Fortalezas y calles empedradas que te asombrarán en Castilla-La Mancha

Castilla-La Mancha cuenta con dos ciudades patrimonio, Cuenca y Toledo, y un legado arquitectónico que guardan sus castillos, testigos de duras batallas

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Castilla-La Mancha llega a Fitur 2018 cargada de propuestas entre el cielo y la historia. Presenta, por ejemplo, el parque astrónomico de la serranía de Cuenca, que ha conseguido la certificación de la Fundación Starlight como uno de los cielos con menos contaminación lumínica de España para observar las estrellas. Diecinueve pueblos participan de este proyecto. Además, muestras sus tesoros avalados por la historias, las ciudades patrimonio, los castillos, un paisaje de calles empedredas emocionante para cualquier fin de semana. Repasamos algunas de esas joyas.

1. De Toledo a Cuenca, Patrimonio de la Humanidad

Vista de Toledo desde el valle
Vista de Toledo desde el valle

Ser turista en Toledo es difícil. Esta ciudad, Patrimonio de la Humanidad, requiere más de un par de horas o una mañana para descubrir sus enmarañadas callejuelas en un trazado que hace imposible descubrir todo su casco viejo, cuyo emplazamiento es tan original como el de Venecia o muchas ciudades europeas. La capital regional se levanta sobre un promontorio que abraza el río Tajo. Conocida como la Ciudad de las Tres Culturas, debido a la convivencia durante siglos de cristianos, judíos y musulmanes, la ciudad alberga dentro de sus murallas una espectacular muestra de la historia del arte español y de los pueblos que dejaron su impronta.

Pintores, literatos y cineastas llegaron a Toledo para callejear por la ciudad a horas intempestivas. De esa experiencia hay fiel testimonio. Por ejemplo: El Greco y sus lienzos; Gustavo Adolfo Bécquer, cuya presencia es constante en la ciudad, y Luis Buñuel que rodó escenas de su película «Viridiana» en el pórtico del Convento de Santo Domingo El Real. Toledo, declarada Ciudad Patrimonio de la Humanidad en 1986, alberga en el recinto amurallado joyas arquitectónicas como la catedral, la Sinagoga del Tránsito y Santa María La Blanca, la Mezquita del Cristo de la Luz, el Alcázar de Toledo, que alberga el Museo del Ejército y la Biblioteca... En definitiva, un tesoro incalculable que seduce a miles de visitantes.

Casas colgadas de Cuenca
Casas colgadas de Cuenca

Y si quiere seguir disfrutando del patrimonio arquitectónico y cultural, no deje de visitar Cuenca, que se asienta entre las hoces de los ríos Júcar y Huécar. Su casco histórico se despliega al borde de paredes rocosas, en plena serranía de Cuenca. La catedral, las Casas Colgadas, la Plaza Mayor, los museos, conventos y las calles empedradas son un remanso de paz para quien quiera huir del estrés de la ciudad.

Llegar a Cuenca -ciudad Patrimonio de la Humanidad- y no contemplar sus Casas Colgadas es como ir a París y no ver la Torre Eiffel. Sin duda, es su monumento más representativo, pero no el único. Esta ciudad encierra en su casco viejo la catedral de Santa María, el puente de San Pablo (situado sobre el río Huécar), la Plaza Mayor, una de las más bonitas y monumentales, el Museo de Arte Abstracto y otros edificios de gran valor patrimonial. Es recomendable visitar Cuenca durante la Semana Santa. La ciudad se transforma y se convierte en el epicentro cultural de España con la la Semana Internacional de Música.

2. Ruta de los castillos

Castillo de Sigüenza
Castillo de Sigüenza

La región también cuenta con otras propuestas turísticas, como la ruta por los castillos, testigos silenciosos de conquistas y reconquistas en épocas antiguas. En estas fortalezas vivieron reyes, señores feudales templarios, monjes y frailes. Siglos de historia depositados piedra sobre piedra hasta conformar imponentes estructuras que hoy evocan batallas y encuentros sanguinarios. Y comenzamos este recorrido por el castillo de la localidad de Chinchilla de Montearagón (Albacete), construido en el siglo XV por el Marqués de Villena, Juan Pacheco, sobre otra fortificación árabe, en cuya cárcel estuvo preso César Borgia.

El Sacro Convento y Castillo de Calatrava La Nueva, situado en la localidad ciudadrealeña de Aldea del Rey, es una impresionante fortaleza edificada en el siglo XIII como sede de la Orden de Calatrava, cuya fábrica de pedernal se recorta magnífica sobre el cielo manchego, dominando el paso estratégico de La Mancha a Sierra Morena.

El castillo de Belmonte (Cuenca) fue impulsado también por el Marqués de Villena, Juan Pacheco, en el siglo XV y sometido a una restauración parcial en el siglo XVIII.

El castillo de Sigüenza, convertido en Parador Nacional, remata con su gallarda y solemne silueta el perfil del municipio, en el que, vista de lejos, se confunden las torres de la catedral, los chapiteles de los templos románicos y los frontispicios de palacios y conventos, con la algarabía tierna de la arquitectura popular genuina de estas sierras ibéricas.

3. Castillo de Almansa: una maravilla del gótico albaceteño

Castillo de Almansa
Castillo de Almansa

Espectacularmente alzado sobre el perfil del municipio, el castillo de Almansa es uno de los mejor conservados de la provincia de Albacete. Es una fortaleza edificada en el siglo XIV por el infante don Juan Manuel, posiblemente sobre fortificaciones anteriores, en cuyo interior conserva interesantes y bellas obras de cantería góticas.

Conquistado por Jaime I de Aragón, fue cedido a la Orden del Temple, pasó después a Castilla, y fue dotado con dos fueros, el de Requena y el de Cuenca, por el rey Alfonso X «el Sabio».

En 1919 el alcalde de Almansa denunció el estado ruinoso y solicitó permiso para su demolición, pero gracias a los informes realizados por la Real Academia de la Historia y la de Bellas Artes de San Fernando, en contra de la petición del Ayuntamiento, la fortaleza no sólo se salvó, sino que fue declarada Monumento Histórico Artístico Nacional.

Otra fortaleza destacada es el castillo del Cid, situado en la localidad guadalajareña de Jadraque, en lo alto del cerro «más perfecto del mundo», como aseguró don José Ortega y Gasset. Llamado así por fervor popular, pudo haber sido conquistado a los árabes por Rodrigo Díaz de Vivar.

Finalmente, el castillo de Guadamur (Toledo) es, sin duda, lo que más personalidad da a la villa toledana. Situado al este de la localidad, en el cerro llamado de la Natividad, es uno de los más visitados en la región.