María Jesús Moreno y Antonio Navarro, el día de su boda. - ABC

La doble vida de «la viuda» que convirtió en asesino a su amante

El sumario del crimen del ingeniero de Novelda destapa la «movida con tíos buenos» que mantenía su mujer

MadridActualizado:

Eran las 10.27 horas del pasado 8 de noviembre. María Jesús Moreno, conocida como Maje y viuda del ingeniero de Novelda (Alicante) Antonio Navarro, asesinado a puñaladas el 16 de agosto en el garaje de su casa del barrio valenciano de Patraix, llama a su amigo íntimo Salvador Rodrigo Lapiedra, Salva, entonces aún no identificado.

La mujer no sabe en ese momento que es la principal sospechosa de los investigadores del Grupo de Homicidios de Valencia, que escrutan sus movimientos y comunicaciones. Los agentes dan un respingo cuando escuchan esta conversación:

-Salva: No... es que... me ha venido a la cabeza, que, que, es verdad, que tu madre tiene toda la razón, que tienes que desconectar de tu casa y me ha venido a la cabeza que... en cierta medida también tendrás que desconectar de mí porque yo te lo voy a recordar cada día que me veas, entonces...

-Maje: Qué va ¡Jamás! Te dije que eso yo...

-Salva: Ya.

-Maje: Lo tenía apar... que no, o sea... es que ni lo pensaba. O sea te prometí que no lo iba a relacionar y así ha sido, es que ni me lo acabas de recordar tú porque es que no lo tengo yo en mente eso ¡nunca!

-Salva: Pues me ha dado un bajón, me ha dado un bajón bestial.-Maje: Ya, pero es que eso te lo pondrás tú en la cabeza, no... O sea, no intentes poner tus pensamientos en los míos porque te vas a equivocar.

-Salva: Y... el otro día llamé a la Policía.

-Maje: ¡Qué dices! (gritando)

-Salva: A mi amigo.

-Maje: Ahhh...(aliviada)

-Salva: A mi amigo, a mi amigo.

-Maje: ¡Dios! Salva, no hagas locuras, ¿eh?

Desde el primer día la Policía sabía que el móvil del crimen no había sido el robo, como había intentado hacer creer ella, y que detrás del mismo estaba Maje y su deseo de librarse de su marido. Sabía, además, que ella no había sido la autora material, porque el asesinato se cometió a primeras horas de la mañana y Maje se preocupó de pasar esa noche con su último amante, José, publicista, que se convirtió en sospechoso. Pero desconocía que Salva, un celador que trabajaba con ella en la Casa de Salud de Valencia y con el que había mantenido una intensa relación sentimental, era la persona que buscaban para encajar todas las piezas del puzzle.

La conversación, de seis minutos, demostraba que Salva estaba celoso porque su amada le era «infiel» con otro hombre y se iba a ir de viaje con él. A ella, en cambio, solo le interesaba saber si la estaban investigando porque dedujo que tendría el teléfono intervenido. Y eso era peligroso.

Atléticos y guapos

A la Policía le llamó la atención que Salva no tuviera el mismo perfil que el resto de amantes de Maje. Ella, de solo 27 años, coqueta y juerguista, solía buscar jóvenes atléticos y guapos. Su amigo, en cambio, celador, tenía 47 y no se ajustaba a sus gustos. «He mantenido alguna relación sexual con él, pero de manera muy esporádica y solo sexo oral, porque no me atrae físicamente», contó a los investigadores tras su detención.

La personalidad de esta mujer se trasluce a través de las páginas del sumario. Era capaz de jugar su papel de viuda triste ante el círculo más próximo -memorable la carta que entre sollozos dedicó a su marido en pleno funeral-, y luego mostrarse feliz con sus amistades íntimas por haberlo perdido de vista.

A su amiga Rocío le escribió: «Rocío, nosotras tenemos tres puntos que nos definen a la perfección: 1. Estamos muy locas. 2. Nos gusta la movida, la movida con tíos buenos. Yo la movida con Antonio que en paz descanse no la quería y ése (en referencia a un mosso con el que tuvo una relación en Barcelona) me va a follar como me folló en el baño».

De todo ello, concluye la Policía, se desprende que la muerte de su marido fue, para ella, «una liberación», hasta el punto de que en muchas de las conversaciones que mantiene con su amiga se muestra eufórica. Eso sí, en otras conversaciones se aprecia que junto al móvil de liberarse de su marido hay otro económico. Así se ve en esta conversación con Rocío, tras una reunión con su cuñado por la herencia:

-Maje: Qué muerto de hambre y que hijo de la gran... Que se pudran, tía, que a mí me han «dejao» en 5.000 euros ¿vale? pero tranquilo que salgo adelante, y se lo restregaré, se lo restregaré, ¿vale? Rocío, madre mía, yo no esperaba eso.

-Rocío: ¿Te has enterado hoy?

-Maje: Sí, esta mañana, pero, ¿sabes qué te digo? que yo soy feliz, te lo digo de verdad.

-Rocío: Te lo digo porque te has quedado, ahora ya sabes.

-Maje: ¡Clarooo! Yo ahora soy feliz y gracias a Dios que no se me ocurrió tener un nene, por mucho que me gusten los nenes, gracias a Dios (...) Yo ahora voy a ser feliz y voy a hacer la vida que quiero, no sé aún con quién, me da igual. Yo me lo estoy pasando muy bien, y ahora contigo puedo hacer los planes que me da la gana.

La investigación descartó pronto posibles aventuras amorosas de Antonio, un hombre con una vida ordenada, sin deudas ni enemigos, al que asestaron seis puñaladas en el garaje de su casa y no le robaron. El 2 de enero, la Policía grabó a Maje y a Salva en un bar de Torrente, justo después de que ella riera al teléfono pensando que le iban a «endosar» el crimen a alguien con antecedentes. «Pase lo que pase tú no vas a tener nada que ver», la tranquiliza él. Una semana después, los agentes de Homicidios detienen a ambos por la muerte de Antonio Navarro, con el que Maje no llevaba ni un año casada. Desde el 12 de enero la pareja está en prisión. Ella aún cobra 1.100 euros como pensión de viudedad.