El presidente del Gobierno sistiene que la retirada de Kosovo es intrascendente y confía en su foto con Obama
Zapatero, acosado por todos, se mofa de que España recuperara la soberanía de Perejil
Sin atisbo de autocrítica, inmune a las descalificaciones de todos los grupos parlamentarios menos el propio y confiado en demostrar en breve una privilegiada relación con Barack Obama, Zapatero sostuvo ayer ante el pleno del Congreso que el lío organizado por su Gobierno con la OTAN y los Estados Unidos con la retirada de las tropas españolas de Kosovo es intrascendente. «No habrá ninguna consecuencia», sentenció frente a la alarma en el sentido contrario de todos los partidos, desde el PP al grupo Mixto. incluidos los nacionalistas.
Primero en el debate celebrado para que Zapatero explicase la cumbre europea de la pasada semana y después en la sesión de control al Gobierno, Rajoy y los portavoces nacionalistas rivalizaron en la denuncia del conflicto diplomático y de la desconfianza hacia España que ha provocado Zapatero a la hora de gestionar la salida de los soldados españoles de la zona. La gestión de la retirada fue calificada de «precipitada», «chapucera», «efectista», «lamentable», «improvisada», «catastrófica», «patética», «precipitada» o de «enorme disparate».
El jefe del Gobierno se atrincheró a su estilo: se puso a hacer de oposición de la oposición y esta vez hasta de sus antiguos aliados nacionalistas catalanes, vascos y republicanos. Y la principal novedad en la réplica a las críticas de Rajoy fue pasar de la «guerra ilegal» de Irak al reproche por «la hazaña de Perejil», la recuperación del islote ocupado por los marroquíes en julio de 2002.
«Estatua de sal»
Según Zapatero, ambos episodios eran los principales exponentes de la, a su juicio, desastrosa política exterior de los Gobierno del Partido Popular que contrastan con «el buen hacer y la confianza generada hacia España» que se ha registrado desde que él mismo llegó al poder. Rajoy lo tuvo fácil para responder. Ante el empeño en esgrimir Irak, comentó que Zapatero se puede convertir en «estatua de sal» -«y así nos va»- de tanto mirar al pasado y sobre la apelación a Perejil le devolvió la pregunta: «¿Qué pasa si alguien invade nuestro territorio, cómo actuaría usted en ese caso?». Los diputados del PP interrumpieron con aplausos a su jefe. El presidente del Ejecutivo evitó responder de forma directa y prefirió añadir que aquel episodio fue «surrealista» y fruto de la política exterior de Aznar.
Como todos los portavoces incidían en su desconfianza hacia el presidente del Gobierno y en denunciar la desconfianza que había provocado entre los aliados con la retirada de Kosovo, Zapatero tuvo que esforzarse en el debate sobre la cumbre en defender su política exterior. De nuevo quedó patente su soledad parlamentaria.
Rajoy había abierto las compuertas de las críticas la referirse a la «medida efectista» presentada por una ministra -Chacón- obsesionada con salir en los telediarios. Recordó que el PP apoyaba y pedía esa retirada de Kosovo, pero no con unas formas «que no han podido ser más desastrosas». El presidente del PP insistió en el problema de la desconfianza y remachó al final del pleno con un «España no se merece esto, no está usted a la altura de las circunstancias» que sonaba a ofensiva total ante un presidente del Gobierno crispado, en hora bajas y del que huyen todas las fuerzas de la Cámara.
Zapatero se vio obligado a apelar a su victoria electoral de hace un año para argumentar que tiene la confianza de los españoles mientras que a Rajoy se la negaron las urnas por segunda vez. Y como muestra de su buen hacer en política exterior esgrimió las citas en el G-20 y los progresos de la «Alianza de Civilizaciones». En ese contexto se mostró muy confiado en certificar en los próximos días que está en condiciones de presumir de buenas relaciones con el presidente de los Estados Unidos, con quien aseguró que tiene gran sintonía en la visión y los principios.
No convenció a nadie salvo al portavoz del PSOE. Erkoreka (PNV) ironizó sobre la capacidad de Zapatero para «hacer amigos», Duran (CiU) habló de improvisación y «operación de imagen», Ridao (ERC) dijo que el Gobierno no tiene política exterior y Llamazares (IU) le reprochó que no consultara al Congreso.
Solana, nada sobre Kosovo
La ministra de Defensa tuvo que responder después de la intervención de Zapatero a una pregunta sobre la salida de Kosovo. La diputada del PP Beatriz Rodríguez-Salmones le afeó que se «parapetara» detrás de los soldados en su afán de justificar el despropósito y denunció «la incompetencia» demostrada por todo el Gobierno a la hora de explicar la decisión a los aliados. Chacón insistió en que el problema está resuelto y acusó al PP de intentar el desgaste del Gobierno a toda costa, incluso en contra de los intereses del Estado.
La ministra, que se entrevistó después del debate con el responsable de la política exterior de la UE, Javier Solana, en Madrid, viaja hoy a Bruselas para reunirse con el secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer. Siguen las explicaciones en las organizaciones afectadas por el anuncio de la retirada de Kosovo. Solana, según Defensa, agradeció la contribución española a la estabilidad de los Balcanes.
Chacón tendrá que volver al Congreso el día 7, en plena Semana Santa, para comparecer en la Comisión de Defensa a petición propia.

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