación.

La Frikipedia señala que «compartía con el Rey de Roma el superpoder de la ubicuidad». Estaba en casi cualquier sitio, «de ahí la frase "No está ni Perry" cuando un lugar estaba eminentemente vacío».