La curiosa historia de las hijas del canario Victoriano de Avero en 1711 en Florida

El soldado isleño tuvo un rancho de niñas que acabaron contrayendo matrimonios de conveniencia tantas veces hasta disponer de un envidiable patrimonio inmobiliario de la época

Las Palmas de Gran CanariaActualizado:

Es una de estas historias curiosas que hay de la huella isleña Estados Unidos. Los hechos ocurren en San Agustín, donde se funda lo que hoy es Florida, en 1711. Una mujer bautizada y llamada Francisca María García de Acevedo de Peñalosa se casa con Victoriano de Avero, un soldado de Tenerife.

Lo detalla muy bien Charles W. Arnade en su estudio «La historia de Avero: una familia de principios de San Agustín con muchas hijas y muchas casas», escrito en 1961. El texto, al que ha tenido acceso ABC, destaca el papel de esta familia en el fortalecimiento de nuestro país en la primera ciudad de Estados Unidos: San Agustín.

Francesca y el militar canario, Victoriano, tuvieron cinco hijas: Ildefonsa, nacida en 1713, Juana, nacida en 1715, Antonia, nacida en 1717, Manuela, nacida en 1719 y Úrsula, nacida en 1723. Hubo un niño, Francisco de Avero, pero murió en 1721 siendo pequeño.

Las cinco hijas siguieron los pasos de la madre y el consejo de su padre. Se casaron con soldados, algunos de ellos proedentes de Canarias, como ocurrió con Ildefonsa y Juana. Estos soldados murieron y quedaron viudas. Y se volvieron a casar ambas con otros soldados. Juana con Gerónimo de Hita y Salazar y Antonia con el capitán José Guillén, después comerciante.

Estrategas

Tras ocho años de matrimonio, Juana queda viuda, y se vuelve a casar, ya por tercera vez, en 1753 con Joaquín Blanco, procedente de las islas. Úrsula contrajo matrimonio con un teniente de caballería español procedente de Sicilia, que murió en 1746. Se volvió a casar con otro oficial, Raymundo de Arrivas. Manuela fue la única de las chicas que se casó con un soldado local de San Agustín.

Cuando San Agustín fue evacuado por los españoles en 1763, el mapa de propiedades realizado por Eligio de la Puente mostraba un grupo de casas en el norte de la calle San Jorge, entonces se llamaba Calle Real o de Gobernación, y que fueron propiedades ocupadas por las hijas y esposa de Avero y sus descendientes.

Las propiedades pasaron a manos británicas con la esperanza de cobrar algún día mientras eran desalojadas a La Habana. En 1783, Florida volvió a control de España después de 20 años de ocupación inglesa y algunos Avero regresaron para recuperar sus propiedades.

Otros miembros de la familia se quedaron en La Habana. Además de su propio patrimonio, otros españoles de avanzada edad, con tal de evitar la influencia británica, entregaban sus propiedades en herencia a las Avero.