El cambio climático está detrás de la mayoría de los conflictos armados actuales
Un miembro del autodenominado Ejército de Liberación de Sudán - reuters
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El cambio climático está detrás de la mayoría de los conflictos armados actuales

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En países como Darfur, Malí o Chad la lucha por el agua y la tierra cultivable han degenerado en guerras civiles, violencia sexual o genocidios. Pero esta situación no es exclusiva del África subsahariana. Más de 1.500 millones de personas en todo el planeta dependen para su subsistencia de tierras degradadas, en las que la desertificación es la constante y la lucha por la supervivencia ha llevado a los estados más frágiles a militarizarse para intentar controlar los desórdenes. 168 países sufren una severa degradación de sus tierras: Yibuti, Somalia, Kenia, Etiopía (en África), India y China (en Asia) destacan entre aquellas naciones más perjudicadas por este proceso de degradación.

La Convención de las Naciones Unidas para la Lucha contra la Desertificación (Unccd, en sus siglas en inglés) asegura en el estudio «Desertificación: la primera línea invisible» que existe una relación directa entre la desertificación, el cambio climático y los conflictos armados. La secretaria ejecutiva de la Unccd, Monique Barbut, en un mensaje grabado en vídeo y difundido en Maseru, capital de Lesoto, en un acto preparatorio del Día Mundial de Lucha contra la Desertificación, aseguró que «el cambio climático está trayendo un clima más extremo, como sequías prolongadas e inundaciones repentinas a las comunidades más vulnerables a la desertificación».

África subsahariana

La mayoría de los conflictos entre estados que tienen lugar hoy día están relacionados con el control de los recursos naturales; en concreto, dice el informe, el 40% de los enfrentamientos de los últimos 60 años han estado asociados a la pugna por tierras cultivables y recursos naturales. En 2007, el 80% de estas luchas armadas tuvieron lugar en regiones que sufren periódicamente sequías. Si superpusiésemos tres mapas de África: el de las regiones más vulnerables a la desertificación, el de los desórdenes por situaciónes de hambruna y el de los ataques terroristas, veríamos que en realidad son uno solo y que corresponde a todo el cinturón subsahariano. Al hacerse más complicadas las migraciones, que siempre han sido la última estrategia de supervivencia de las comunidades amenazadas, se ha disparado aún más la inestabilidad interna de los estados porque los ciudadanos desesperados y sin opciones son presa fácil del radicalismo.