Asiáticos pasaron 10.000 años en el puente de tierra de Bering antes de llegar a América

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Los antepasados de los nativos americanos abandonaron Asia hace unos 25.000 años y pasaron unos 10.000 en las tierras bajas de arbustos de un amplio puente de tierra que unía Siberia y Alaska, según antropólogos de las universidades estadounidenses de Utah y Colorado en Boulder y la británica de Londres. Los investigadores reconocen que no hay evidencias arqueológicas que defiendan su tesis, ya que habrían quedado hundidas bajo el Mar de Bering cuando los niveles del mar subieron, pero se basan en pruebas genéticas y paleoambientales, según explican este jueves en la revista Science.

Dennis O'Rourke, investigador de Utah, cree que los ancestros de los nativos americanos vivieron en el puente de tierra de Bering, también conocido como Beringia, unos 10.000 años desde hace aproximadamente 25.000 hasta que comenzaron a moverse al continente americano hace unos 15.000, cuando las capas de hielo glaciares se derritieron y se abrieron rutas de migración.

«Nadie discute que los antepasados de los pueblos nativos americanos vinieron de Asia a lo largo de la costa y el interior del puente de tierra», durante una edad de hielo llamada el «último máximo glacial», que se produjo hace al menos entre 28.000 y 18.000 años», dice Rourke.

Durante el largo período glacial, Siberia y Alaska quedaron unidas por el puente terrestre de Bering, en realidad una enorme franja de tierra al norte, entre y al sur de Siberia y Alaska, en los sitios actuales del mar de Chukchi , el estrecho de Bering y el mar de Bering, respectivamente. En su parte más larga, Beringia medía hasta 1.000 millas de norte a sur y hasta 3.000 millas desde Siberia al este del río Mackenzie, en Canadá.

Debido a la ausencia de los sitios arqueológicos y la naturaleza inhóspita del paisaje abierto y sin árboles, la tundra esteparia, «los arqueólogos no han dado mucho crédito a la idea de que había una población que vivió en el puente de tierra de Bering durante miles de años», añade el investigador.

Sin embargo, en los últimos años los paleoecólogos -los científicos que estudian los ambientes antiguos - han perforado núcleos de sedimentos desde el mar de Bering y los pantanos de Alaska. Esos sedimentos contienen fósiles de polen, plantas e insectos, lo que sugiere que el puente de tierra de Bering no era sólo una estepa estéril cubierta de hierba, sino que estaba salpicada por «refugios» donde había arbustos e incluso árboles como el abeto, el abedul o el sauce. En esas zonas también pudieron existir muchos pequeños animales, aves y alces.

Madera para el fuego

«Era una zona donde la gente podría haber tenido recursos y persistido durante el último máximo glacial en Beringia», dice O'Rourke. El hecho de que hubiera árboles «pudo haber sido crucial para que el pueblo pudiera subsistir, porque habrían tenido madera para la construcción y para el fuego. De lo contrario, habrían tenido que usar hueso, que es difícil de quemar».

La teoría de que los seres humanos habitaron el puente de tierra de Bering durante unos 10.000 años «ayuda a explicar cómo un genoma nativo americano (huella genética) se convirtió en independiente de su ancestro asiático», dice O'Rourke.

«En algún momento, el mapa genético que define las poblaciones nativas americanas tuvo que convertirse en distinta del de origen asiático», explica. «La única manera de hacerlo era que la población estuviera aislada. La mayoría de nosotros no cree que el aislamiento se realizara en Siberia, ya que no vemos un lugar donde una población podría estar lo suficientemente aislada. Siempre habría estado en contacto con otros grupos asiáticos en su periferia». Pero estos refugios de arbustos en el centro de Beringia podrían proporcionar un lugar donde se produjo el aislamiento.

Un estudio del ADN mitocondrial de los nativos americanos demuestra que su mapa genético surgió en algún momento antes de hace 25.000 años, pero no se extendió a través de las Américas hasta hace unos 15.000. «Este resultado indica que existía una importante población en algún lugar, aislada del resto de Asia, mientras que su genoma se fue diferenciando del asiático», señala O'Rourke.

El investigador cree que es posible que, aunque la mayoría de las pruebas arqueológicas de la larga presencia humana en Beringia estén bajo el mar, pueden conservarse algunas evidencias de presencia humana en la tundra de arbustos, en las partes bajas de Alaska y el este de Chukotka en Rusia.