Cubanos hacen cola ante una bodega para adquirir los productos de la cartilla de racionamiento
Cubanos hacen cola ante una bodega para adquirir los productos de la cartilla de racionamiento - M. Trillo

Cuba, ante el fanasma de un nuevo «periodo especial»

El régimen castrista reconoce una nueva caída de la economía 23 años después de la última recesión oficial

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En Cuba se recuerda con pavor la profunda crisis en que se sumió la isla a principios de los 90 con el desmoronamiento de la Unión Soviética, de cuyos suministros dependía su economía. Durante lo que Fidel Castro llamó «periodo especial en tiempos de paz», se agravaron como nunca las dificultades para subsistir, mientras los apagones eran constantes y las fábricas permanecían paralizadas. El hundimiento de la economía llevó a un retroceso del Producto Interior Bruto (PIB) de casi un 15% en 1993, año en que se aprobaron tímidas reformas y a partir del cual Cuba pudo levantar cabeza ligeramente. Sin embargo, nunca se llegó a declarar cerrado aquel «periodo especial» y las penurias continuaron en los años siguientes.

Ahora, 23 años después de la última recesión oficial, el fantasma de una nueva etapa de miseria vuelve a planear sobre la mayor de las Antillas, en este caso coincidiendo con el colapso del que es en la actualidad su principal socio, Venezuela. El día a día de Cuba sigue marcado, tras la muerte de Fidel Castro, por la precariedad, con las familias haciendo cola en las bodegas para acceder a los alimentos básicos recogidos en la cartilla de racionamiento y unas viviendas en estado en general deplorable.

El propio presidente cubano, Raúl Castro, ha reconocido esta semana en la Asamblea Nacional que 2016 acabará con un retroceso del PIB del 0,9%, una vez que «las limitaciones en los suministros de combustibles y las tensiones financieras se agravaron en el segundo semestre».

Retraso en los pagos

Según Castro, en medio de lo que calificó de «desfavorable escenario» se ha mantenido «el cumplimiento estricto de las obligaciones contraídas como resultado del reordenamiento de la deuda externa cubana», pero admitió que «no ha sido posible superar la situación transitoria» en «los atrasos de los pagos corrientes a los proveedores».

Lejos de hacer autocrítica, el mandatario insistió también en los «efectos negativos» del «bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos», es decir, el embargo norteamericano sobre la isla, al tiempo que subrayó « los cuantiosos daños» que dejó el huracán Matthew» en octubre.

En 2015 se había registrado oficialmente un crecimiento de más del 4% y Castro dice confiar en que en 2017 la economía vuelva a situarse al alza, hasta con un 2% de incremento, si bien advierte de que «persistirán tensiones financieras y retos que pudieran incluso recrudecerse en determinadas circunstancias». El régimen se marca tres premisas «decisivas»: garantizar «las exportaciones y su cobro oportuno», «incrementar la producción nacional que sustituye importaciones» y «reducir todo gasto no imprescindible y utilizar racional y eficientemente los recursos disponibles».

Según apunta a ABCel presidente de The Havana Consulting Group & Tech, Emilio Morales, el principal factor de la crisis es que la entrega de petróleo de Venezuela ha caído de 125,000 a 50,000 barriles diarios, a lo que se suma el descenso del precio del petróleo de 100 dólares el barril en 2014 a incluso 30 dólares, lo que ha «limitado la venta que Cuba hacía del petróleo venezolano en el mercado internacional y han llevado incluso al cierre de la refinería de Cienfuegos».

Así mismo, el responsable de esta consultora con sede en Miami destaca «la disminución abrupta del personal cubano que presta servicios en las áreas de salud y educación principalmente, de 45,000 a 25.000 en dos años. Según los datos que maneja, la acción combinada de estos factores más la caída de otros negocios con Venezuela han implicado la pérdida de unos 8.000 millones de dólares.

A ello se añade la caída de las exportaciones de productos como el níquel (-26,67%), el azúcar (-10,10%) y el tabaco (-7.06 %), que entre los tres suponen una pérdida de unos 255 millones de dólares, así como «la incapacidad del gobierno cubano de atraer las inversiones extranjeras».

A juicio de Morales, Cuba ha desaprovechado el deshielo diplomático iniciado con EE.UU. en diciembre de 2014 y ha perdido «oportunidades de oro de atrapar inversiones multimillonarias» en proyectos de infraestructura turística, agroindustria y energía, entre otros sectores.